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Ciencia y Tecnología

Una supercomputadora se usará en Argentina

El Servicio Meteorológico Nacional usará la nueva supercomputadora para hacer ciencia y para realizar experimentos numéricos

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Una supercomputadora que se ubica entre las 100 más poderosas del mundo, empieza a funcionar en Argentina

Se encontrará dentro del Centro de Cómputos del Servicio Meteorológico Nacional en la ciudad de Buenos Aires. Pero la podrán usar científicos de todo el país.

No solo servirá para mejorar los pronósticos climáticos, sino para que la pueden utilizar los investigadores científicos. Podrán realizar estudios de genómica, diseño de fármacos y nuevos materiales, desarrollos en inteligencia artificial y ciencia de datos, entre otras aplicaciones.

Tras su puesta en marcha, se harán concursos abiertos en forma periódica, para otorgar horas de cálculo a los grupos de investigadores de todas las jurisdicciones de la Argentina.

La supercomputadora permitirá realizar pronósticos climáticos más precisos, que sirven para la prevención y la adopción de medidas de los desastres naturales como inundaciones

La máquina costó 885 millones de pesos y la financió el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, con fondos provenientes de un crédito del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

La incorporació de la supercomputadora, se tuvo que adecuar el Centro de Cómputos del SMN

Imagen

Modelo de Supercomputadora

El costo de la refacciones es de 265 millones de pesos, que estuvo a cargo del Ministerio de Defensa.

Se realizaron modificaciones en la estructura. Se instaló un sistema de refrigeración por agua y un sistema ignífugo para garantizar protección contra incendios. Como asimismo se mejoró el sistema de instalación eléctrica.

La supercomputadora tiene una potencia de cómputo que la ubica en el puesto 82 del ranking mundial. 

Su uso es abierto y compartido para todo el sistema científico argentino

Esto significa un importante aporte a la ciencia, la tecnología y la innovación nacional. De todas maneras el 10% del uso de la supercomputadora estará a cargo del Servicio Meteorológico para probar nuevas tecnologías, y diseñar metodologías para los pronósticos climáticos.

Se podrá utilizar para hacer investigaciones sobre diseño industrial, modelado de cuencas petroleras y gasíferas y para el modelado de sistemas complejos.

Grupos de investigación de Argentina podrían usarla para estudios en genómica y desarrollo de nuevos fármacos para diferentes enfermedades

Componentes de la Supercomputadora:

La capacidad de cálculo de la máquina es de 15.3 Peta FLOPs. Usando sus aceleradoras GPUs y de 440 TFLOPs usando sus procesadores CPUs. Eso quiere decir que, apelando a sus aceleradoras GPUs podrá realizar quince mil trescientas millones de millones de operaciones matemáticas elementales por segundo.

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Consta de 296 aceleradoras (GPUs) Intel Ponte Vecchio, y 5120 núcleos en procesadores (CPUs) INTEL Sapphire Rapids HBM, que corresponden a la última tecnología en procesadores de Intel y una memoria de 1.66 Petabytes (1.660.000 Gigabytes), y una red para interconexión interna entre sus nodos de 400 Gigabytes por segundo. Tiene refrigeración por agua en forma directa, y un consumo eléctrico de 233 KW.

La supercomputadora es cuarenta veces más potente que la computadora más poderosa instalada hoy en el país, llamada Huayra Muyu. Esa computadora es utilizada por el Servicio Meteorológico Nacional para hacer su pronóstico operativo.

Como antecedente se encuentra “Clementina”. Es la primera computadora de uso científico que se instaló en el país en 1960. Se realizó bajo la gestión del científico y matemático Manuel Sadosky, considerado como el padre de la computación argentina.

Clementina fue la primera computadora para investigaciones científicas en la Argentina. Funcionó entre 1961 y 1971 en el Instituto del Cálculo dependiente de la Universidad de Buenos Aires

Clementina fue la primera computadora en Argentina. Funcionó entre 1961 y 1971, ubicada en el Instituto del Cálculo dependiente de la Universidad de Buenos Aires

El Ministro de Ciencia, Daniel Filmus, destacó que la supercomputadora que se estrenaría en mayo está entre las dos primeras de América Latina. La otra se encuentra en Brasil. “Es un desarrollo que tiene salida a todo el sistema científico tecnológico para el cual tenemos que generar esta mirada”, afirmó.

