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La casa de Moria salió de la vida real y llegó a Netflix: qué cambió la serie para recrear su universo más íntimo

La vivienda de Moria Casán en Parque Leloir tiene una estética tan particular que parecía imposible no llevarla a la ficción. Así fue la construcción visual del universo doméstico de “La One” y qué diferencias aparecen entre la casa real y el set de Netflix.

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FASHION- Cuando una persona construye durante décadas una vivienda alrededor de sus propios gustos, llevarla a una serie no significa simplemente copiar paredes, muebles y colores. En el caso de Moria Casán, el desafío era todavía mayor: su casa ya funciona como una escenografía.

La propia Moria explicó en distintas oportunidades que no le interesa decorar su vivienda de manera tradicional. Prefiere “escenografiarla”. La frase no es menor. Su living, las luces, las obras de arte, los objetos y los estampados forman parte de una puesta visual que parece pensada para una cámara.

Por eso, cuando Netflix decidió llevar su vida a la pantalla con Moria, la producción no necesitó inventar desde cero una estética. El universo visual ya existía.

La serie, estrenada el 14 de agosto de 2026, fue creada y dirigida por Javier Van de Couter y producida por About Entertainment. Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth interpretan distintas etapas de la vida de Moria.

Y allí aparece uno de los aspectos más interesantes: la casa real y la casa de ficción se parecen en espíritu, pero no necesariamente son la misma casa.

El set: una casa pensada para la cámara

La producción trabajó con locaciones de Buenos Aires y San Isidro, además de sets construidos para recrear diferentes momentos de la historia de Moria. Durante el rodaje también se utilizaron espacios exteriores y escenarios especialmente preparados para reproducir la época dorada del espectáculo argentino.

El trabajo de dirección de arte estuvo a cargo del equipo de Cornascavia, un dúo de diseñadores de producción radicado en Buenos Aires que incluye a Moria entre sus trabajos para Netflix y About Entertainment.

Esto permite entender una diferencia fundamental.

El set no tenía como única misión parecerse a una casa. Tenía que contar una historia.

En una vivienda real existen espacios que funcionan para la vida cotidiana. En una ficción, cada pared puede servir para ubicar un personaje, cada lámpara puede modificar el clima de una escena y cada objeto puede convertirse en una referencia temporal.

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Por eso, la casa que aparece en la serie debe entenderse como una interpretación artística del universo de Moria.

La casa real: maximalismo, arte y naturaleza

La vivienda de Moria en Parque Leloir tiene alrededor de 300 metros cuadrados cubiertos y un importante espacio verde. Distintas publicaciones describieron una propiedad de dos plantas rodeada por jardín, pileta, obras de arte y una enorme cantidad de objetos decorativos.

El exterior es uno de los grandes protagonistas.

La pileta climatizada ocupa un lugar central en el parque. A su alrededor aparecen vegetación, esculturas, flores y sectores para descansar. También se conocieron imágenes de una pérgola y de una mesa de vidrio acompañada por sillas de estética particular.

Pero es el interior el que mejor explica la personalidad de la propiedad.

Animal print, luces de neón, obras de arte, esculturas, objetos coleccionables y muebles de diferentes estilos conviven en los ambientes.

Moria incluso contó que algunas obras están ubicadas en lugares poco habituales, como el techo, porque ya no tenía espacio suficiente en las paredes.

La vivienda, entonces, no responde a una única corriente estética.

Es clásica, kitsch, teatral, extravagante, colorida y, al mismo tiempo, profundamente personal.

¿Qué tomó la serie de la casa verdadera?

La comparación más interesante aparece en los elementos visuales.

En las imágenes promocionales de Netflix se observan ambientes con animal print, iluminación cálida, muebles cargados de personalidad y una estética deliberadamente teatral. Una de las imágenes muestra a Moria interpretada por una actriz sentada sobre un sofá con estampado animal, rodeada por una ambientación que remite directamente al universo visual que Casán construyó durante décadas.

