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Ciencia y Tecnología

La ballena más solitaria del mundo: un canto de 52 Hz que nadie oye

Las premisas son que podría ser el último miembro de una familia extinta, un híbrido entre dos especies o incluso un animal sordo

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Ciencia y Tecnología– En las profundidades del Océano Pacífico Norte, un enigmático canto resuena en una frecuencia única, 52 Hz (Hertz), muy por encima del rango vocal de cualquier otra ballena conocida. Desde su descubrimiento en 1992, esta solitaria criatura cautivo a científicos y amantes de la naturaleza por igual, convirtiéndose en un símbolo de la soledad y la búsqueda de conexión.

“Ballena de 52 Hz”

Conocida como la “ballena de 52 Hz”, este cetáceo fue objeto de numerosos estudios que revelaron una historia conmovedora. A diferencia de sus congéneres, que utilizan frecuencias más bajas para comunicarse y formar grupos sociales, esta ballena emite un canto agudo y aislado que no encuentra eco en el vasto océano.

Los científicos especulado sobre las posibles causas de esta singularidad vocal. Algunos sugieren que podría tratarse de una mutación genética, una lesión o incluso una especie aún no clasificada. Sin embargo, la razón exacta de su canto único sigue siendo un misterio.

La soledad de esta ballena resonó profundamente en la conciencia pública. Su historia ha sido comparada con la experiencia humana de sentirse aislado y diferente. Muchos han visto en ella un reflejo de sus propias luchas y han expresado su empatía por esta criatura marina.

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

La Soledad

La soledad es, probablemente, uno de los miedos más antiguos del ser humano. Siempre ha estado ahí, y desde nuestros orígenes luchamos contra ella moviéndonos en grupos o cuadrillas y velando por los demás, hasta que nos marchamos. Quizá la muerte, el otro temor más arcaico, también tiene algo que ver con ese miedo a la soledad, pues el mismo Bécquer trataba de poner palabras a ese desamparo con la famosa frase, «qué solos se quedan los muertos«.

En el reino animal las cosas no son muy diferentes. Por cuestiones puramente prácticas, aunque también por lazos de unión, desde los lobos a los leones prefieren moverse en compañía por el mundo, y la leyenda habla de los míticos cementerios de elefantes que los paquidermos buscan para descansar cuando les llega la hora.

Hay un animal en el mundo que, sin embargo, tiene el título de ser el más solitario debido a su triste historia. Es la ballena de 52 hercios, también conocida como ‘la ballena solitaria’ o ‘whalien 52’. Fue descubierta en 1989, y desde entonces se la ha podido detectar en distintas ubicaciones del globo. Y es que en la década de los 60 del pasado siglo, dos biólogos estadounidenses descubrieron que las ballenas jorobadas macho producen algo así como cantos repetitivos para poder comunicarse con otros miembros de su especie.

No tiene un patrón parecido al de las otras ballenas, sino que sus cantos son mucho más altos, cortos y frecuentes

Desde entonces, los expertos han continuado estudiando el lenguaje de estos mamíferos, por lo que en la actualidad se sabe que los sonidos que emiten se encuentran en un rango de frecuencias que oscilan entre 15 y 25 hercios. ¿El problema? La ballena de 52 hercios, como indica su nombre, canta a una frecuencia inusual, mucho mayor en comparación a otras especies.

No tiene un patrón parecido al de las ballenas azules (entre 10 y 39 hercios) ni al de las de aleta (unos 20 hercios) sino que sus cantos son mucho más altos, cortos y frecuentes. A día de hoy no se conoce con precisión el mecanismo fisiológico de dichos cantos, pues, por ejemplo, las ballenas barbadas tienen laringe pero no cuerdas vocales, y tampoco necesitan espirar el aire para emitir estos curiosos sonidos.

Aún no se ha hallado a la ballena de 52 hercios. Desde 1992, los investigadores de la Institución Oceanográfica de Woods Hole trataron de registrar su canto, así como sus movimientos migratorios por el Pacífico norte. Lo hicieron durante 12 años con la ayuda del Sound Surveillance System (SOSUS), un sistema de vigilancia creado por la marina estadounidense durante la Guerra Fría para detectar submarinos rusos. Con la caída del telón de acero, sin embargo, el SOSUS fue desclasificado por el gobierno.

