Cine y Series
Destino Final: la película de terror que traumatizó a los millennials llega a su fin
“En la muerte no hay accidentes, ni coincidencias, ni errores, ni escapatoria.”
Hace veinticinco años, la primera entrega de Destino Final aterrorizó al convertir situaciones cotidianas en trampas mortales. Ahora, tras 14 años de pausa, Final Destination: Bloodlines ajusta la fórmula.
“En la muerte no hay accidentes, ni coincidencias, ni errores, ni escapatoria.”
Esas son las inquietantes palabras del omnisciente funerario William Bludworth (interpretado por Tony Todd) en la primera Destino Final (2000), una película de terror sin asesino enmascarado, vampiro chupasangre ni zombis devoradores de cerebros, solo la presencia constante de la muerte y una cruel realidad: no importa cuánto corramos o cuánto nos escondamos, la muerte nos alcanzará.
En la película original, la muerte no fue precisamente pacífica para un grupo de adolescentes y su profesora, quienes evitaron morir al bajarse de un avión, el fatídico vuelo 180, justo antes de que explotara, gracias a la premonición de uno de ellos. Pero pronto descubren que la Parca quiere ajustar cuentas por haber alterado su “diseño”.
Durante 90 minutos, el público asistió, conteniendo el aliento, a cómo ese antagonista invisible orquestaba muertes complejas y estremecedoras usando objetos cotidianos como un tendedero o un cuchillo de cocina. “Tenía unos 15 años, fui con mis amigas al cine y nos agarrábamos unas a otras”, cuenta la cineasta millennial Diana Ali Chire a la BBC. “Lo del avión fue brillante, porque desde entonces, cada vez que subo a uno, pienso en Final Destination.”
Creada por el guionista Jeffrey Reddick, Destino Final siguió la estela del cine de terror adolescente de los 90 como Scream (1996) o Sé lo que hicieron el verano pasado (1997), y fue un éxito en taquilla, traumatizando a toda una generación de espectadores. “Crecimos con películas slasher de los 90, con jóvenes estrellas del momento, equilibrando sustos con entretenimiento. Destino Final encajaba perfectamente en esa ola”, comenta Mike Muncer, conductor del podcast Evolution of Horror. “Recuerdo ver los afiches y pensar: ‘Esto es totalmente lo mío’.” Pero con su trama macabra y nihilista, también cambió las reglas del juego. “Ya no había un asesino con máscara ni un motivo. Solo era ver a la gente morir, golpeados por lo inesperado.”
La película generó cuatro secuelas, cada una aumentando la espectacularidad de las muertes, antes de tomarse un descanso de 14 años. Pero ahora regresa con una sexta entrega: Final Destination: Bloodlines, que conecta todas las películas anteriores. “Queríamos que formara claramente parte del canon de la franquicia, pero también que se sintiera fresca e impredecible”, dicen sus codirectores Zach Lipovsky y Adam Stein.
De la idea a la pantalla
La franquicia nació cuando Reddick, de 27 años, leyó un artículo durante un vuelo de Nueva York a Kentucky sobre una mujer que evitó una tragedia aérea al cambiar de vuelo por una corazonada de su madre. Eso lo inspiró a escribir un guion para The X-Files, donde “el hermano de Scully tenía una premonición”, explica. “¿Y si burlaban a la muerte y esta iba tras ellos?”
Reddick trabajaba en New Line Cinema y sus compañeros, impresionados por la originalidad del concepto, lo animaron a convertirlo en un largometraje. “Hay un aire a La profecía en Destino Final, pero creo que es bastante única”, dice Muncer.
El guion sufrió varios cambios. Originalmente, la muerte poseía a un detective que investigaba el accidente. Pero el productor Craig Perry quería centrarse en “la intersección entre las coincidencias y los ‘qué hubiera pasado si’”. “Todos hemos sentido un déjà vu o esa sensación de que algo malo está por ocurrir.”
Para equilibrar el fatalismo, los guionistas de The X-Files James Wong y Glen Morgan aportaron ingenio: la muerte se convertía en una entidad juguetona que creaba intrincados accidentes, inspirados en las máquinas en cadena del caricaturista Rube Goldberg. “Hacer que cada objeto colisione de forma plausible es difícil”, reconoce Perry.
En un principio, el estudio quería un antagonista visible, incluso un “ángel de la muerte” físico que atormentara al protagonista Alex (Devon Sawa). Pero Wong y Morgan insistieron en mantener a la muerte como una fuerza abstracta, manifestada con elementos naturales como viento o agua. “Queríamos ceñirnos a los elementos naturales: agua, electricidad, gravedad, cosas que la muerte pudiera manipular.”