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Ese recurso parece deliberado.

No se trata solamente de poner un sofá de leopardo para que el público diga “esto es Moria”. La producción construye una identidad visual basada en la acumulación.

En la casa verdadera, los objetos se acumulan porque forman parte de la vida de Moria. En el set, esa acumulación tiene además una función narrativa.

La diferencia es sutil, pero fundamental.

La casa real es una acumulación de experiencias.

La casa de la serie es una acumulación de signos que representan esas experiencias.

Realidad y ficción: dos versiones del mismo universo

La casa real también tiene una característica que la ficción difícilmente puede reproducir por completo: el jardín.

El verde de Parque Leloir funciona como una extensión natural de la vivienda. Las grandes aberturas conectan los interiores con el parque y la pileta, mientras que la vegetación aporta privacidad y una sensación de refugio.

En la serie, en cambio, el espacio doméstico necesita estar subordinado a la narración.

La cámara tiene que encontrar ángulos.

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Los personajes tienen que desplazarse.

La iluminación debe responder a cada escena.

Y los objetos deben tener una lectura inmediata.

Por eso, aunque la casa de la ficción conserve el ADN de la vivienda real, necesariamente se vuelve más cinematográfica.

La gran coincidencia: Moria siempre pensó su casa como un set

Aquí aparece quizás la conclusión más llamativa de toda la comparación.

Netflix no tuvo que convertir una casa convencional en un escenario extravagante.

Moria ya había convertido su casa en una escenografía.

En 2024, durante un recorrido por su vivienda, la propia artista explicó que cambia constantemente los ambientes y que prefiere “escenografiar” antes que decorar. También contó que se comunica especialmente con las luces y mostró una vivienda repleta de obras y esculturas.

Eso explica por qué la estética de la serie parece natural cuando se la compara con las imágenes de Parque Leloir.

El lenguaje visual de la ficción no nace exclusivamente de la imaginación de los diseñadores.

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Nace, en buena medida, de la propia Moria.

Pileta, neón y animal print: lo que la cámara necesitaba

Hay tres elementos que permiten entender rápidamente la diferencia entre ambos mundos: la pileta, el neón y el animal print.

La pileta existe en la vivienda real y se convirtió durante años en uno de los sectores más fotografiados de la propiedad. La casa también tiene una fuerte presencia de iluminación artificial y estampados animales.

En la ficción, esos elementos funcionan como códigos.

El animal print remite inmediatamente a la personalidad pública de Moria.

Las luces de colores aportan teatralidad.

Los objetos recargados transmiten exceso.

Y los espacios amplios permiten construir una atmósfera de diva.

La serie, en definitiva, no parece buscar una reproducción arquitectónica exacta. Busca algo más difícil: que el espectador sienta que está dentro del universo de Moria.

Una casa real demasiado cinematográfica

La comparación entre la casa de Moria y el set de Netflix deja una conclusión clara.

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La ficción toma elementos reconocibles de la estética real, pero los reorganiza para que funcionen dentro de una narración audiovisual. El resultado no es una réplica inmobiliaria de Parque Leloir.

Es una versión dramática.

La casa real tiene historia, objetos acumulados, recuerdos y decisiones tomadas a lo largo de décadas. El set necesita condensar todo eso en pocos planos.

Y allí está el mayor acierto de la propuesta.

La serie entendió que para representar a Moria no alcanzaba con copiar su flequillo, sus frases o sus vestidos.

Había que reproducir su manera de mirar el mundo.

Por eso, entre una pared con animal print, una luz de neón, una obra de arte, un sofá extravagante y una pileta rodeada de verde, existe un hilo conductor.

En Parque Leloir está la casa que Moria habitó.

En Netflix aparece la casa que la ficción imaginó para contar quién es Moria.

Y entre las dos hay una coincidencia fundamental: en ambas, vivir y hacer espectáculo parecen ser prácticamente la misma cosa.

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