Se trata de un macho, porque son ellos quienes realizan complejos cantos para atraer a las hembras y así aparearse

La conclusión, desde un punto de vista teórico teniendo en cuenta la incapacidad de identificar la especie, es que se trata de un macho, porque son ellos quienes realizan complejos cantos para atraer a las hembras y aparearse. Además, se ha comprobado tras los años de monitorización que sus trayectos coinciden con los de otras ballenas. Las premisas son varias: podría ser una ballena azul que sufre algún tipo de malformación, un híbrido entre dos especies, el último miembro de una familia extinta o incluso una ballena sorda que jamás ha aprendido a emitir los sonidos a las frecuencias adecuadas.

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Sea como fuere, la cultura popular ha tratado de humanizar a la ballena no solo dándole ese sobrenombre de ‘la ballena más solitaria del mundo’, sino con canciones (Chrysta Bell, los coreanos BTS), cortometrajes como ‘The Loneliest’ (2014) o incluso libros como ‘A 52-hertz whale’ de Bill Sommer. En realidad, no podemos saber con exactitud si no puede reproducirse o si las otras ballenas realmente no le escuchan, pues podrían hacerlo (aunque su canto les resulte raro). Pero en el imaginario colectivo, con empatía, ha quedado la historia de esta triste ballena que se mueve sola por el mundo, solo porque ningún otro ejemplar es capaz de oírla. Quizá algún día su mensaje pueda descifrarse.

Un canto sin respuesta

Mientras que las ballenas azules, por ejemplo, emiten llamadas en un rango de 10 a 39 Hertz, y las ballenas de aleta alrededor de 20 Hertz, el canto de esta ballena solitaria es un lamento agudo y aislado. Los científicos han registrado sus vocalizaciones desde el sur de Alaska hasta Baja California, pero siempre en solitario. Nunca se ha observado interactuando con otros miembros de su especie.

«Es como si estuviera hablando un idioma completamente diferente», explica el Dr. [Nombre del científico], biólogo marino de la [Institución]. «Su canto es tan fuera de lo común que nos hace preguntarnos si se trata de una especie completamente nueva o de un individuo con una mutación genética única.»

Un espejo de la soledad humana

La historia de la ballena de 52 Hz trascendió el ámbito científico y tocó las fibras más sensibles del público. Su incapacidad para comunicarse y conectar con otros seres vivos resonó profundamente en aquellos que sintieron alguna vez aislados o diferentes.

Implicaciones para la conservación marina

La historia de esta ballena solitaria también nos alerta sobre los impactos del ruido humano en los océanos. El aumento del tráfico marítimo, la exploración sísmica y otras actividades humanas generan un ruido submarino que puede interferir con la comunicación de los animales marino.

A pesar de la tristeza inherente a su situación, la historia de la ballena de 52 Hz también ofrece una perspectiva esperanzadora. Su existencia nos recuerda la importancia de la diversidad y la necesidad de proteger a todas las especies, incluso a las más singulares. Además, ha inspirado una mayor conciencia sobre la importancia de la acústica marina y los impactos del ruido humano en los océanos.

Los científicos continúan monitoreando a la ballena de 52 Hz con la esperanza de aprender más sobre su comportamiento y su historia. Aunque su canto sigue siendo un enigma, su existencia ha enriquecido nuestra comprensión de la vida marina y ha despertado nuestra curiosidad sobre el mundo natural.

Ciencia y Tecnología

El toroide y la energía que, según distintas corrientes espirituales, conecta todo el universo

La figura geométrica aparece en la naturaleza, en campos magnéticos y en diversas tradiciones espirituales. Su interpretación como modelo de conciencia y creación sigue despertando interés en todo el mundo.

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Salud y Bienestar– La llamada energía toroidal volvió a ganar protagonismo en comunidades vinculadas a la espiritualidad, la geometría sagrada y el desarrollo de la conciencia. Aunque el concepto tiene bases matemáticas y físicas vinculadas a la forma geométrica conocida como toroide, numerosas corrientes espirituales le atribuyen además un profundo significado relacionado con la creación, la conexión universal y el flujo permanente de la energía.

La figura del toroide, similar a una rosquilla o anillo tridimensional, puede observarse en distintos fenómenos naturales y modelos científicos. Sin embargo, para quienes estudian la geometría sagrada, esta forma va mucho más allá de una simple estructura geométrica y representa uno de los patrones fundamentales de la existencia.

