Ciencia y Tecnología
Santa Fe, cada vez más tropical: el cambio climático empuja el trópico hacia el sur
Santa Fe enfrenta una tropicalización acelerada por el cambio climático. El trópico se corre, el clima cambia, y las ciudades deben adaptarse con urgencia o sufrir las consecuencias
Ciencia y Tecnología– En los últimos años, quienes viven en Santa Fe —en el corazón del Litoral argentino— no pueden dejar de notar un cambio en el aire. Las lluvias intensas, la humedad constante, las olas de calor que no dan respiro. Lo que antes era un clima subtropical con estaciones marcadas, hoy se parece cada vez más al de la selva amazónica.
Y no es solo una sensación. Lo que está ocurriendo es parte de un fenómeno global: el avance del trópico hacia los polos, impulsado por el cambio climático. Una línea imaginaria —el Trópico de Capricornio— ya no define con precisión una zona climática estática. Se está corriendo. Y eso tiene consecuencias concretas.
El Amazonas…
Según un reciente estudio publicado en Nature, el sistema forestal amazónico está cada vez más cerca de alcanzar un punto de inflexión que podría derivar en un colapso a gran escala. Aunque ha demostrado resiliencia durante 65 millones de años, hoy enfrenta un estrés sin precedentes producto del calentamiento global, las sequías prolongadas, la deforestación y los incendios. Se estima que para 2050, entre el 10% y el 47% de los bosques podrían quedar expuestos a perturbaciones múltiples capaces de detonar transiciones abruptas del ecosistema, con consecuencias irreversibles para la biodiversidad, la regulación climática y los medios de vida de millones de personas. La Amazonía, que genera hasta el 50% de su propia lluvia, cumple un rol clave en el ciclo hidrológico de Sudamérica, incluyendo regiones tan lejanas como la cuenca del Plata. Su debilitamiento aceleraría el cambio climático regional, intensificando fenómenos extremos como los que ya se observan en provincias argentinas como Santa Fe. Este paralelismo, más que una coincidencia, revela una interdependencia ambiental que trasciende fronteras y exige respuestas coordinadas urgentes.
Santa Fe, entre el Paraná y la Amazonía
Durante décadas, Santa Fe se ubicó cómodamente dentro de un clima templado cálido, con veranos húmedos e inviernos suaves. Pero en los últimos 20 años, los registros muestran un aumento sostenido de las temperaturas mínimas y máximas, junto con un incremento en la frecuencia e intensidad de lluvias torrenciales.
En efecto, algunas zonas del norte santafesino ya experimentan condiciones casi ecuatoriales durante el verano. La vegetación se vuelve más frondosa, aparecen nuevas especies de insectos y aves, y las enfermedades típicas del trópico, como el dengue, se instalan con fuerza.
El avance silencioso del trópico
Los últimos reportes del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) coinciden con estudios regionales: el cinturón tropical del planeta se está expandiendo entre 0,5 y 1 grado de latitud por década. Esto significa que, en el hemisferio sur, el clima tropical está avanzando hacia zonas templadas como el norte de Argentina, incluyendo buena parte de Santa Fe.
¿Qué significa que el trópico se corre?
El cinturón tropical de la Tierra —la franja ecuatorial donde se concentra la mayor parte de las lluvias y la humedad del planeta— se está expandiendo hacia el norte y el sur. Investigaciones científicas estiman que este movimiento es de unos 50 a 100 kilómetros por década. Puede parecer poco, pero en términos climáticos, es un desplazamiento rápido.
Este cambio está empujando las condiciones tropicales hacia zonas que antes eran más secas o templadas. En América del Sur, significa que regiones como el sur de Brasil, Paraguay y el norte argentino comienzan a parecerse más al Amazonas. Pero sin los beneficios de tener un ecosistema preparado para absorber tanta agua.
Clima amazónico sin selva amazónica
A diferencia de la selva amazónica —capaz de absorber millones de litros de agua, regular la temperatura y sostener una biodiversidad única— las ciudades y campos del Litoral argentino no están preparadas para este nuevo clima. El resultado es una mayor vulnerabilidad: inundaciones más frecuentes, pérdidas en la producción agrícola y aumento de enfermedades tropicales.
¿Y ahora qué?
La situación en Santa Fe es apenas una muestra de un fenómeno más amplio. El cambio climático no es solo un aumento de grados en el termómetro: es una reconfiguración del mapa climático del planeta.
Mientras tanto, la ciudadanía empieza a adaptarse como puede: con ventiladores, techos preparados para tormentas, campañas de prevención del dengue y, cada vez más, conciencia de que algo profundo está cambiando.
