A tres años de la muerte de Silvina Luna, el nombre de Aníbal Lotocki vuelve a quedar en el centro de la escena judicial. Mientras familiares, amigos y miles de personas recuerdan a la modelo y actriz rosarina, el médico enfrenta un nuevo juicio por la muerte del empresario Cristian Zárate y por las lesiones gravísimas que sufrieron cinco mujeres.
El juicio a Lotocki comenzó este mes y busca determinar las responsabilidades de los profesionales que participaron de una intervención quirúrgica realizada en abril de 2021. La acusación sostiene que Zárate murió luego de una cirugía estética en una clínica del barrio porteño de Caballito.
La causa tiene especial repercusión porque vuelve a poner bajo análisis las prácticas médicas de Lotocki, cuyo nombre quedó asociado durante años a los casos de pacientes que denunciaron graves consecuencias después de someterse a procedimientos estéticos.
A tres años de la muerte de Silvina Luna
Silvina Luna murió el 31 de agosto de 2023, después de atravesar durante años graves problemas de salud que, según la Justicia, estuvieron vinculados con una intervención estética realizada por Lotocki.
La actriz y modelo rosarina había contado públicamente parte de su padecimiento y la larga espera que atravesó mientras necesitaba un trasplante renal. Durante ese período, también dejó una frase que quedó grabada en la memoria de quienes siguieron su historia: “A mí me encanta vivir, ¡quiero vivir!”.
Su muerte provocó una enorme conmoción y convirtió nuevamente el caso Lotocki en uno de los temas judiciales y médicos con mayor repercusión pública.
A tres años de su partida, su historia vuelve a aparecer en un momento clave: el juicio a Lotocki por la muerte de otro de sus pacientes.
De qué acusa la Justicia a Lotocki
En este nuevo debate, Lotocki está acusado de homicidio simple con dolo eventual por la muerte de Rodolfo Cristian Zárate.
La operación ocurrió el 15 de abril de 2021 en el Centro Médico Conde, donde el cirujano alquilaba un quirófano. Según la acusación, el paciente había llegado para realizarse una intervención estética destinada a marcar el abdomen y, presuntamente, solucionar una hernia.
La cirugía se produjo durante la segunda ola de coronavirus, en un contexto en el que existían restricciones para determinadas intervenciones que no fueran consideradas de riesgo.
Durante el juicio, los testigos describieron las horas posteriores a la operación y las complicaciones que atravesó Zárate.
La declaración de la viuda de Cristian Zárate
Romina Sicoli, pareja de Zárate, declaró ante el tribunal y relató lo ocurrido después de la intervención.
Según su testimonio, el empresario perdió una importante cantidad de sangre y tuvo fuertes dolores durante la noche. También sostuvo que fue sometido a una segunda intervención.
La mujer cuestionó duramente la atención recibida por su marido y calificó a Lotocki de “asesino”. Además, reclamó que el tribunal llegue a una resolución que permita establecer las responsabilidades de quienes participaron de la atención médica.
Uno de los amigos que acompañó a Zárate el día de la operación también declaró como testigo. Contó que después de la primera cirugía observó manchas de sangre y que el paciente continuaba con fuertes dolores.
Durante la madrugada, Zárate sufrió una descompensación. Fue sedado e intubado y, posteriormente, sufrió un paro cardíaco.
Como la clínica no contaba con una unidad de terapia intensiva, se solicitó asistencia al SAME. Finalmente, según el relato del testigo, Lotocki comunicó que el paciente había fallecido.
Qué dijo la esposa de Lotocki
Durante una de las audiencias también declaró María José “Majo” Favarón, esposa de Lotocki y quien trabajaba como secretaria del cirujano.
Favarón defendió a su pareja y sostuvo que había realizado entre 5.000 y 6.000 cirugías desde que comenzó a trabajar con él.
“Es la primera vez que pasó algo así”, afirmó durante su declaración.
La mujer también explicó que Lotocki le había dicho que Zárate estaba apto para la operación. Además, recordó que la cirugía había tenido que postergarse previamente porque el médico había sido contacto estrecho de coronavirus.
Según su relato, Zárate se había molestado por la postergación y manifestó que quería operarse con Lotocki porque varias amigas se lo habían recomendado.
Cinco mujeres también forman parte de la causa
El juicio a Lotocki no se limita a investigar la muerte de Zárate.
La acusación también contempla las lesiones gravísimas que sufrieron cinco mujeres después de distintos procedimientos.
La Fiscalía busca determinar qué responsabilidad tuvo cada uno de los profesionales involucrados y si existieron conductas que pusieron en riesgo la vida de los pacientes.
Junto con Lotocki están imputados Andrea Isabel Torelli, contadora y directora del sanatorio; los médicos especialistas en cirugía plástica Daniel Enrique Zambrano García y Polansky Peláez Hoyos; el anestesiólogo Santiago Luis Olguín y la médica anatomopatóloga Silvia Mabel Fernández.