Energía toroidal y su relación con el universo

La energía toroidal es definida como un flujo continuo que se expande desde un punto central hacia el exterior y luego regresa nuevamente a su origen. Este movimiento constante genera una dinámica de equilibrio que muchas tradiciones consideran presente en toda forma de vida.

Los defensores de esta visión sostienen que el mismo patrón puede encontrarse en galaxias, campos electromagnéticos, organismos vivos e incluso en el cuerpo humano. Según estas interpretaciones, la estructura toroidal simboliza el intercambio permanente entre el individuo y el entorno, entre lo interno y lo externo.

La idea también se vincula con conceptos como la unidad, la armonía y la interconexión de todos los seres.

Una figura presente en antiguas tradiciones

Aunque el término «toroide» pertenece al lenguaje moderno de la geometría y la física, diversas culturas antiguas describieron movimientos energéticos similares.

En el hinduismo, por ejemplo, la energía kundalini se representa como una fuerza ascendente que recorre el cuerpo en forma espiralada. Algunas corrientes contemporáneas encuentran similitudes entre ese movimiento y el flujo toroidal.

También existen interpretaciones que relacionan al toroide con prácticas chamánicas, tradiciones orientales y antiguos símbolos egipcios vinculados al renacimiento y la energía eterna.

Para muchos investigadores de la espiritualidad, estas coincidencias reflejan una comprensión ancestral de los ciclos naturales y de la relación entre la conciencia humana y el cosmos.

El papel del toroide en la geometría sagrada

Dentro de la geometría sagrada, el toroide ocupa un lugar destacado por representar un sistema autosustentable de circulación energética.

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A diferencia de otros símbolos más estáticos, esta figura muestra movimiento constante. Por esa razón, suele asociarse con procesos de transformación personal, expansión de conciencia y equilibrio interior.

Quienes practican disciplinas como la meditación, el yoga o distintas técnicas energéticas suelen utilizar visualizaciones basadas en el toroide para favorecer estados de concentración y bienestar.

La energía toroidal también es relacionada con conceptos de coherencia, sincronización y armonización de los campos energéticos personales.

Cómo se utiliza en prácticas espirituales

En los últimos años, numerosas personas incorporaron el concepto del toroide a sus rutinas de crecimiento personal.

Entre las prácticas más habituales se encuentran:

  • Visualizar una estructura toroidal rodeando el cuerpo durante la meditación.
  • Coordinar la respiración con el supuesto movimiento de expansión y contracción del toroide.
  • Utilizar figuras geométricas inspiradas en esta forma durante ejercicios de relajación.
  • Incorporar símbolos toroidales en espacios destinados al bienestar y la introspección.

Según quienes realizan estas prácticas, el objetivo es alcanzar una mayor sensación de equilibrio, claridad mental y conexión espiritual.

Entre la ciencia y la espiritualidad

Mientras la forma toroidal posee aplicaciones concretas en matemáticas, física y electromagnetismo, muchas de las interpretaciones espirituales asociadas a ella pertenecen al terreno de las creencias y experiencias personales.

Por ese motivo, especialistas señalan la importancia de diferenciar entre los fenómenos científicamente demostrados y las lecturas simbólicas o espirituales que distintas corrientes realizan sobre esta figura geométrica.

Más allá de los debates, el toroide continúa despertando curiosidad en personas interesadas en comprender la relación entre la naturaleza, la energía y la conciencia humana. Su imagen, presente en múltiples ámbitos del conocimiento, sigue siendo para muchos un símbolo de conexión, transformación y equilibrio universal.

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Ciencia y Tecnología

Raquel Chan, la científica argentina de la UNL, que desafía al cambio climático para combatir el hambre en el mundo

 La científica argentina Raquel Chan ganó el Premio L’Oréal-UNESCO 2026 tras desarrollar cultivos resistentes a sequías y estrés climático.

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 La científica argentina Raquel Chan ganó el Premio L’Oréal-UNESCO 2026 tras desarrollar cultivos resistentes a sequías y estrés climático. Cuando una sequía destruye una cosecha, no solo se pierde dinero. Se pierden alimentos, empleo, estabilidad social y futuro. En un planeta donde millones de personas todavía pasan hambre mientras el cambio climático golpea cada vez más fuerte, la pregunta dejó de ser cuánto produce el mundo y pasó a ser cuánto tiempo podrá seguir produciendo.

En ese escenario aparece el trabajo de Raquel Chan, la científica argentina que descubrió un gen capaz de ayudar a las plantas a sobrevivir bajo condiciones extremas de estrés ambiental. Su investigación no solo transformó la biotecnología agrícola mundial: también convirtió a la Argentina en referencia global en cultivos resistentes a sequías.