“Nuestra arbitrariedad está del lado de la soberanía, donde la ciencia y la tecnología jueguen un papel central y que se pueda agregar valor a partir de la capacidad de nuestros/as investigadores/as que es lo mejor que tenemos”, agregó Filmus.

“Mucho del futuro, está vinculado a la capacidad que tengamos de apropiarnos de la nueva tecnología, de la ciencia, de los saltos y avances que está dando la realidad”, destacó Jorge Taiana, a cargo del Ministerio de Defensa, del cual depende el Servicio Meteorológico Nacional.

“Queremos transformarnos en un jugador que no sea simplemente un receptor de esa tecnología, sino que sea también un creador que tenga la capacidad de uso y no sólo ser un consumidor de tecnología”, afirmó el titular de la cartera de Defensa en el momento de adjudicar la licitación.

“Esta supercomputadora estará al servicio de todo el sector científico tecnológico y se van a incrementar las capacidades que tiene el país y el Servicio Meteorológico Nacional para hacer ciencia y para hacer experimentos numéricos, que son muy costosos computacionalmente”, explicó Celeste Saulo, directora del SMN.

La compra de la máquina se hizo por licitación, en el marco de la Iniciativa Nacional de Supercómputo, que fue implementada entre las carteras de Ciencia, Tecnología e Innovación, de Defensa, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Conicet.

Ciencia y Tecnología

Como una bola de fuego: ¿A qué hora Argentina será el dramático regreso de Artemis II a la Tierra?

La NASA detalla paso a paso cómo se desplegarán los paracaídas de la cápsula Orión antes del amerizaje en el Pacífico

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La misión Artemis II encara su fase final con uno de los momentos más delicados y espectaculares de todo el viaje: el regreso a la Tierra. Tras orbitar la Luna y alcanzar distancias récord para una misión tripulada, la cápsula Orión se prepara para atravesar la atmósfera terrestre a velocidades extremas.

El amerizaje está previsto para este viernes a las 21:07 (hora argentina) en el Océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, en Estados Unidos. Equipos de la NASA ya trabajan en los últimos ajustes para garantizar un descenso seguro.

El regreso de Artemis II no solo marca el cierre de una misión histórica, sino también una prueba clave para el futuro de los viajes tripulados a la Luna y Marte

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Un reingreso a la Tierra “en una bola de fuego”

El momento más impactante del regreso de Artemis II será el reingreso atmosférico. La cápsula Orión ingresará a la atmósfera a una velocidad que supera los 40.000 km/h, generando temperaturas cercanas a los 2.700°C.

Durante esta fase, la nave quedará envuelta en un plasma incandescente que provocará un corte total de comunicaciones durante aproximadamente seis minutos. Este fenómeno ocurre porque el aire se ioniza alrededor de la cápsula, bloqueando las señales de radio.

El piloto Victor Glover describió esta instancia como viajar “montados en una bola de fuego”, reflejando la intensidad de una maniobra que requiere una precisión extrema. Un error mínimo en el ángulo de ingreso podría hacer que la nave rebote en la atmósfera o sufra daños críticos.

En este contexto, Artemis II pondrá a prueba mejoras clave en el escudo térmico de Orión, luego de los inconvenientes detectados en la misión no tripulada anterior.

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La desaceleración: del espacio al océano en minutos

Uno de los desafíos principales de Artemis II es reducir su velocidad de forma controlada. La nave está diseñada para generar resistencia con la atmósfera, funcionando como un “ladrillo volador” que frena progresivamente.

Este proceso permite disminuir la fuerza G que experimentan los astronautas, evitando niveles que serían imposibles de soportar para el cuerpo humano.

Una vez superada la fase más intensa del descenso, se desplegarán paracaídas en distintas etapas:

  • Primero, paracaídas piloto para estabilizar la cápsula.
  • Luego, los paracaídas principales, que reducirán la velocidad a unos 32 km/h.

Este sistema será clave para que Artemis II logre un amerizaje seguro en el océano.


El amerizaje de Artemis II en el Pacífico

La etapa final será el amerizaje de Artemis II, donde la cápsula impactará suavemente en el agua. Dependiendo de cómo caiga, puede quedar en posición vertical, invertida o de costado.

