Ciencia y Tecnología
Las ballenas en el Atlántico sur afectadas por El Niño y el cambio climático
El aumento de la temperatura incrementa la probabilidad de mortandad de las hembras
El calentamiento de los océanos afecta la supervivencia de las ballenas en el Atlántico sur -franca austral- e impide la recuperación de sus poblaciones.
El estudio liderado por investigadores del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) y Ocean Alliance
Revelarn que el calentamiento de los océanos está teniendo un impacto significativo en la supervivencia de las ballenas.
Es la primera vez que se describe el efecto del cambio climático en la supervivencia de las hembras de ballenas -franca austral-. Se reproducen en la costa del Atlántico sudoccidental, desde Brasil hasta el sur de Argentina.
El estudio muestra que en los años posteriores al fenómeno de El Niño, cuando las aguas son más cálidas, la tasa de mortalidad de las ballenas francas australes es entre cuatro y cinco veces mayor en comparación con años neutros o con fenómenos de La Niña, caracterizados por aguas más frías.
Es importante destacar que se espera que El Niño ocurra nuevamente en los próximos meses. Esto llevaría a un aumento de las temperaturas a nivel global, sequías y precipitaciones en diferentes regiones del mundo. Esto tiene implicaciones directas en el calentamiento de los océanos y podría agravar la situación para las ballenas francas australes.
La población estimada de ballenas francas australes es de alrededor de 5,500 individuos. Pero las perspectivas de que este número aumente se ven comprometidas con el calentamiento global.
El estudio proyectó el crecimiento de la población hasta el año 2100
Consideró diferentes escenarios basados en predicciones mundiales sobre la frecuencia de los eventos de El Niño y los parámetros de fecundidad y reproducción. Los resultados indican que si no se considera el cambio climático y la población crece al ritmo actual del 7%, la población alcanzaría solo 30 individuos en 2070. Además, si se tiene en cuenta el impacto del calentamiento global en los últimos 50 años, la población no alcanzaría ese valor.
Estos hallazgos resaltan la urgencia de abordar el cambio climático y tomar medidas para mitigar sus efectos en los ecosistemas marinos y en las especies que dependen de ellos. Proteger y preservar las ballenas francas australes y sus hábitats se vuelve aún más crucial en un contexto de calentamiento de los océanos y eventos climáticos extremos.
El estudio también destaca que la proyección realizada es teórica y no tiene en cuenta otros factores de mortalidad, como la contaminación, la colisión con embarcaciones u otras amenazas. Si se considera que los eventos de El Niño van a ser más frecuentes e intensos, el crecimiento poblacional de las ballenas francas australes se desacelerará y la mortalidad será mayor debido al cambio climático.
En los años posteriores a los eventos de El Niño, se observó que un porcentaje de la población de ballenas no era avistada. Especialmente las hembras no regresaban a la Península Valdés. Esto indica que esas ballenas podrían haber muerto. Las hembras son vulnerables a la disminución de alimentos, ya que después de la gestación y la lactancia requieren grandes cantidades de alimento para recuperarse de la inversión energética realizada.
El estudio utilizó cinco décadas de información recopilada a través de la fotoidentificación de cada ballena en la Península Valdés
Para calcular la supervivencia, se analizó la historia de vida de 1,380 hembras de una base de datos de aproximadamente 4,100 ejemplares. La conservación de las ballenas francas australes es fundamental para mitigar el calentamiento global, según los expertos del Instituto de Conservación de Ballenas.
Las ballenas son consideradas «ingenieras» de los ecosistemas marinos. Ayudan a mantener la salud y la biodiversidad del océano. Su consumo de krill, un crustáceo presente en el Atlántico Sur, resulta en heces ricas en nutrientes, incluido el hierro, que fertilizan y promueven la vida en el océano. Además, las ballenas capturan grandes cantidades de carbono, actuando como «bosques» del océano, y desempeñan un papel crucial en la regulación del clima y la salud de los ecosistemas marinos.
“Son los bosques de los océanos, capturan en sus grandes biomasas tanto carbono como miles de árboles”, detalla Agrelo.
Monitoreo de las Ballenas
Desde 1971, y de manera ininterrumpida, el ICB y Ocean Alliance realizan un monitoreo anual de ballenas en las costas de Chubut, a través de relevamientos aéreos. La base de datos con las ballenas identificadas una por una es tan valiosa que permite saber cómo cambia la población a lo largo del tiempo y cómo le afectan los fenómenos climáticos. Estos mamíferos pueden reconocerse individualmente a través del patrón de callosidades en la cabeza, que es único igual que la huella dactilar de un ser humano.