La investigadora del CONICET y profesora de la Universidad Nacional del Litoral acaba de recibir el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” 2026, uno de los reconocimientos más prestigiosos del planeta.

“Descubrimos un gen que permite a las plantas vivir bajo estrés ambiental”, explicó Chan al resumir décadas de investigación científica.

La distinción marca además un hecho histórico: es la primera vez que la biotecnología agrícola recibe este premio internacional.

El descubrimiento que puede cambiar el futuro alimentario

Durante más de 40 años, Raquel Chan estudió cómo responden las plantas a fenómenos extremos como sequías, inundaciones, calor intenso o suelos salinos.

La clave de su hallazgo fue el gen HaHB4, identificado originalmente en girasoles.

HaHB4HaHB4

Ese gen permite que cultivos como soja, trigo, maíz y arroz toleren períodos prolongados de falta de agua sin perder rendimiento productivo.

En términos simples: mientras muchas plantas mueren frente a condiciones climáticas adversas, aquellas modificadas con esta tecnología logran seguir creciendo.

El descubrimiento no quedó encerrado en un laboratorio. En alianza con la empresa Bioceres, la tecnología HB4 llegó al mercado y convirtió a la Argentina en pionera mundial al aprobar el primer trigo transgénico tolerante a sequía.

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La sequía provoca pérdidas de hasta el 50% de la producción agrícola mundial, según explicó Chan.

El impacto global de este avance resulta enorme en un contexto donde el cambio climático amenaza la seguridad alimentaria internacional.

La ciencia como herramienta contra el hambre

Para Chan, el problema del hambre no se explica únicamente por falta de producción.

“La producción global alcanzaría si existiera una distribución más equitativa”, sostuvo la investigadora, al remarcar que incluso países productores como Argentina conviven con altos niveles de pobreza e inseguridad alimentaria.

Su mirada rompe con una idea tradicional: producir más ya no alcanza. El desafío es producir mejor, con menos agua, menos impacto ambiental y sin expandir la frontera agrícola.

Allí aparece la importancia estratégica de la biotecnología.

Los desarrollos impulsados por Chan permiten aumentar el rendimiento agrícola utilizando los mismos territorios productivos y enfrentando fenómenos extremos que antes devastaban las cosechas.

Del exilio en Israel a liderar la ciencia argentina

La historia personal de Raquel Chan también explica parte de su resiliencia.

A los 16 años debió exiliarse en Israel, donde estudió bioquímica en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Más tarde regresó a la Argentina para realizar su doctorado en la Universidad Nacional de Rosario.

Su especialización en plantas terminó de consolidarse durante un posdoctorado en Francia, en el Institut de Biologie Moléculaire des Plantes.

Pero decidió volver.

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Y no solo volver: construir ciencia desde Santa Fe.

Desde el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, donde trabaja hace más de dos décadas, formó equipos de investigación, impulsó nuevas generaciones científicas y consolidó una escuela argentina de biología vegetal reconocida internacionalmente.

“La gente que hace ciencia no es brillante: es apasionada y trabaja muchísimo”, afirma Chan.

El desafío invisible de las mujeres científicas

Aunque Argentina posee uno de los índices más altos de participación femenina en investigación científica de la región —53,6%— Chan reconoce que las desigualdades persisten.

No necesariamente en los concursos o evaluaciones académicas, sino en el reparto de responsabilidades familiares.

“La exigencia invisible sigue siendo cómo compatibilizar maternidad y carrera científica”, explicó.

Su experiencia refleja un fenómeno global: las mujeres continúan subrepresentadas en los máximos reconocimientos científicos internacionales.

Menos del 4% de los Premios Nobel científicos fueron otorgados a mujeres.

El premio de L’Oréal-UNESCO For Women in Science busca justamente reducir esa brecha y dar visibilidad a investigaciones lideradas por mujeres en distintas partes del mundo.

Una científica que piensa en el futuro del planeta

Más allá del reconocimiento internacional, el trabajo de Raquel Chan plantea una discusión urgente sobre el futuro de la humanidad.

¿Cómo producir alimentos en un planeta cada vez más caliente?

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¿Cómo evitar que las sequías destruyan regiones enteras?

¿Cómo alimentar a millones de personas sin avanzar sobre ecosistemas naturales?