“El trópico se está corriendo”, dicen los científicos. Pero en Santa Fe, ya no hace falta mirar mapas para notarlo. Se siente en el cuerpo. El aire denso. En las noches que no refrescan. En la humedad que siempre estuvo que parece haber llegado para quedarse.
¿Adaptarse o actuar?
La expansión del trópico es una señal más de que el planeta está entrando en una nueva era climática. Una era moldeada por la quema de combustibles fósiles, la deforestación masiva y el modelo de producción extractivista. Adaptarse es necesario. Pero quedarse en la adaptación, sin cuestionar las causas, es resignarse a lo inevitable.
Un ejemplo concreto de adaptación posible y urgente está en el rediseño urbano. Las ciudades latinoamericanas, incluida Santa Fe, se ven cada vez más afectadas por inundaciones y es probable que esta tendencia se agrave bajo los efectos combinados del cambio climático y la urbanización acelerada.
Un estudio basado en datos satelitales de 630 ciudades en América Latina mostró que las lluvias extremas tienen un impacto negativo medible sobre la actividad económica urbana, representada por la intensidad de las luces nocturnas. Sin embargo, ese impacto negativo disminuye significativamente en ciudades con mayor vegetación: cuando la cobertura vegetal supera el 20% del área urbana, el efecto de las lluvias extremas se reduce a la mitad.
Un análisis contrafactual para 2015 estimó que aumentar la vegetación urbana en apenas el 25% de las ciudades analizadas podría haber evitado pérdidas por 6.500 millones de dólares, lo que equivale a una reducción del 19% en los daños económicos por inundaciones.
Estos resultados evidencian que una cobertura urbana más verde —que permita la instalación de infraestructura natural como parques, humedales urbanos, corredores biológicos o techos verdes— no es solo una mejora estética o ambiental: es una estrategia clave de resiliencia climática.
Santa Fe —como tantas otras regiones del mundo— necesita políticas climáticas integrales que vayan más allá de la emergencia. Porque si algo nos enseña el desplazamiento del trópico es que las fronteras geográficas ya no importan. El cambio climático no espera, no negocia, y no perdona la indiferencia.
Ciencia y Tecnología
Como una bola de fuego: ¿A qué hora Argentina será el dramático regreso de Artemis II a la Tierra?
La NASA detalla paso a paso cómo se desplegarán los paracaídas de la cápsula Orión antes del amerizaje en el Pacífico
La misión Artemis II encara su fase final con uno de los momentos más delicados y espectaculares de todo el viaje: el regreso a la Tierra. Tras orbitar la Luna y alcanzar distancias récord para una misión tripulada, la cápsula Orión se prepara para atravesar la atmósfera terrestre a velocidades extremas.
El amerizaje está previsto para este viernes a las 21:07 (hora argentina) en el Océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, en Estados Unidos. Equipos de la NASA ya trabajan en los últimos ajustes para garantizar un descenso seguro.
El regreso de Artemis II no solo marca el cierre de una misión histórica, sino también una prueba clave para el futuro de los viajes tripulados a la Luna y Marte
They’re halfway home.
The Artemis II astronauts have hit the «halfway» mark between the Moon and the Earth. They will splash down in the Pacific Ocean around 8:07 pm ET on Friday, April 10 (0007 UTC on Saturday, April 11), off the coast of San Diego. pic.twitter.com/CQmOuDTVGh
— NASA (@NASA) April 10, 2026
.
Un reingreso a la Tierra “en una bola de fuego”
El momento más impactante del regreso de Artemis II será el reingreso atmosférico. La cápsula Orión ingresará a la atmósfera a una velocidad que supera los 40.000 km/h, generando temperaturas cercanas a los 2.700°C.
Durante esta fase, la nave quedará envuelta en un plasma incandescente que provocará un corte total de comunicaciones durante aproximadamente seis minutos. Este fenómeno ocurre porque el aire se ioniza alrededor de la cápsula, bloqueando las señales de radio.
El piloto Victor Glover describió esta instancia como viajar “montados en una bola de fuego”, reflejando la intensidad de una maniobra que requiere una precisión extrema. Un error mínimo en el ángulo de ingreso podría hacer que la nave rebote en la atmósfera o sufra daños críticos.
En este contexto, Artemis II pondrá a prueba mejoras clave en el escudo térmico de Orión, luego de los inconvenientes detectados en la misión no tripulada anterior.
La desaceleración: del espacio al océano en minutos
Uno de los desafíos principales de Artemis II es reducir su velocidad de forma controlada. La nave está diseñada para generar resistencia con la atmósfera, funcionando como un “ladrillo volador” que frena progresivamente.
Este proceso permite disminuir la fuerza G que experimentan los astronautas, evitando niveles que serían imposibles de soportar para el cuerpo humano.
