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Ciencia y Tecnología

Respirar menos para vivir mejor: la técnica Buteyko, el secreto que ayuda a calentarte en minutos

En regiones donde el frío es extremo, una técnica de respiración desarrollada en Rusia gana popularidad por su capacidad para conservar el calor corporal y mejorar la salud general

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Cuando las temperaturas descienden por debajo de los cero grados y los vientos cortan la piel como cuchillas invisibles, los cuerpos humanos enfrentan un desafío tan ancestral como cotidiano: mantenerse calientes. En estos escenarios, especialmente en regiones como Siberia, el norte de Canadá o ciertas zonas de Escandinavia, una técnica de respiración poco conocida pero cada vez más valorada entra en acción. Se trata del método Buteyko, una práctica desarrollada en la Unión Soviética durante la década del 50, que hoy vive un resurgimiento entre quienes enfrentan climas extremos.

La base de la técnica Buteyko es contraintuitiva: en lugar de respirar más, se respira menos. Esta forma de hipoventilación controlada busca reducir el volumen de aire inhalado con cada respiración, con el objetivo de mantener niveles óptimos de dióxido de carbono en sangre. A diferencia de lo que muchas personas creen, el CO₂ no es solo un residuo que el cuerpo expulsa: cumple un papel crucial en la liberación de oxígeno desde la sangre hacia los tejidos.

¿Cómo ayuda en el frío?

En climas muy fríos, el cuerpo prioriza la irrigación sanguínea hacia los órganos vitales, en detrimento de las extremidades, lo que genera manos y pies helados, incluso con guantes o botas. La técnica Buteyko propone una solución fisiológica: al reducir voluntariamente la respiración, el cuerpo entra en un leve estado de hipoxia (falta de oxígeno), lo que activa mecanismos de compensación, entre ellos una mayor vasodilatación periférica, es decir, una mejor circulación hacia las extremidades.

Esto no solo ayuda a mantener las manos y pies calientes, sino que también promueve una serie de beneficios sistémicos, como una menor frecuencia cardíaca, una mejor oxigenación celular y una mayor resistencia al estrés térmico.

Buteyko: cómo practicarla

La práctica básica de la técnica Buteyko consiste en lo siguiente:

  1. Sentarse en un lugar tranquilo y respirar normalmente durante unos minutos.

  2. Exhalar suavemente y luego contener la respiración, sin forzar, durante el mayor tiempo cómodo posible.

  3. Retomar la respiración de forma muy suave, con inhalaciones pequeñas por la nariz, casi imperceptibles.

  4. Repetir el ciclo varias veces, siempre prestando atención al cuerpo y sin generar incomodidad.

El objetivo es aumentar la tolerancia al dióxido de carbono y entrenar al cuerpo a funcionar eficientemente con menos oxígeno. Practicada con constancia, esta técnica no solo ayuda en climas fríos, sino que también es utilizada por personas con asma, ansiedad, hipertensión y hasta por atletas de alto rendimiento.

De Rusia al mundo

Fue el médico ucraniano Konstantin Buteyko quien desarrolló esta técnica mientras trataba pacientes con enfermedades respiratorias crónicas en la Unión Soviética. Su hipótesis era que la mayoría de los trastornos respiratorios se debían a la hiperventilación crónica, y su solución fue tan sencilla como revolucionaria: respirar menos para vivir mejor.

Hoy, más de 70 años después, su método ha cruzado fronteras y se utiliza tanto en consultorios como en entornos extremos. En países nórdicos, ciertos entrenadores de supervivencia y expertos en manejo del frío ya lo enseñan como parte de sus protocolos de aclimatación.

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Precauciones y recomendaciones

Aunque la técnica es generalmente segura, se recomienda aprenderla con la guía de un profesional, especialmente para personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares. Como toda práctica corporal, debe ser incorporada de manera progresiva y consciente.

En un mundo donde respirar hondo parece ser la solución a todo, el método Buteyko propone un enfoque distinto: menos es más, incluso cuando el frío parece calar hasta los huesos.

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El toroide y la energía que, según distintas corrientes espirituales, conecta todo el universo

La figura geométrica aparece en la naturaleza, en campos magnéticos y en diversas tradiciones espirituales. Su interpretación como modelo de conciencia y creación sigue despertando interés en todo el mundo.

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Salud y Bienestar– La llamada energía toroidal volvió a ganar protagonismo en comunidades vinculadas a la espiritualidad, la geometría sagrada y el desarrollo de la conciencia. Aunque el concepto tiene bases matemáticas y físicas vinculadas a la forma geométrica conocida como toroide, numerosas corrientes espirituales le atribuyen además un profundo significado relacionado con la creación, la conexión universal y el flujo permanente de la energía.