Para garantizar la seguridad, se activarán airbags que estabilizarán la nave y permitirán la salida de la tripulación.

Equipos de rescate estarán esperando en la zona para recuperar a los astronautas en un operativo que podría completarse en menos de dos horas. Posteriormente, serán trasladados para evaluaciones médicas y regresarán a tierra firme en un plazo aproximado de 24 horas.


Una misión histórica que mira hacia el futuro

El regreso de Artemis II marca un hito en la exploración espacial. Sus cuatro tripulantes se sumarán al exclusivo grupo de humanos que han viajado alrededor de la Luna, algo que no ocurría desde hace más de 50 años.

Además, esta misión es fundamental para validar los sistemas que permitirán el regreso del ser humano a la superficie lunar en los próximos años.

Cada fase del descenso, desde el reingreso hasta el amerizaje, representa un paso clave para futuras misiones. Por eso, el éxito de Artemis II no solo significa el final de un viaje, sino el comienzo de una nueva era en la exploración espacial.

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Ciencia y Tecnología

ATENEA hizo historia: el satélite argentino que se comunicó a 70.000 km de la Tierra

Un logro que pone a Argentina en el mapa del espacio profundo

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No fue un simple “ping” desde el espacio: fue una señal que viajó decenas de miles de kilómetros y confirmó algo mucho más grande, el satélite argentino ATENEA logró comunicarse con la Tierra desde 70.000 kilómetros, marcando un antes y un después para la ciencia nacional.

Desarrollado por la CONAE y lanzado como parte de la misión Artemis II, este pequeño CubeSat no solo cumplió su objetivo: superó expectativas desde el primer minuto.

“El solo hecho de haber recibido un paquete de datos ya fue un hito”, destacaron desde el equipo técnico.

El momento clave: una señal antes de lo esperado

El primer contacto ocurrió apenas segundos después de su liberación, cuando ATENEA ya se encontraba a más de 40.000 km de distancia. Lo sorprendente: la señal llegó antes de lo previsto.

Horas más tarde, el satélite alcanzó los 70.000 km, confirmando que podía sostener comunicación en condiciones extremas.

Este detalle no es menor. En misiones espaciales, cada segundo cuenta y cada señal valida años de trabajo.

“Pensamos que íbamos a tener que pelear la señal… pero llegó de inmediato”, explicó el ingeniero Luis López.

Qué hace especial a ATENEA (y por qué importa)

ATENEA es un CubeSat 12U —del tamaño de un microondas— pero con una misión ambiciosa:

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Objetivos clave:

  • Validar comunicaciones de espacio profundo
  • Probar tecnología nacional en condiciones extremas
  • Generar datos para futuras misiones lunares

A diferencia de otros satélites argentinos, que operan en órbita terrestre, ATENEA fue más allá: se adentró en el espacio profundo, un terreno reservado para pocas agencias en el mundo.

Datos en tiempo real: qué está enviando el satélite

Desde su activación, ATENEA transmite información vital que permite evaluar su estado:

  • Nivel de batería
  • Temperaturas internas
  • Orientación respecto al Sol
  • Estado de los sistemas y experimentos

Estas señales son captadas por estaciones en Córdoba y Tierra del Fuego, consolidando otro logro: infraestructura 100% nacional funcionando a larga distancia.

“Estamos empezando a procesar todos esos datos”, confirmaron desde el equipo.

Un proyecto colectivo: universidades, ciencia y Estado

Detrás de ATENEA hay un entramado científico y tecnológico que incluye:

  • Universidad Nacional de San Martín
  • Universidad Nacional de La Plata
  • Universidad de Buenos Aires
  • CONICET
  • Instituto Argentino de Radioastronomía

Este último tuvo un rol clave en la validación del sistema de antenas y en la detección temprana del satélite.

“Las comunicaciones ocurrieron sin problemas durante la misión”, explicaron desde el IAR.

Argentina, entre los pocos países en Artemis II

El dato que dimensiona el logro: Argentina fue uno de los cuatro países que aportaron satélites a Artemis II, junto a:

  • Corea del Sur
  • Alemania
  • Arabia Saudita

Y con un diferencial importante: el único representante de América Latina.