Una vez superada la fase más intensa del descenso, se desplegarán paracaídas en distintas etapas:
- Primero, paracaídas piloto para estabilizar la cápsula.
- Luego, los paracaídas principales, que reducirán la velocidad a unos 32 km/h.
Este sistema será clave para que Artemis II logre un amerizaje seguro en el océano.
El amerizaje de Artemis II en el Pacífico
La etapa final será el amerizaje de Artemis II, donde la cápsula impactará suavemente en el agua. Dependiendo de cómo caiga, puede quedar en posición vertical, invertida o de costado.
Para garantizar la seguridad, se activarán airbags que estabilizarán la nave y permitirán la salida de la tripulación.
Equipos de rescate estarán esperando en la zona para recuperar a los astronautas en un operativo que podría completarse en menos de dos horas. Posteriormente, serán trasladados para evaluaciones médicas y regresarán a tierra firme en un plazo aproximado de 24 horas.
Una misión histórica que mira hacia el futuro
El regreso de Artemis II marca un hito en la exploración espacial. Sus cuatro tripulantes se sumarán al exclusivo grupo de humanos que han viajado alrededor de la Luna, algo que no ocurría desde hace más de 50 años.
Además, esta misión es fundamental para validar los sistemas que permitirán el regreso del ser humano a la superficie lunar en los próximos años.
Cada fase del descenso, desde el reingreso hasta el amerizaje, representa un paso clave para futuras misiones. Por eso, el éxito de Artemis II no solo significa el final de un viaje, sino el comienzo de una nueva era en la exploración espacial.
Ciencia y Tecnología
ATENEA hizo historia: el satélite argentino que se comunicó a 70.000 km de la Tierra
Un logro que pone a Argentina en el mapa del espacio profundo
No fue un simple “ping” desde el espacio: fue una señal que viajó decenas de miles de kilómetros y confirmó algo mucho más grande, el satélite argentino ATENEA logró comunicarse con la Tierra desde 70.000 kilómetros, marcando un antes y un después para la ciencia nacional.
Desarrollado por la CONAE y lanzado como parte de la misión Artemis II, este pequeño CubeSat no solo cumplió su objetivo: superó expectativas desde el primer minuto.
“El solo hecho de haber recibido un paquete de datos ya fue un hito”, destacaron desde el equipo técnico.
Marcamos un nuevo récord 🚀🇦🇷
El microsatélite ATENEA logró establecer comunicación a 70.000 kilómetros de la Tierra, alcanzando la mayor distancia desde la que una misión espacial argentina haya transmitido datos hasta hoy.
Este hito confirma la solidez de nuestra tecnología y… pic.twitter.com/zYeJa372Id
— CONAE (@CONAE_Oficial) April 3, 2026
El momento clave: una señal antes de lo esperado
El primer contacto ocurrió apenas segundos después de su liberación, cuando ATENEA ya se encontraba a más de 40.000 km de distancia. Lo sorprendente: la señal llegó antes de lo previsto.
Horas más tarde, el satélite alcanzó los 70.000 km, confirmando que podía sostener comunicación en condiciones extremas.
Este detalle no es menor. En misiones espaciales, cada segundo cuenta y cada señal valida años de trabajo.
“Pensamos que íbamos a tener que pelear la señal… pero llegó de inmediato”, explicó el ingeniero Luis López.
Qué hace especial a ATENEA (y por qué importa)
ATENEA es un CubeSat 12U —del tamaño de un microondas— pero con una misión ambiciosa:
Objetivos clave:
- Validar comunicaciones de espacio profundo
- Probar tecnología nacional en condiciones extremas
- Generar datos para futuras misiones lunares
A diferencia de otros satélites argentinos, que operan en órbita terrestre, ATENEA fue más allá: se adentró en el espacio profundo, un terreno reservado para pocas agencias en el mundo.
Datos en tiempo real: qué está enviando el satélite
Desde su activación, ATENEA transmite información vital que permite evaluar su estado:
- Nivel de batería
- Temperaturas internas
- Orientación respecto al Sol
- Estado de los sistemas y experimentos
Estas señales son captadas por estaciones en Córdoba y Tierra del Fuego, consolidando otro logro: infraestructura 100% nacional funcionando a larga distancia.
“Estamos empezando a procesar todos esos datos”, confirmaron desde el equipo.
Un proyecto colectivo: universidades, ciencia y Estado
Detrás de ATENEA hay un entramado científico y tecnológico que incluye:
- Universidad Nacional de San Martín
- Universidad Nacional de La Plata
- Universidad de Buenos Aires
- CONICET
- Instituto Argentino de Radioastronomía
Este último tuvo un rol clave en la validación del sistema de antenas y en la detección temprana del satélite.