La figura del toroide, similar a una rosquilla o anillo tridimensional, puede observarse en distintos fenómenos naturales y modelos científicos. Sin embargo, para quienes estudian la geometría sagrada, esta forma va mucho más allá de una simple estructura geométrica y representa uno de los patrones fundamentales de la existencia.

Energía toroidal y su relación con el universo

La energía toroidal es definida como un flujo continuo que se expande desde un punto central hacia el exterior y luego regresa nuevamente a su origen. Este movimiento constante genera una dinámica de equilibrio que muchas tradiciones consideran presente en toda forma de vida.

Los defensores de esta visión sostienen que el mismo patrón puede encontrarse en galaxias, campos electromagnéticos, organismos vivos e incluso en el cuerpo humano. Según estas interpretaciones, la estructura toroidal simboliza el intercambio permanente entre el individuo y el entorno, entre lo interno y lo externo.

La idea también se vincula con conceptos como la unidad, la armonía y la interconexión de todos los seres.

Una figura presente en antiguas tradiciones

Aunque el término «toroide» pertenece al lenguaje moderno de la geometría y la física, diversas culturas antiguas describieron movimientos energéticos similares.

En el hinduismo, por ejemplo, la energía kundalini se representa como una fuerza ascendente que recorre el cuerpo en forma espiralada. Algunas corrientes contemporáneas encuentran similitudes entre ese movimiento y el flujo toroidal.

También existen interpretaciones que relacionan al toroide con prácticas chamánicas, tradiciones orientales y antiguos símbolos egipcios vinculados al renacimiento y la energía eterna.

Para muchos investigadores de la espiritualidad, estas coincidencias reflejan una comprensión ancestral de los ciclos naturales y de la relación entre la conciencia humana y el cosmos.

El papel del toroide en la geometría sagrada

Dentro de la geometría sagrada, el toroide ocupa un lugar destacado por representar un sistema autosustentable de circulación energética.

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A diferencia de otros símbolos más estáticos, esta figura muestra movimiento constante. Por esa razón, suele asociarse con procesos de transformación personal, expansión de conciencia y equilibrio interior.

Quienes practican disciplinas como la meditación, el yoga o distintas técnicas energéticas suelen utilizar visualizaciones basadas en el toroide para favorecer estados de concentración y bienestar.

La energía toroidal también es relacionada con conceptos de coherencia, sincronización y armonización de los campos energéticos personales.

Cómo se utiliza en prácticas espirituales

En los últimos años, numerosas personas incorporaron el concepto del toroide a sus rutinas de crecimiento personal.

Entre las prácticas más habituales se encuentran:

  • Visualizar una estructura toroidal rodeando el cuerpo durante la meditación.
  • Coordinar la respiración con el supuesto movimiento de expansión y contracción del toroide.
  • Utilizar figuras geométricas inspiradas en esta forma durante ejercicios de relajación.
  • Incorporar símbolos toroidales en espacios destinados al bienestar y la introspección.

Según quienes realizan estas prácticas, el objetivo es alcanzar una mayor sensación de equilibrio, claridad mental y conexión espiritual.

Entre la ciencia y la espiritualidad

Mientras la forma toroidal posee aplicaciones concretas en matemáticas, física y electromagnetismo, muchas de las interpretaciones espirituales asociadas a ella pertenecen al terreno de las creencias y experiencias personales.

Por ese motivo, especialistas señalan la importancia de diferenciar entre los fenómenos científicamente demostrados y las lecturas simbólicas o espirituales que distintas corrientes realizan sobre esta figura geométrica.

Más allá de los debates, el toroide continúa despertando curiosidad en personas interesadas en comprender la relación entre la naturaleza, la energía y la conciencia humana. Su imagen, presente en múltiples ámbitos del conocimiento, sigue siendo para muchos un símbolo de conexión, transformación y equilibrio universal.

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Raquel Chan, la científica argentina de la UNL, que desafía al cambio climático para combatir el hambre en el mundo

 La científica argentina Raquel Chan ganó el Premio L’Oréal-UNESCO 2026 tras desarrollar cultivos resistentes a sequías y estrés climático.

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 La científica argentina Raquel Chan ganó el Premio L’Oréal-UNESCO 2026 tras desarrollar cultivos resistentes a sequías y estrés climático. Cuando una sequía destruye una cosecha, no solo se pierde dinero. Se pierden alimentos, empleo, estabilidad social y futuro. En un planeta donde millones de personas todavía pasan hambre mientras el cambio climático golpea cada vez más fuerte, la pregunta dejó de ser cuánto produce el mundo y pasó a ser cuánto tiempo podrá seguir produciendo.