En los comienzos, se sacaban fotos con rollos y la fotoidentificación se realizaba de forma manual a través de un catálogo físico. Actualmente las imágenes son digitales y la técnica se realiza con la ayuda de un software.
Los investigadores informan que:
“…Cumplimos 50 años de datos. Es un estudio pionero y el de más largo plazo de una especie de ballenas a nivel mundial…”
Es la primera vez que se analiza el efecto del cambio climático en la supervivencia de una especie de ballena
Conocer las ballenas que habitan la Península Valdés permite armar árboles genealógicos de hasta cinco generaciones.
“La posibilidad de sacarle una foto a una ballena y saber si la vimos o no, nos permite a lo largo de los años armar lo que se llama ‘históricos de captura’ de cada individuo”, explicaron.
Se configura un historial para ver qué años llegó a la península y cuáles no, cada cuánto va y si lo hace con un ballenato. “Si vemos un individuo con una cría y a los dos años lo vemos con otra cría, es una llamada de alerta”, dice la investigadora. Es un indicio de que hubo una falla en el éxito reproductivo ya que las ballenas francas tienen cría cada tres años después de un año de gestación, otro de lactancia y uno más de reposo y de recuperación.
Con la identificación también se conocen detalles de su ciclo de vida y de su biología: cada cuánto se reproduce o cuál es su edad.“Hay ballenas que se pueden identificar cuando son crías, por lo tanto conocemos su edad. Cuando retornan a Península Valdés con su propia cría podemos saber a qué edad se reproducen. Con estos datos pudimos estimar que la primera parición es a los nueve años en promedio”, explica la investigadora. También hay registros de madres más jóvenes.
No se sabe exactamente cuánto vive una ballena franca austral, aunque podría llegar a los 100 años. En 2022 se detectó a una ballena que se vio por primera vez hace medio siglo, cuando ingresó al catálogo. “Nos dimos cuenta que era la misma que identificamos en 1971. En el ‘73 estaba con cría y en el 2022, también”, apunta la científica. Es decir que la última vez tenía al menos 60 años y se seguía reproduciendo.
Adoptar una ballena o seguir su ruta
El ICB tiene un programa de adopción simbólica de ballenas para apoyar los estudios científicos. Cada una cuenta su historia de vida y algunas alertan sobre las amenazas en el océano. Otros ejemplares que también han sido “bautizados” con nombres de constelaciones o piedras preciosas (el resto son identificados con números y fechas) son a los que se sigue de manera satelital.
El monitoreo es impulsado por una decena de instituciones y organizaciones argentinas e internacionales y permite saber qué hacen estas ballenas, que miden unos 17 metros y pesan más de 50 toneladas, cuando dejan Península Valdés.
Para ello se les coloca un dispositivo, que transmite cada vez que salen a respirar. Meses después de que dejan la zona siguen haciéndolo: es posible saber dónde están y qué áreas utilizan. Se detectó incluso el recorrido de una ballena fotoidentificada (Antares Atrevida) en dos situaciones: en solitario y con su cría.
“Con varios años de proyecto satelital es posible ver cómo varían las áreas de alimentación que se van modificando de acuerdo a la disponibilidad de krill, que depende del cambio climático”, explica Agrelo. También permite conocer a dónde van y dónde se alimentan una vez que dejan la península, y de esta forma identificar las áreas prioritarias para su conservación.
Ciencia y Tecnología
Una científica argentina de 25 años creó un gel que podría ayudar al corazón después de un infarto
Pilar Ferrer, bióloga e investigadora del CONICET, desarrolló un hidrogel cardíaco inyectable a base de membrana amniótica. En pruebas con animales, el biomaterial logró reducir el daño y mejorar la función del corazón.
CIENCIA Y TECNOLOGIA- Un hidrogel cardíaco desarrollado por una joven científica argentina podría abrir una nueva puerta para la medicina regenerativa. Pilar Ferrer tiene 25 años y representa a una nueva generación de científicos argentinos que busca transformar la investigación de laboratorio en soluciones para problemas concretos de salud. La joven, licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Favaloro y becaria doctoral del CONICET, trabaja en un desarrollo que podría abrir una nueva línea de investigación para tratar el daño cardíaco provocado por un infarto.