“Las comunicaciones ocurrieron sin problemas durante la misión”, explicaron desde el IAR.
Argentina, entre los pocos países en Artemis II
El dato que dimensiona el logro: Argentina fue uno de los cuatro países que aportaron satélites a Artemis II, junto a:
- Corea del Sur
- Alemania
- Arabia Saudita
Y con un diferencial importante: el único representante de América Latina.
Más allá del récord: por qué este logro cambia el futuro
ATENEA no solo rompió un récord de distancia. Abrió la puerta a nuevas capacidades:
Impactos concretos:
- Desarrollo de tecnología para misiones lunares
- Mejora en sistemas de comunicación satelital
- Formación de nuevos ingenieros y científicos
- Posicionamiento internacional en exploración espacial
Este tipo de avances permite pensar en un futuro donde Argentina no solo participe, sino que lidere proyectos en el espacio profundo.
Conclusión: un pequeño satélite, un salto gigante
ATENEA demostró que el tamaño no define el impacto. Con apenas 20x20x30 cm, logró algo histórico: comunicarse desde más lejos que cualquier otro objeto argentino.
Pero el verdadero logro es otro: probar que el país tiene la capacidad técnica, científica y humana para competir en la frontera del conocimiento.
Qué sigue ahora
Durante las próximas semanas, los equipos analizarán los datos recibidos para validar completamente la misión y preparar nuevos desarrollos.
Siguiente paso: convertir este hito en una plataforma para futuras misiones argentinas en el espacio profundo.
Ciencia y Tecnología
¿SABÍAS QUÉ? La Luna sí tiene color, aunque no lo veamos
Aunque a simple vista parece gris, la Luna tiene colores reales que revelan su composición mineral y su historia geológica.
CURIOSIDADES– A simple vista, la Luna parece completamente gris. Sin embargo, esto no refleja su verdadera naturaleza. La llamada Luna color es un fenómeno real basado en su composición química, aunque nuestros ojos no logran detectarlo con facilidad.
La superficie lunar tiene un albedo bajo (refleja apenas un 12% de la luz solar), lo que hace que la veamos tenue. Además, durante la noche predominan en nuestra visión los bastones —células sensibles a la luz pero no al color—, por lo que perdemos la capacidad de distinguir matices.
Sin embargo, cuando se utilizan cámaras especiales o técnicas de procesamiento digital, aparecen colores sorprendentes que revelan información científica clave.
Luna color: qué significan los tonos
Los colores de la Luna color no son decorativos ni artificiales: están directamente relacionados con los minerales presentes en su superficie.
- 🔵 Azules: indican alta concentración de titanio, especialmente en forma de ilmenita. Se encuentran en zonas volcánicas conocidas como “mares lunares”.
- 🟠🔴 Naranjas y rojizos: corresponden a regiones más antiguas, con mayor presencia de hierro en basaltos formados hace miles de millones de años.
- ⚪ Blancos o claros: son las tierras altas, ricas en anortosita, un material con aluminio y calcio que refleja más luz.
Estos contrastes permiten a los científicos estudiar la historia geológica del satélite natural de la Tierra.
No es Artemis II: de dónde salen estas imágenes
Es importante aclarar que muchas de las imágenes virales de la Luna color no pertenecen a la misión Artemis II, a pesar de que esta misión sí logró en 2026 un récord de distancia para una nave tripulada y captó fotografías reales del satélite.
Las imágenes con colores intensos provienen en realidad de misiones anteriores como Clementine o Galileo, que utilizaron sensores multiespectrales para analizar cómo la superficie lunar refleja distintas longitudes de onda.
Luego, los científicos procesan esos datos para amplificar diferencias que existen, pero que son imperceptibles a simple vista.
Ciencia detrás de la Luna color
Las técnicas utilizadas se basan en el análisis espectral: cada mineral refleja la luz de manera diferente según su composición. Al combinar imágenes tomadas en distintos filtros, se pueden construir mapas que muestran variaciones químicas.
Esto permite identificar zonas ricas en titanio, hierro o aluminio sin necesidad de estar físicamente en la superficie lunar.
En otras palabras, las imágenes no “inventan” colores, sino que hacen visible lo invisible.
Una paleta escondida a simple vista
La Luna color es un claro ejemplo de cómo la ciencia puede revelar aspectos ocultos de lo cotidiano. Aunque la veamos gris desde la Tierra, nuestro satélite natural es en realidad un mosaico de tonalidades que cuentan su historia.
Los colores siempre estuvieron ahí, pero necesitan de la tecnología para salir a la luz. Así, lo que parece simple a primera vista, en realidad esconde millones de años de evolución geológica.
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