En Bloodlines, esta personificación evoluciona: la muerte se representa en pantalla usando el formato IMAX. “Cada escena en que aparece, se expande a IMAX para que la sientas acercarse”, explica Adam Stein.
Un legado letal
Convertir lo mundano en mortal fue clave para el “factor trauma” de Final Destination. Pero lograr que todo resultara creíble no fue fácil. “Tienes que pensar cómo se van a chocar las cosas para que parezca natural”, dice Perry.
Lo que impulsa esas escenas es la ironía dramática: el público sabe que algo terrible va a pasar, pero no cómo. “Así que mirás una lata de atún y después de unos segundos ya no es solo una lata, es un instrumento de muerte.”
El cambio de personajes adultos a adolescentes fue clave, pues el terror adolescente estaba de moda y actores conocidos como Sawa, Ali Larter (Varsity Blues), Kerr Smith (Dawson’s Creek) y Seann William Scott (American Pie) atraían al público joven. “Vi a Devon Sawa en Idle Hands y cuando supe que estaba en Final Destination, quise verla”, recuerda Chire.
Y para los fans del terror, tener a Tony Todd (el Candyman de 1992) como el personaje que explica todo, le daba prestigio. “Le daba peso al terror”, dice Muncer.
La película recaudó más de 112 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de 23 millones. “La mayoría de películas de terror caen un 50% en taquilla tras el estreno, y nosotros veíamos cómo Final Destination subía”, recuerda Reddick. Enseguida comenzó a trabajar en la secuela, cuyo giro era que los nuevos personajes se habían salvado indirectamente porque los del primer filme bajaron del vuelo 180: “como una telaraña que muestra que todas nuestras vidas están conectadas”.
Las claves de la franquicia
Cada película de Final Destination está conectada de alguna forma. Desde un personaje que se salva porque otro tomó su lugar en el cine, hasta la revelación de que Final Destination 5 era una precuela y sus protagonistas mueren en el vuelo 180.
Final Destination 2 dejó una imagen imborrable con el choque múltiple en la autopista provocado por un camión con troncos. “Todavía me mandan memes de eso”, dice Reddick.
El patrón siempre incluye un momento donde el personaje activa involuntariamente una cadena de eventos, y otro donde el azar interviene. “Siempre hay una acción del personaje y una pizca de pura mala suerte”, dice Perry.
También hay mucha distracción deliberada. Por ejemplo, en FD2, Evan Lewis parece morir al resbalar con espaguetis, pero no es así: el momento viene después. “Esa escena fue nuestra guía”, cuenta Lipovsky.
Aunque sabemos que los personajes van a morir, los directores buscan constantemente subvertir esas expectativas. “Queremos que el público diga: ‘No sé quién es el siguiente’.”
Pero siempre deben tener una oportunidad. En Bloodlines, una estudiante intenta romper el ciclo de la muerte iniciado por la premonición de su abuela en los años 60. “¿Cómo darles a los personajes agencia sin quitar el peso del destino?”, se pregunta Perry.
En la quinta entrega, se introduce la idea de matar a otro para heredar su tiempo de vida. “Plantea una cuestión moral: ¿lo harías para sobrevivir?”, añade.
La franquicia no se ata a ninguna religión, y eso la hace aún más universal. “No quería relacionar la muerte con ninguna fe o cultura específica”, explica Reddick. “No damos sermones, pero queremos que el público se quede con una idea: la vida es preciosa.”
Este mensaje se refuerza en Bloodlines, con la última aparición en pantalla de Tony Todd, quien falleció en noviembre de 2024. Su monólogo final fue improvisado. “Le dijimos que hablara desde el corazón, y dijo: ‘Valora, acepta y ama cada momento, porque nunca sabes cuándo terminará’”, recuerda Lipovsky. “Funciona para el personaje, para la saga, y también como legado personal.”
Un futuro inevitable
El impacto cultural de Final Destination sigue vigente, incluso en filmes recientes como The Monkey, con muertes igual de elaboradas. Y dado que hay infinitas formas de morir, las posibilidades de secuelas también lo son.
Si Bloodlines tiene éxito, podríamos ver historias en otros contextos históricos: “Hemos hablado de barcos pirata y hasta de un Game of Thrones versión Destino Final», dicen Stein y Perry.
Pero sin importar dónde o cuándo ocurran las historias, una cosa es segura: la muerte es la gran igualadora. Así que estate atento y busca las señales.
“Si estoy manejando y veo un camión con troncos delante de mí”, dice Chire. “Cambio de carril.”
Final Destination: Bloodlines se estrena en cines del Reino Unido el 14 de mayo y en Estados Unidos el 16 de mayo.