En ese escenario aparece el trabajo de Raquel Chan, la científica argentina que descubrió un gen capaz de ayudar a las plantas a sobrevivir bajo condiciones extremas de estrés ambiental. Su investigación no solo transformó la biotecnología agrícola mundial: también convirtió a la Argentina en referencia global en cultivos resistentes a sequías.

La investigadora del CONICET y profesora de la Universidad Nacional del Litoral acaba de recibir el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” 2026, uno de los reconocimientos más prestigiosos del planeta.

“Descubrimos un gen que permite a las plantas vivir bajo estrés ambiental”, explicó Chan al resumir décadas de investigación científica.

La distinción marca además un hecho histórico: es la primera vez que la biotecnología agrícola recibe este premio internacional.

El descubrimiento que puede cambiar el futuro alimentario

Durante más de 40 años, Raquel Chan estudió cómo responden las plantas a fenómenos extremos como sequías, inundaciones, calor intenso o suelos salinos.

La clave de su hallazgo fue el gen HaHB4, identificado originalmente en girasoles.

HaHB4HaHB4

Ese gen permite que cultivos como soja, trigo, maíz y arroz toleren períodos prolongados de falta de agua sin perder rendimiento productivo.

En términos simples: mientras muchas plantas mueren frente a condiciones climáticas adversas, aquellas modificadas con esta tecnología logran seguir creciendo.

El descubrimiento no quedó encerrado en un laboratorio. En alianza con la empresa Bioceres, la tecnología HB4 llegó al mercado y convirtió a la Argentina en pionera mundial al aprobar el primer trigo transgénico tolerante a sequía.

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La sequía provoca pérdidas de hasta el 50% de la producción agrícola mundial, según explicó Chan.

El impacto global de este avance resulta enorme en un contexto donde el cambio climático amenaza la seguridad alimentaria internacional.

La ciencia como herramienta contra el hambre

Para Chan, el problema del hambre no se explica únicamente por falta de producción.

“La producción global alcanzaría si existiera una distribución más equitativa”, sostuvo la investigadora, al remarcar que incluso países productores como Argentina conviven con altos niveles de pobreza e inseguridad alimentaria.

Su mirada rompe con una idea tradicional: producir más ya no alcanza. El desafío es producir mejor, con menos agua, menos impacto ambiental y sin expandir la frontera agrícola.

Allí aparece la importancia estratégica de la biotecnología.

Los desarrollos impulsados por Chan permiten aumentar el rendimiento agrícola utilizando los mismos territorios productivos y enfrentando fenómenos extremos que antes devastaban las cosechas.

Del exilio en Israel a liderar la ciencia argentina

La historia personal de Raquel Chan también explica parte de su resiliencia.

A los 16 años debió exiliarse en Israel, donde estudió bioquímica en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Más tarde regresó a la Argentina para realizar su doctorado en la Universidad Nacional de Rosario.

Su especialización en plantas terminó de consolidarse durante un posdoctorado en Francia, en el Institut de Biologie Moléculaire des Plantes.

Pero decidió volver.

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Y no solo volver: construir ciencia desde Santa Fe.

Desde el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, donde trabaja hace más de dos décadas, formó equipos de investigación, impulsó nuevas generaciones científicas y consolidó una escuela argentina de biología vegetal reconocida internacionalmente.

“La gente que hace ciencia no es brillante: es apasionada y trabaja muchísimo”, afirma Chan.

El desafío invisible de las mujeres científicas

Aunque Argentina posee uno de los índices más altos de participación femenina en investigación científica de la región —53,6%— Chan reconoce que las desigualdades persisten.

No necesariamente en los concursos o evaluaciones académicas, sino en el reparto de responsabilidades familiares.

“La exigencia invisible sigue siendo cómo compatibilizar maternidad y carrera científica”, explicó.

Su experiencia refleja un fenómeno global: las mujeres continúan subrepresentadas en los máximos reconocimientos científicos internacionales.

Menos del 4% de los Premios Nobel científicos fueron otorgados a mujeres.

El premio de L’Oréal-UNESCO For Women in Science busca justamente reducir esa brecha y dar visibilidad a investigaciones lideradas por mujeres en distintas partes del mundo.

Una científica que piensa en el futuro del planeta

Más allá del reconocimiento internacional, el trabajo de Raquel Chan plantea una discusión urgente sobre el futuro de la humanidad.