Se trata de un hidrogel cardíaco inyectable, elaborado a partir de un derivado de la membrana amniótica. El objetivo es aplicarlo sobre la zona del corazón que sufrió una lesión y generar allí un entorno que favorezca la regeneración del tejido.
Los primeros resultados fueron obtenidos en modelos animales. Allí, el tratamiento consiguió reducir el daño cardíaco y mejorar el funcionamiento del órgano. El desarrollo todavía se encuentra en una etapa experimental y necesita superar distintas instancias antes de pensar en una eventual aplicación en pacientes.
Cómo funciona el hidrogel cardíaco
Después de un infarto, una parte del músculo del corazón puede quedar dañada de manera permanente. El organismo inicia un proceso de reparación, pero el tejido cardíaco adulto tiene una capacidad limitada para regenerarse.
Ese problema es uno de los grandes desafíos de la medicina cardiovascular.
La propuesta desarrollada por Ferrer busca actuar directamente sobre la zona afectada. El hidrogel cardíaco se administra en estado líquido mediante una inyección. Una vez que entra en contacto con el tejido, adquiere una consistencia similar a un gel y queda adherido a la superficie lesionada.
De esta manera, el biomaterial funciona como una especie de andamio biológico.
La idea es que ese andamio proteja el área dañada y, al mismo tiempo, genere condiciones favorables para los procesos naturales de reparación del organismo.
El objetivo no consiste simplemente en colocar un tejido artificial. La estrategia busca estimular el propio entorno cardíaco para favorecer la recuperación de las células que permanecen sanas.
La placenta, una pieza clave del desarrollo
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es el origen del material utilizado para fabricar el hidrogel.
El componente principal proviene de la membrana amniótica, una estructura que forma parte del entorno que protege al feto durante el embarazo y que, después del parto, suele descartarse.
La medicina regenerativa estudia desde hace años las propiedades de este tejido.
La membrana amniótica contiene componentes asociados con procesos de cicatrización, regulación de la inflamación y formación de nuevos vasos sanguíneos. Estas características la convierten en un material de interés para diferentes investigaciones biomédicas.
El equipo de Ferrer trabajó sobre ese tejido para obtener un material que pudiera utilizarse como biomaterial inyectable.
El desafío consiste en conservar sus propiedades beneficiosas y, al mismo tiempo, conseguir que el producto sea estable, biocompatible y capaz de permanecer en la zona donde se necesita.
Qué ocurrió en las pruebas con animales
Los resultados experimentales son uno de los puntos que generan mayor expectativa.
En las pruebas realizadas con animales, el hidrogel cardíaco permitió observar una reducción del daño provocado por el infarto y una mejora en determinados parámetros relacionados con el funcionamiento del corazón.
Estos resultados son importantes porque muestran que el biomaterial puede modificar el entorno de un corazón lesionado.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre demostrar resultados positivos en animales y desarrollar un tratamiento para seres humanos.
Antes de llegar a una eventual aplicación clínica, será necesario completar nuevas investigaciones. También deberán evaluarse cuestiones vinculadas con la seguridad, la respuesta del organismo y la eficacia del procedimiento.
Por eso, el desarrollo no debe interpretarse como una terapia disponible actualmente para personas que sufrieron un infarto.
Una alternativa a las terapias celulares
La investigación también se diferencia de otros enfoques de medicina regenerativa.
Algunas estrategias experimentales buscan reparar órganos mediante la incorporación de células cultivadas en laboratorio. Ese tipo de tratamientos puede presentar dificultades relacionadas con la obtención, preparación y conservación de las células.
El enfoque de Ferrer apunta hacia otra dirección.
En lugar de introducir necesariamente nuevas células, el hidrogel busca crear un microambiente favorable para que el propio organismo pueda desarrollar procesos reparadores.
Esta característica podría simplificar algunos aspectos de una futura terapia, aunque todavía se trata de una posibilidad que deberá comprobarse mediante nuevas etapas de investigación.
Quién es Pilar Ferrer
Ferrer se formó como licenciada en Ciencias Biológicas en la Universidad Favaloro y actualmente desarrolla su carrera científica como becaria doctoral.
Integra el Instituto de Medicina Traslacional, Trasplante y Bioingeniería (IMETTyB), una institución vinculada al CONICET y a la Universidad Favaloro.
Además, forma parte del Laboratorio de Medicina Regenerativa Cardiovascular, dirigido por las doctoras Daniela Olea y María del Rosario Bauzá.
Su trabajo combina investigación básica, medicina regenerativa y desarrollo tecnológico.