Además, la instrumentadora quirúrgica Florencia Marina Krzeczek enfrenta una acusación por encubrimiento agravado, debido a que habría ocultado presuntamente el teléfono de Lotocki para dificultar la investigación.
Un juicio que vuelve a poner el caso Lotocki bajo la lupa
El proceso judicial se desarrolla mientras el recuerdo de Silvina Luna vuelve a ocupar un lugar central por el aniversario de su muerte.
La modelo y actriz rosarina se convirtió en uno de los rostros más visibles de las consecuencias que denunciaron numerosos pacientes después de pasar por intervenciones realizadas por Lotocki.
Su caso tuvo además una enorme repercusión social porque durante años contó públicamente sus problemas de salud y la espera por un trasplante.
Ahora, a tres años de su muerte, el juicio a Lotocki avanza con nuevas declaraciones y testimonios que buscan reconstruir qué ocurrió con Cristian Zárate y establecer si hubo responsabilidades penales por su muerte.
El tribunal deberá analizar las pruebas y los testimonios incorporados durante el debate antes de llegar a una decisión.
Mientras tanto, la figura de Silvina Luna continúa presente en la memoria de sus seguidores y de quienes acompañaron su lucha. Su frase “quiero vivir” permanece como uno de los testimonios más fuertes de una historia que, tres años después de su muerte, todavía tiene capítulos pendientes en la Justicia.
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La autopsia que expuso un sistema roto: el testimonio de Burlando sobre el calvario final de Silvina Luna
La autopsia de Silvina Luna no solo reveló el daño físico que atravesó la modelo en sus últimos años de vida, quien murió el 31 de agosto de 2023. También dejó al descubierto un entramado más profundo: el de un sistema que llegó tarde, una práctica médica sin control y una sociedad que muchas veces juzga antes de comprender.
El nuevo peritaje ordenado por la Justicia contra Aníbal Lotocki volvió a poner el foco en un caso que conmocionó al país. Esta vez, fue Fernando Burlando quien aportó un testimonio que no apeló al impacto fácil, sino a la dimensión real del sufrimiento. Lo hizo desde un lugar incómodo: el de quien estuvo presente durante la autopsia.
“Yo presencié la operación de autopsia de Silvina y la cantidad de material que tenía eran adoquines”, aseguró sin rodeos en diálogo con El Diario de Mariana (América)
Burlando relató que el material hallado durante la autopsia estaba distribuido en distintas zonas del cuerpo, generando una presión constante sobre nervios y tejidos. Uno de los puntos más críticos era el nervio ciático, comprimido por fragmentos sólidos que volvían imposible una vida normal.
El dolor cotidiano que no se veía
Más allá del impacto médico, el abogado reconstruyó escenas de la vida diaria de Silvina Luna que explican el deterioro progresivo que sufrió. Días antes de su última internación, la modelo le confesó que había tenido que mudarse porque ya no podía subir una escalera sin dolor.
Ese detalle, aparentemente menor, resume mejor que cualquier informe técnico el resultado de la autopsia: una persona joven, activa y lúcida atrapada en un cuerpo que dejó de responder.
Dato destacado
Según Burlando, el material se había desplazado por glúteos, piernas y rodillas, afectando funciones básicas como caminar o permanecer de pie.
El testimonio también desnudó la precariedad del procedimiento al que fue sometida Luna. Lejos de productos aprobados o protocolos médicos, Burlando aseguró que se trataba de una mezcla artesanal, preparada en lugares no habilitados y sin controles sanitarios.
Justicia lenta y prejuicios sociales
Uno de los ejes más duros del relato no tuvo que ver con la autopsia, sino con el tiempo. Para Burlando, la Justicia no falló en el diagnóstico del caso, pero sí en su velocidad. Cuando las consecuencias se volvieron irreversibles, ya era demasiado tarde.
A eso se sumó otro factor: el juicio social. Durante años, Silvina Luna enfrentó comentarios que relativizaban su sufrimiento bajo una lógica cruel: “se lo buscó”. Burlando fue tajante al respecto y marcó cómo esos prejuicios también retrasaron la empatía colectiva.
“Silvina peleó contra el dolor, contra la frivolidad y contra los prejuicios. Y aun así, murió joven”.
Este punto convierte a la autopsia en algo más que una prueba judicial: es un documento social que obliga a revisar cómo se habla de los cuerpos, las decisiones personales y la responsabilidad médica.
Conclusiones y próximos pasos
El relato de Burlando vuelve a instalar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuántos casos similares se silencian hasta que ya no hay vuelta atrás? La autopsia de Silvina Luna debería marcar un antes y un después, no solo en esta causa, sino en los controles, las habilitaciones y el rol del Estado.
La causa judicial sigue su curso, con un nuevo peritaje en marcha y expectativas sobre posibles responsabilidades penales. El próximo paso es claro: que el impacto del caso no se diluya en el archivo, y que el dolor expuesto sirva para evitar futuras tragedias.
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