Death is a relentless son of a *****. Final Destination Bloodlines – Only in Theaters and @IMAX May 16. #FinalDestination #FilmedforIMAX pic.twitter.com/I2RPyinzBf
— Final Destination Bloodlines (@FDMovie) March 25, 2025
Cine y Series
La perlita en la bañera de Bridgerton 4: pasión, urticaria y una verdad detrás de cámara
Que pasara con los hermanos Bridgerton, una de las familias mas importantes y poderosas de Londres?
Cine y Series* Bridgerton – Hay escenas que quedan grabadas por la química. Otras, por la polémica. Y después están las que esconden una perlita en la bañera que nadie imaginaba.
La cuarta temporada de Bridgerton volvió a poner el foco en el romance ardiente, esta vez con la historia de Benedict y Sophie. Pero lo que parecía una escena perfecta —cuerpos desnudos, vapor, tensión contenida y una bañera convertida en símbolo literario— terminó dejando una consecuencia inesperada para su protagonista.
La actriz Yerin Ha reveló que tras rodar una de las secuencias más íntimas desarrolló una dolorosa afección cutánea. Y ahí apareció la verdadera perlita en la bañera.
Cuando la ficción deja marcas reales
Ha, de 28 años, interpreta a Sophie en la temporada basada en la novela Te doy mi corazón de Julia Quinn. La escena en cuestión recrea uno de los momentos más esperados por los lectores: el baño compartido después de un episodio traumático en la historia.
Pero el detrás de escena fue menos romántico.
Según contó la actriz en una entrevista radial, utilizó talco para bebés en todo el cuerpo para poder colocarse cinta y ropa íntima durante el rodaje. El problema fue la combinación con el agua de la bañera, que contenía aceites para generar ese efecto lechoso y visualmente atractivo en cámara.
El resultado: urticaria generalizada y foliculitis.
“Al día siguiente me salió urticaria por todo el cuerpo y tuve foliculitis. Necesité crema con esteroides”, confesó Ha.
La foliculitis es una inflamación de los folículos pilosos que puede generar dolor, picazón intensa y lesiones visibles. En otras palabras: la pasión televisiva tuvo costo físico.
Esa es la verdadera perlita en la bañera que no se vio en pantalla.
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Dos focas resbaladizas y una escena icónica
Su coprotagonista, Luke Thompson, que interpreta a Benedict Bridgerton, también aportó su mirada con una descripción tan gráfica como simpática.
“Éramos como dos focas, porque seguían vertiendo esa sustancia para que el agua se volviera lechosa. Creo que tenía aceite”, contó entre risas.
El comentario revela algo que muchas veces el público ignora: las escenas íntimas en grandes producciones son extremadamente técnicas. Iluminación específica, productos químicos en el agua, repeticiones constantes y una coordinación minuciosa para cuidar encuadres y coreografías.
Lo que en pantalla dura segundos puede implicar horas dentro de una bañera artificial bajo luces calientes.
Y ahí es donde la perlita en la bañera toma otra dimensión: no es solo anécdota, es una muestra del desgaste físico detrás del glamour.
Más que erotismo: clase, poder y vulnerabilidad
La escena no es casual. En el libro original, el momento en la bañera ocurre después de que Sophie sale de prisión, acusada injustamente por su madrastra. Benedict la ayuda a limpiarse tras condiciones deplorables.
No es solo erotismo. Es vulnerabilidad. Es reparación.
La showrunner de la temporada explicó que esta entrega es una de las más fieles al material literario, aunque con licencias creativas. La diferencia de clases entre un noble y una criada es el gran conflicto estructural de la historia.
Y ahí la bañera funciona como metáfora: desnudos, sin títulos, sin jerarquías.
La perlita en la bañera entonces no es únicamente el incidente dermatológico. Es también el símbolo de una escena que mezcla pasión, desigualdad social y redención.
El fenómeno Netflix y la estrategia dividida
Como ya ocurrió con temporadas anteriores de Bridgerton, Netflix estrenó la cuarta entrega en dos partes, potenciando conversación y expectativa.
La estrategia funciona: cada escena íntima se convierte en tendencia, cada detalle detrás de cámara genera titulares.
Y esta revelación de Ha no solo humaniza la producción, también aporta transparencia en una industria que durante años romantizó el sacrificio físico sin hablar de sus consecuencias.
Conclusión: la escena que deja algo más que vapor
La próxima vez que veas esa secuencia cargada de tensión, recordá esto: detrás del humo, el agua y la música envolvente hubo una actriz lidiando con urticaria y crema con esteroides.
La perlita en la bañera es una historia sobre profesionalismo, vulnerabilidad y el costo invisible del entretenimiento.
Porque a veces, el verdadero drama no está en el guion.