En paralelo, Ferrer se incorporó a Anova Biotech, una startup biotecnológica que busca llevar el conocimiento generado en el laboratorio hacia aplicaciones concretas.
Ese paso resulta clave para una investigación de estas características. Transformar un descubrimiento científico en una tecnología médica requiere mucho más que obtener resultados prometedores en un laboratorio.
Con solo 25 años, Pilar Ferrer, bióloga especializada en biotecnología, desarrolló un hidrogel inyectable capaz de reparar el tejido cardíaco luego de un infarto. ORGULLO 💪🏼🇦🇷#OtroDíaPerdido pic.twitter.com/hncP5K75Qj
— OTRO DÍA PERDIDO (@otrodiaperdidok) July 3, 2026
Del laboratorio a una posible terapia
Uno de los grandes desafíos de la ciencia es conseguir que una investigación pueda superar las paredes de un laboratorio.
En el caso del hidrogel cardíaco, todavía queda un largo camino por recorrer.
Los resultados en animales representan una etapa importante, pero no permiten anticipar por sí solos cuál será la respuesta en seres humanos. La investigación deberá avanzar con estudios que permitan determinar si el biomaterial mantiene sus beneficios y si puede utilizarse de manera segura.
También será necesario establecer cuál sería la mejor forma de administración, qué pacientes podrían beneficiarse y en qué momento después de un infarto debería aplicarse.
La investigación de Ferrer se encuentra, por lo tanto, en una etapa experimental.
Pero su importancia radica en que propone una nueva herramienta dentro de un campo que busca respuestas para uno de los principales problemas de salud cardiovascular.
Una joven científica argentina que apuesta por la medicina regenerativa
Con apenas 25 años, Pilar Ferrer ya participa de una investigación que combina biología, tecnología y medicina regenerativa.
El desarrollo del hidrogel cardíaco muestra, además, cómo materiales biológicos que durante mucho tiempo fueron considerados residuos pueden convertirse en recursos para la investigación científica.
La membrana amniótica, en este caso, pasó de ser un tejido descartable a convertirse en la materia prima de un biomaterial pensado para actuar sobre un corazón lesionado.
Todavía no hay una cura ni un tratamiento disponible para pacientes.
Hay, en cambio, una investigación con resultados iniciales alentadores y una pregunta que impulsa a la medicina regenerativa: ¿es posible ayudar al corazón a reparar parte del daño que deja un infarto?
El trabajo de Ferrer busca aportar una respuesta desde la ciencia argentina.
Y aunque todavía faltan varias etapas para saber hasta dónde puede llegar este desarrollo, el proyecto ya pone en primer plano el talento de jóvenes investigadores que trabajan para convertir ideas de laboratorio en futuras herramientas para la salud.
Ciencia y Tecnología
Una señal enviada desde el espacio logró atravesar un edificio y calcular una posición sin GPS
Una señal enviada desde el espacio logró atravesar un edificio y calcular una posición sin GPS.
¿Cuántas veces el GPS de tu celular te indicó que estabas en la calle cuando en realidad te encontrabas dentro de un shopping, un estacionamiento subterráneo o una estación de tren? La tecnología de navegación satelital es una de las más utilizadas del mundo, pero tiene un gran talón de Aquiles: los techos y las paredes.
Ahora, una empresa estadounidense podría estar más cerca de resolver ese problema. Xona Space Systems logró un hito tecnológico al recibir, desde el interior de un edificio, la señal de su satélite experimental Pulsar-0 y utilizarla para calcular una posición sin GPS convencional. El experimento abre la puerta a una nueva generación de sistemas de navegación capaces de funcionar allí donde hoy las aplicaciones de mapas simplemente se pierden.
Dato destacado: La señal de Pulsar-0 fue entre 10 y 15 decibelios más potente que la de los satélites GPS utilizados actualmente.
El avance no significa que el GPS vaya a desaparecer mañana, pero sí anticipa un futuro en el que la navegación satelital podría funcionar tanto en espacios abiertos como dentro de edificios.
¿Por qué el GPS deja de funcionar en interiores?
Aunque utilizamos el término GPS para referirnos a cualquier sistema de ubicación satelital, la mayoría de los smartphones actuales emplean varias constelaciones de navegación, entre ellas GPS, Galileo, GLONASS y BeiDou.