Más allá del récord: por qué este logro cambia el futuro

ATENEA no solo rompió un récord de distancia. Abrió la puerta a nuevas capacidades:

Impactos concretos:

  • Desarrollo de tecnología para misiones lunares
  • Mejora en sistemas de comunicación satelital
  • Formación de nuevos ingenieros y científicos
  • Posicionamiento internacional en exploración espacial

Este tipo de avances permite pensar en un futuro donde Argentina no solo participe, sino que lidere proyectos en el espacio profundo.

Conclusión: un pequeño satélite, un salto gigante

ATENEA demostró que el tamaño no define el impacto. Con apenas 20x20x30 cm, logró algo histórico: comunicarse desde más lejos que cualquier otro objeto argentino.

Pero el verdadero logro es otro: probar que el país tiene la capacidad técnica, científica y humana para competir en la frontera del conocimiento.

Qué sigue ahora

Durante las próximas semanas, los equipos analizarán los datos recibidos para validar completamente la misión y preparar nuevos desarrollos.

Siguiente paso: convertir este hito en una plataforma para futuras misiones argentinas en el espacio profundo.

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Ciencia y Tecnología

¿SABÍAS QUÉ? La Luna sí tiene color, aunque no lo veamos

Aunque a simple vista parece gris, la Luna tiene colores reales que revelan su composición mineral y su historia geológica.

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CURIOSIDADES– A simple vista, la Luna parece completamente gris. Sin embargo, esto no refleja su verdadera naturaleza. La llamada Luna color es un fenómeno real basado en su composición química, aunque nuestros ojos no logran detectarlo con facilidad.

La superficie lunar tiene un albedo bajo (refleja apenas un 12% de la luz solar), lo que hace que la veamos tenue. Además, durante la noche predominan en nuestra visión los bastones —células sensibles a la luz pero no al color—, por lo que perdemos la capacidad de distinguir matices.

Sin embargo, cuando se utilizan cámaras especiales o técnicas de procesamiento digital, aparecen colores sorprendentes que revelan información científica clave.


 Luna color: qué significan los tonos

Los colores de la Luna color no son decorativos ni artificiales: están directamente relacionados con los minerales presentes en su superficie.

  • 🔵 Azules: indican alta concentración de titanio, especialmente en forma de ilmenita. Se encuentran en zonas volcánicas conocidas como “mares lunares”.
  • 🟠🔴 Naranjas y rojizos: corresponden a regiones más antiguas, con mayor presencia de hierro en basaltos formados hace miles de millones de años.
  • Blancos o claros: son las tierras altas, ricas en anortosita, un material con aluminio y calcio que refleja más luz.

Estos contrastes permiten a los científicos estudiar la historia geológica del satélite natural de la Tierra.


No es Artemis II: de dónde salen estas imágenes

Es importante aclarar que muchas de las imágenes virales de la Luna color no pertenecen a la misión Artemis II, a pesar de que esta misión sí logró en 2026 un récord de distancia para una nave tripulada y captó fotografías reales del satélite.

Las imágenes con colores intensos provienen en realidad de misiones anteriores como Clementine o Galileo, que utilizaron sensores multiespectrales para analizar cómo la superficie lunar refleja distintas longitudes de onda.

Luego, los científicos procesan esos datos para amplificar diferencias que existen, pero que son imperceptibles a simple vista.


Ciencia detrás de la Luna color

Las técnicas utilizadas se basan en el análisis espectral: cada mineral refleja la luz de manera diferente según su composición. Al combinar imágenes tomadas en distintos filtros, se pueden construir mapas que muestran variaciones químicas.

Esto permite identificar zonas ricas en titanio, hierro o aluminio sin necesidad de estar físicamente en la superficie lunar.

En otras palabras, las imágenes no “inventan” colores, sino que hacen visible lo invisible.

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Una paleta escondida a simple vista

La Luna color es un claro ejemplo de cómo la ciencia puede revelar aspectos ocultos de lo cotidiano. Aunque la veamos gris desde la Tierra, nuestro satélite natural es en realidad un mosaico de tonalidades que cuentan su historia.

Los colores siempre estuvieron ahí, pero necesitan de la tecnología para salir a la luz. Así, lo que parece simple a primera vista, en realidad esconde millones de años de evolución geológica.

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