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New START expira el tratado del arsenal nuclear

Se abre una etapa más peligrosa entre potencias mundiales

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La caducidad del último acuerdo New Start , que imponía límites verificables a las armas nucleares de Estados Unidos y Rusia deja al mundo sin un sistema de control entre las dos mayores potencias atómicas y acelera una nueva carrera estratégica marcada por el ascenso de China.

Este jueves expiró oficialmente el tratado New START (START III), el último gran acuerdo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. Sin prórroga ni un pacto que lo reemplace, el mundo queda por primera vez desde 1972 sin un marco estable de verificación y límites entre las dos potencias que concentran la mayor parte del arsenal nuclear global.

Firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvédev y prorrogado en 2021, el acuerdo era el último eslabón de más de medio siglo de tratados destinados a poner frenos a la competencia atómica entre Moscú y Washington.

Su final no implica que haya más bombas de manera inmediata, pero sí que desaparece la última regla compartida sobre cuántas armas nucleares estratégicas pueden estar desplegadas y listas para su uso.

Límites y controles que ya no existen

Hasta ahora, el New START establecía un tope de 1.550 cabezas nucleares desplegadas por país y fijaba límites para los principales sistemas de lanzamiento estratégicos: misiles balísticos intercontinentales, misiles lanzados desde submarinos y bombarderos pesados.

Además, incluía un sistema de transparencia y verificación basado en el intercambio periódico de datos, notificaciones obligatorias y hasta 18 inspecciones presenciales anuales por cada parte.

Ese mecanismo no sólo servía para controlar el tamaño de los arsenales, sino también para reducir el riesgo de malentendidos y sorpresas en un terreno extremadamente sensible.

Con la pandemia y, sobre todo, tras el inicio de la guerra en Ucrania, las inspecciones se congelaron y la cooperación se fue deteriorando, aunque el marco legal seguía en pie. Desde hoy, ese andamiaje desaparece por completo.

Un escenario más inestable

En los días previos al vencimiento, el Kremlin advirtió que la falta de un acuerdo vuelve al mundo “más peligroso”. Su portavoz, Dmitri Peskov, aseguró que Rusia mantenía una propuesta de negociación, aunque sin avances concretos.

Desde Washington, el presidente Donald Trump volvió a plantear que cualquier nuevo acuerdo debe incluir a China. Su administración considera que ya no es posible diseñar un sistema de control de armas válido para el siglo XXI sin la participación de Pekín.

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El secretario de Estado, Marco Rubio, insistió en las últimas horas en que el arsenal chino crece de forma acelerada y que un tratado moderno debe contemplar a ese país.

China, el factor que cambia el tablero

El final del New START deja al descubierto un problema central: los acuerdos bilaterales fueron concebidos para gestionar un duelo entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, y luego con Rusia. Ese esquema ya no refleja la realidad estratégica actual.

China, que durante décadas mantuvo una fuerza nuclear relativamente limitada, está ampliando su arsenal, su infraestructura y su capacidad de producción. Estimaciones occidentales sitúan su stock en torno a 600 ojivas, con un crecimiento sostenido en los últimos años.

Washington considera que Pekín es hoy el país que más rápidamente aumenta su arsenal nuclear, con un ritmo aproximado de unas 100 ojivas adicionales por año desde 2023. Para Estados Unidos, el desafío es ahora poder disuadir de manera simultánea a dos grandes rivales nucleares que, además, refuerzan su cooperación política y estratégica.

Sin embargo, China se niega a aceptar límites mientras su fuerza nuclear siga muy por debajo de la de Estados Unidos y Rusia. Pekín busca acercarse a una posición de paridad y mantiene una política de fuerte opacidad sobre cifras y despliegues.

Contactos diplomáticos sin avances

En paralelo al vencimiento del tratado, el presidente estadounidense Donald Trump mantuvo una conversación telefónica con su par chino, Xi Jinping. Según la Casa Blanca, abordaron temas como Taiwán, la guerra en Ucrania, el comercio y una visita oficial prevista para abril, sin referencias públicas a un futuro acuerdo nuclear.

Casi al mismo tiempo, Xi Jinping dialogó por videoconferencia con el presidente ruso, Vladimir Putin, para reafirmar la cooperación estratégica entre ambos países en un contexto internacional que describieron como crecientemente inestable.

El riesgo de una carrera sin límites

La desaparición del New START elimina el último candado legal sobre el tamaño de los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia, países que, juntos, concentran cerca del 87 % de las ojivas nucleares del planeta.

Expertos y organizaciones internacionales advierten que el mayor peligro no es sólo el aumento potencial de armas, sino la pérdida de canales formales de intercambio de información, notificación y diálogo.

Según la Iniciativa de Amenaza Nuclear (NTI), la ausencia de estos mecanismos incrementa el riesgo de errores de cálculo, malas interpretaciones y reacciones en cadena que podrían escalar rápidamente en una crisis.

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Sin datos compartidos ni inspecciones, los planificadores militares deberán basarse en estimaciones, que suelen inflarse por prudencia. En situaciones de tensión, esa falta de transparencia eleva el riesgo de confundir ejercicios militares con preparativos de ataque o de interpretar modernizaciones técnicas como cambios estratégicos decisivos.

Mensajes de fuerza y ensayos recientes

En los últimos meses, Moscú y Washington se han lanzado señales de poder en el terreno nuclear.

En octubre, Trump anunció su intención de retomar las pruebas nucleares, interrumpidas por Estados Unidos desde hace más de tres décadas, en respuesta a actividades militares de Rusia.

Entre los movimientos rusos más destacados se encuentran el lanzamiento del misil balístico intercontinental Yars, con un alcance aproximado de 12.000 kilómetros, y el desarrollo del misil de propulsión nuclear Burevéstnik.

Europa, bajo un paraguas más frágil

El fin del New START también tiene implicancias directas para la seguridad europea. El continente depende de la disuasión nuclear de la OTAN, sostenida en última instancia por el arsenal de Estados Unidos.

En Europa, sólo Francia y el Reino Unido poseen armas nucleares propias, diseñadas fundamentalmente para su defensa nacional.

La percepción de un compromiso estadounidense menos predecible o de un entorno estratégico más inestable refuerza la sensación de vulnerabilidad frente a Rusia. En este contexto, vuelven al centro del debate cuestiones como el refuerzo de las capacidades convencionales, la defensa antimisiles y la posible articulación más estrecha de las fuerzas nucleares francesa y británica dentro de una estrategia europea.

El único marco que sigue en pie

Tras la expiración del New START, el único gran acuerdo global que continúa vigente es el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), firmado por 190 países, entre ellos Estados Unidos, Rusia y los miembros de la OTAN.

El TNP busca impedir la proliferación de armas nucleares, promover el uso pacífico de la energía nuclear y fomentar el desarme. Sin embargo, no establece límites concretos ni calendarios obligatorios para las potencias nucleares reconocidas, y no incluye a todos los países que se considera que poseen este tipo de armamento, como Israel.

Con el fin del último tratado bilateral entre Washington y Moscú, el control del armamento nuclear entra en una nueva etapa marcada por la ausencia de reglas comunes entre las dos principales potencias atómicas y por el ascenso de China como actor decisivo en la arquitectura estratégica global.

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