El problema es que estos satélites orbitan a unos 20.200 kilómetros de la Tierra. Cuando sus señales llegan hasta nosotros, lo hacen con una potencia extremadamente baja. Las paredes, los techos y las estructuras metálicas terminan debilitándolas aún más, provocando errores que pueden superar varias decenas de metros.
La propuesta de Xona Space Systems es simple pero ambiciosa: acercar los satélites a la Tierra.
Su futura constelación Pulsar estará formada por 258 satélites ubicados a aproximadamente 1.080 kilómetros de altitud, una distancia mucho menor que la del GPS tradicional. Al estar más cerca, sus señales son considerablemente más potentes y tienen mayores probabilidades de atravesar obstáculos físicos.
Pulsar-0 logró entrar en un edificio
El satélite experimental Pulsar-0 fue lanzado en junio de 2025 y continúa realizando pruebas en órbita. Durante un ensayo llevado a cabo en Montreal, los investigadores instalaron un receptor dentro de un edificio para comprobar si era capaz de captar la señal del satélite.
Los resultados sorprendieron incluso a los ingenieros. Mientras el receptor pudo adquirir la señal de Pulsar-0, una antena utilizada para detectar satélites GPS convencionales no logró captar ninguna señal útil.
«La señal espacial logró ingresar en un edificio donde el GPS tradicional no pudo ser detectado.»
No obstante, el experimento también mostró las limitaciones actuales del sistema. El primer cálculo de posición presentó un error horizontal de 38,7 metros y un margen tridimensional superior a los 100 metros.
En otras pruebas realizadas cerca de ventanas y escaleras, la precisión mejoró notablemente y el margen de error se redujo hasta valores comprendidos entre los 60 centímetros y los 3 metros.
¿Cómo puede un solo satélite calcular tu ubicación?
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es que no necesita varios satélites visibles al mismo tiempo para comenzar a calcular una posición.
Tradicionalmente, los sistemas GNSS requieren recibir señales simultáneas de varios satélites. Pulsar utiliza un método diferente: aprovecha el movimiento extremadamente rápido del satélite en órbita baja y analiza las variaciones de frecuencia provocadas por el efecto Doppler.
A medida que el satélite se acerca y se aleja del receptor, la frecuencia de la señal cambia. Mediante algoritmos avanzados, el sistema utiliza esas variaciones para estimar la ubicación del usuario.
Actualmente, esta tecnología resulta especialmente útil para:
- Sensores industriales.
- Contenedores logísticos.
- Equipos instalados dentro de almacenes.
- Sistemas de sincronización.
- Infraestructuras inteligentes.
- Dispositivos conectados.
Con dos o tres satélites visibles simultáneamente, la precisión podría mejorar hasta ofrecer errores inferiores a los cinco metros en condiciones favorables.
El futuro de la navegación podría estar bajo techo
Xona Space Systems ya abrió una planta de producción en California desde donde planea fabricar más de 250 satélites durante los próximos cinco años. El siguiente ejemplar será lanzado en octubre de 2026 y otros ocho satélites adicionales comenzarán a despegar antes de finalizar el año.
La compañía no pretende reemplazar inmediatamente al GPS, sino complementarlo. Durante sus primeras etapas, Pulsar ofrecerá cobertura intermitente y estará orientado principalmente a aplicaciones industriales y comerciales.
Sin embargo, las posibilidades a largo plazo son enormes. Vehículos autónomos, robots de logística, servicios de emergencia y teléfonos inteligentes podrían beneficiarse de un sistema capaz de mantener una ubicación precisa incluso dentro de grandes estructuras urbanas.
La prueba realizada en Montreal representa mucho más que un experimento tecnológico: demuestra que las señales espaciales pueden seguir siendo útiles cuando dejamos atrás el cielo abierto.
La navegación satelital del futuro podría no detenerse en la puerta de un edificio. La señal ya consiguió atravesar las paredes. El próximo gran desafío será convertir ese avance en una tecnología cotidiana que nos permita saber exactamente dónde estamos, incluso cuando el GPS actual se queda sin respuestas.
Ciencia y Tecnología
Alerta climática: un «Súper El Niño» ya está en marcha y podría cambiar el tiempo en Argentina durante los próximos meses
Los principales modelos climáticos internacionales coinciden en que el fenómeno Súper El Niño ya comenzó y podría convertirse en uno de los más intensos registrados. Especialistas advierten que el Litoral y el centro del país podrían enfrentar una primavera con lluvias muy superiores a lo normal.