¿Cómo producir alimentos en un planeta cada vez más caliente?

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¿Cómo evitar que las sequías destruyan regiones enteras?

¿Cómo alimentar a millones de personas sin avanzar sobre ecosistemas naturales?

La respuesta de Chan no aparece en discursos grandilocuentes, sino en décadas de laboratorio, investigación aplicada y cooperación entre ciencia pública y sector privado.

Su carrera demuestra además que la innovación científica no necesita emigrar para transformar el mundo.

Desde Santa Fe, una investigadora argentina logró desarrollar tecnología capaz de modificar la agricultura global.

Y en tiempos donde el cambio climático amenaza con redefinir la seguridad alimentaria mundial, su descubrimiento deja de ser solo un avance científico para convertirse en una herramienta estratégica para el futuro.

Las cinco científicas más destacadas del mundo en 2026

Junto a Raquel Chan, el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO reconoció a otras cuatro investigadoras de excelencia mundial:

  • Sarah A. Teichmann (Europa)
  • Gordana Vunjak-Novakovic (Norteamérica)
  • Liesl Zühlke (África y Estados Árabes)
  • Felice Jacka (Asia y Pacífico)

Cada una trabaja sobre desafíos decisivos para el futuro global: salud mental, bioingeniería, enfermedades cardíacas y biología celular.

El próximo desafío: transformar conocimiento en política pública

El reconocimiento internacional posiciona a la Argentina en el centro de la discusión científica global sobre producción de alimentos y cambio climático.

Pero Chan insiste en que el verdadero desafío no termina en el laboratorio.

La ciencia puede desarrollar herramientas revolucionarias, pero sin políticas públicas, inversión sostenida y estrategias de distribución alimentaria, el hambre seguirá existiendo.

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Su mensaje final funciona casi como una advertencia y una invitación:

“No hay que ser especial para hacer ciencia. Hay que apasionarse, trabajar y no rendirse”.

Porque en un siglo atravesado por crisis climáticas y alimentarias, el conocimiento puede ser tan importante como el agua.

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Ciencia y Tecnología

El desarrollo científico que repara el hormigón y marca un hito en la UTN Santa Fe

Bacterias “albañiles”

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Bacterias “albañiles”: La Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional protagoniza un hecho histórico para la ciencia y la innovación regional. Por primera vez, la institución santafesina dará el salto del laboratorio al mercado global con la creación de Calfix, su primera Empresa de Base Biotecnológica (EBB), impulsada por una revolucionaria tecnología capaz de reparar grietas en el hormigón mediante bacterias.

El desarrollo, liderado por la investigadora Anabela Guilarducci junto a la científica Gabriela Paraje, en un trabajo articulado entre la UTN Santa Fe, la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet.

Cómo funcionan las bacterias “albañiles”

El núcleo de la innovación está en bacterias no patógenas capaces de sobrevivir en el ambiente extremadamente alcalino del cemento. Una vez activadas dentro de las fisuras, generan carbonato de calcio, un compuesto que rellena naturalmente las grietas y repara el material sin contaminar.

El avance apunta a resolver uno de los principales problemas de la construcción: las fisuras en el hormigón, responsables de cerca del 60% de las fallas estructurales en obras civiles.

Las bacterias desarrolladas pueden sellar grietas de hasta cuatro milímetros en menos de una semana, lo que representa una alternativa ecológica y de alta eficiencia frente a los métodos tradicionales de reparación.

Un proyecto santafesino con proyección internacional

El emprendimiento Calfix se seleccionó entre cientos de proyectos latinoamericanos por GridX, uno de los principales company builders biotecnológicos de la región. La firma decidió invertir capital inicial y vincular el proyecto con una red global de inversores tras un riguroso proceso de evaluación científica y comercial.

Este respaldo permitirá que la investigación deje la escala de laboratorio y avance hacia una etapa piloto de producción, acelerando el camino hacia su futura comercialización en la industria de la construcción.

El próximo paso: dos productos en desarrollo

Actualmente, Calfix trabaja sobre dos líneas de aplicación:

  • Un sellador para reparar grietas ya existentes.
  • Un aditivo biológico que se incorpora directamente en la mezcla original del hormigón.

La patente será compartida entre la UTN, el Conicet y la UNC, consolidando un modelo de articulación entre ciencia pública, universidades y sector privado.

Con este avance, la ciudad de Santa Fe se posiciona como un polo emergente de innovación biotecnológica aplicada a la construcción, en un proyecto que combina sustentabilidad, ciencia y desarrollo productivo.

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