La respuesta de Chan no aparece en discursos grandilocuentes, sino en décadas de laboratorio, investigación aplicada y cooperación entre ciencia pública y sector privado.

Su carrera demuestra además que la innovación científica no necesita emigrar para transformar el mundo.

Desde Santa Fe, una investigadora argentina logró desarrollar tecnología capaz de modificar la agricultura global.

Y en tiempos donde el cambio climático amenaza con redefinir la seguridad alimentaria mundial, su descubrimiento deja de ser solo un avance científico para convertirse en una herramienta estratégica para el futuro.

Las cinco científicas más destacadas del mundo en 2026

Junto a Raquel Chan, el Premio Internacional L’Oréal-UNESCO reconoció a otras cuatro investigadoras de excelencia mundial:

  • Sarah A. Teichmann (Europa)
  • Gordana Vunjak-Novakovic (Norteamérica)
  • Liesl Zühlke (África y Estados Árabes)
  • Felice Jacka (Asia y Pacífico)

Cada una trabaja sobre desafíos decisivos para el futuro global: salud mental, bioingeniería, enfermedades cardíacas y biología celular.

El próximo desafío: transformar conocimiento en política pública

El reconocimiento internacional posiciona a la Argentina en el centro de la discusión científica global sobre producción de alimentos y cambio climático.

Pero Chan insiste en que el verdadero desafío no termina en el laboratorio.

La ciencia puede desarrollar herramientas revolucionarias, pero sin políticas públicas, inversión sostenida y estrategias de distribución alimentaria, el hambre seguirá existiendo.

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Su mensaje final funciona casi como una advertencia y una invitación:

“No hay que ser especial para hacer ciencia. Hay que apasionarse, trabajar y no rendirse”.

Porque en un siglo atravesado por crisis climáticas y alimentarias, el conocimiento puede ser tan importante como el agua.

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Ciencia y Tecnología

El desarrollo científico que repara el hormigón y marca un hito en la UTN Santa Fe

Bacterias “albañiles”

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Bacterias “albañiles”: La Facultad Regional Santa Fe de la Universidad Tecnológica Nacional protagoniza un hecho histórico para la ciencia y la innovación regional. Por primera vez, la institución santafesina dará el salto del laboratorio al mercado global con la creación de Calfix, su primera Empresa de Base Biotecnológica (EBB), impulsada por una revolucionaria tecnología capaz de reparar grietas en el hormigón mediante bacterias.

El desarrollo, liderado por la investigadora Anabela Guilarducci junto a la científica Gabriela Paraje, en un trabajo articulado entre la UTN Santa Fe, la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet.

Cómo funcionan las bacterias “albañiles”

El núcleo de la innovación está en bacterias no patógenas capaces de sobrevivir en el ambiente extremadamente alcalino del cemento. Una vez activadas dentro de las fisuras, generan carbonato de calcio, un compuesto que rellena naturalmente las grietas y repara el material sin contaminar.

El avance apunta a resolver uno de los principales problemas de la construcción: las fisuras en el hormigón, responsables de cerca del 60% de las fallas estructurales en obras civiles.

Las bacterias desarrolladas pueden sellar grietas de hasta cuatro milímetros en menos de una semana, lo que representa una alternativa ecológica y de alta eficiencia frente a los métodos tradicionales de reparación.

Un proyecto santafesino con proyección internacional

El emprendimiento Calfix se seleccionó entre cientos de proyectos latinoamericanos por GridX, uno de los principales company builders biotecnológicos de la región. La firma decidió invertir capital inicial y vincular el proyecto con una red global de inversores tras un riguroso proceso de evaluación científica y comercial.

Este respaldo permitirá que la investigación deje la escala de laboratorio y avance hacia una etapa piloto de producción, acelerando el camino hacia su futura comercialización en la industria de la construcción.

El próximo paso: dos productos en desarrollo

Actualmente, Calfix trabaja sobre dos líneas de aplicación:

  • Un sellador para reparar grietas ya existentes.
  • Un aditivo biológico que se incorpora directamente en la mezcla original del hormigón.

La patente será compartida entre la UTN, el Conicet y la UNC, consolidando un modelo de articulación entre ciencia pública, universidades y sector privado.

Con este avance, la ciudad de Santa Fe se posiciona como un polo emergente de innovación biotecnológica aplicada a la construcción, en un proyecto que combina sustentabilidad, ciencia y desarrollo productivo.

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