Está fuera de cámara.
Cine y Series
‘Sin Conexión’: el tercer largometraje de Bradley Cooper
«Sin Conexión» el largometraje de Bradley Cooper. Hay un momento —silencioso, incómodo, devastador— en el que una pareja descubre que ya no se reconoce. Ese instante es el verdadero corazón de Sin Conexión, el tercer largometraje como director de Bradley Cooper, una película que no habla del divorcio como un final, sino como una peligrosa y necesaria puerta hacia una segunda vida.
Justo a tiempo para las fechas más familiares del calendario, Cooper vuelve a elegir un relato profundamente íntimo, inspirado en hechos reales, para interpelar a un público adulto que rara vez se ve reflejado con honestidad en la gran pantalla. “No es una historia sobre separarse, sino sobre animarse a empezar de nuevo cuando ya no se supone que lo hagas”.
La película se estrena en cines de España el 20 de febrero, y promete convertirse en uno de los dramas más comentados de la temporada.
El nuevo paso de Bradley Cooper como cineasta
Después del éxito de Ha nacido una estrella y de la más reciente Maestro, Cooper consolida una línea autoral muy clara: personajes en crisis, procesos creativos como refugio emocional y una puesta en escena sobria que privilegia el conflicto interno.
En Sin Conexión, el director vuelve a explorar una biografía real, aunque con un enfoque más sutil y cotidiano. Aquí no hay grandes escenarios ni fama instantánea. Hay bares pequeños, micrófonos abiertos, inseguridad, silencios incómodos y una vida que debe reconstruirse desde cero.
Este giro confirma que Cooper no busca convertirse en un director de grandes producciones, sino en un narrador de historias humanas, donde la fragilidad es el verdadero motor dramático.
Un reparto que sostiene el peso emocional
El protagonismo recae en Will Arnett, quien interpreta a Alex, un hombre que supera los 50 años y ve cómo su matrimonio se desmorona. A su lado, Laura Dern da vida a Tess, su esposa, en un retrato alejado de estereotipos y lleno de matices emocionales.
Completan el reparto:
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Ciarán Hinds
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Amy Sedaris
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Andra Day
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y el propio Bradley Cooper
La química entre Arnett y Dern sostiene la película incluso en sus momentos más incómodos, especialmente cuando el relato se atreve a mostrar no solo el dolor del quiebre, sino también la responsabilidad compartida.
Sinopsis: cuando el humor aparece después del derrumbe
Alex y Tess son una pareja que ha atravesado décadas de vida en común. Hijos, rutina, silencios prolongados y una convivencia que se vuelve inercia. La película comienza cuando ambos aceptan que el matrimonio ha llegado a su fin.
Pero la historia no se detiene ahí.
Alex decide reinventarse por completo y probar suerte en el mundo de la comedia stand-up en Nueva York, un terreno hostil, competitivo y profundamente expuesto. Subirse a un escenario para hacer reír se convierte, paradójicamente, en su única forma de procesar el duelo, la culpa y el miedo al futuro. “Subirse a un escenario puede ser más aterrador que firmar un divorcio”.
La historia real que inspira la película
Un caso de vida convertido en guion
El film se inspira en la vida de John Bishop, quien, tras su divorcio y la crianza de sus tres hijos, dio un giro radical a su trayectoria profesional y encontró en la comedia un nuevo rumbo vital.
Su primer paso fue un micrófono abierto en Manchester, donde comenzó a transformar sus propias experiencias personales —incluido el fracaso de su matrimonio— en material humorístico.
El caso de Bishop funciona como un estudio de resiliencia adulta: no se trata de descubrir quién eres a los 20, sino de reconstruirte cuando creías que ya no había margen para cambiar.
Un biopic distinto: menos épica, más verdad
A diferencia de otros biopics recientes, Sin Conexión evita la estructura clásica de ascenso meteórico. No hay grandes triunfos inmediatos ni escenas de éxito prefabricado.
Lo que la película propone es otra cosa:
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Fracasos repetidos en pequeños escenarios
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Bromas que no funcionan
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Públicos indiferentes
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Y la lenta construcción de una nueva identidad personal
Este enfoque conecta directamente con una audiencia que rara vez se ve representada: personas que atraviesan separaciones, reconfiguran su rol familiar y deben redefinir su proyecto de vida pasada la mitad del camino.
Cine y Series
Robert Pattinson contó un incómodo episodio en terapia y habló de su “imagen misteriosa” junto a Zendaya<
El actor recordó que su psicólogo llegó a preguntarle si estaba bajo los efectos de drogas y, en una charla con Zendaya para Interview Magazine, reflexionó sobre la fama, los malentendidos y su nueva película The Drama.
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