CIENCIA Y TECNOLOGÍA- Después de meses de incertidumbre, los principales centros meteorológicos del mundo comenzaron a coincidir en un mismo diagnóstico: El Niño ya está en desarrollo y todo indica que evolucionará hacia un episodio excepcionalmente intenso.
Las últimas simulaciones realizadas por el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia, junto con datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), muestran un escenario que cada semana gana más fuerza: la formación de un Súper El Niño, con temperaturas del océano Pacífico que podrían alcanzar valores históricos entre octubre y diciembre.
Aunque todavía no fue clasificado oficialmente como un evento «muy fuerte», los especialistas sostienen que las señales observadas en el océano son consistentes con algunos de los episodios más importantes de las últimas décadas.
El Niño coming in hot! 🔥
Sea temps in the eastern & central Pacific keep climbing through 2026. We started the year in a weak La Niña, but the Niño 3.4 region has warmed steadily & Earth Sciences NZ officially declared El Niño at the start of July. pic.twitter.com/AMiK43eeaC— NIWA Weather (@NiwaWeather) July 21, 2026
¿Por qué preocupa tanto este Súper El Niño?
El fenómeno Súper El Niño se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan mucho más de lo habitual. Ese exceso de temperatura modifica la circulación atmosférica y termina alterando el régimen de lluvias y temperaturas en buena parte del planeta.
Lo que hoy enciende las alarmas es la magnitud del calentamiento.
Los modelos climáticos proyectan anomalías cercanas a los 3,1 °C para el último trimestre del año, una cifra que supera ampliamente los valores observados en un evento tradicional de El Niño.
Los registros semanales ya muestran temperaturas superiores a los 2 °C sobre el promedio histórico en sectores del Pacífico, una señal típica de los eventos más intensos.
El cambio climático podría potenciar sus efectos
Para muchos investigadores, el calentamiento global agrega un ingrediente extra que hace más impredecible el escenario.
Los océanos llegan cada año con temperaturas más elevadas debido al aumento sostenido de la temperatura del planeta. Eso facilita que El Niño alcance niveles más extremos con mayor rapidez.
En otras palabras, el fenómeno sigue siendo natural, pero ocurre sobre un planeta mucho más caliente que hace décadas.
Por ese motivo, varios especialistas consideran que 2026 podría ubicarse entre los años más cálidos registrados a nivel mundial, amplificando fenómenos extremos en distintas regiones.
¿Qué puede pasar en Argentina?
Para nuestro país, las proyecciones apuntan principalmente al comportamiento de las lluvias.
Las provincias del Litoral, la Mesopotamia y gran parte del centro argentino aparecen como las zonas con mayor probabilidad de registrar precipitaciones superiores a los valores normales durante la primavera y parte del verano.
Esto incluye provincias como:
- Santa Fe
- Entre Ríos
- Corrientes
- Misiones
- Córdoba
- Buenos Aires
- Parte de La Pampa
Los meteorólogos aclaran que un Súper El Niño no garantiza inundaciones, pero sí incrementa considerablemente las probabilidades de lluvias intensas, tormentas frecuentes y eventos meteorológicos de mayor magnitud.
Para sectores vinculados al agro, la situación será seguida muy de cerca luego de varios años marcados por la sequía.
El otro efecto que ya comenzó a observarse
Curiosamente, mientras Sudamérica podría recibir más lluvias, otras regiones experimentarían el efecto contrario.
Los especialistas ya detectan una temporada de huracanes en el Atlántico menos activa de lo habitual, un comportamiento compatible con la presencia de El Niño.
La mayor cizalladura del viento dificulta la formación de ciclones tropicales, aunque no elimina completamente el riesgo de tormentas intensas.
Los próximos meses serán decisivos
Los pronósticos climáticos mejoran notablemente una vez superado el invierno, por lo que las próximas actualizaciones permitirán conocer con mayor precisión la intensidad definitiva del fenómeno.
Sin embargo, el consenso científico es cada vez más amplio: El Niño ya comenzó y todo indica que tendrá una intensidad fuerte o muy fuerte.
Si las proyecciones actuales se mantienen, Argentina podría enfrentar una primavera con abundantes lluvias, mayor frecuencia de tormentas y un escenario climático muy diferente al de los últimos años, marcado por la sequía.
La evolución del Súper El Niño será seguida de cerca por meteorólogos, productores agropecuarios y organismos de emergencia, ya que su comportamiento podría influir de manera decisiva en el clima del país durante lo que resta de 2026 y el comienzo de 2027.
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