Ciencia y Tecnología
28 de Julio: Hoy se acaban los recursos de la tierra
El Día del sobregiro de la Tierra, el día en que la humanidad consumió todos los recursos que la Tierra es capaz de regenerar en un año.
Hoy 28 de julio de 2022 terminan los recursos naturales disponibles para todo el año. Es el Día de Sobrecapacidad de la Tierra, por lo que, de aquí a final de 2022, el planeta estará en números rojos. Así denuncia la oenegé WWF. Esta señala que para seguir el ritmo requerido por la humanidad en todo el año, son necesarios los recursos que pueden ofrecer casi dos Tierras.
El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, 28 de Julio, es la fecha en la que la demanda de recursos y servicios ecológicos de la humanidad en un año concreto supera lo que la Tierra puede regenerar en ese año. Esa fecha es calculada por la Global Footprint Network, una organización de investigación internacional que ofrece a los tomadores de decisiones un menú de herramientas para ayudar a la economía humana a operar dentro de los límites ecológicos de la Tierra, analizando la evolución mundial de dos parámetros: la biocapacidad (o capacidad de regeneración biológica) y la huella ecológica (nuestra demanda de recursos).

Alrededor de un tercio de los alimentos del mundo – 1.300 millones de toneladas al año – se pierde o se desperdicia.
28 de Julio, Balance de cuentas
El Día se creó en 2006 y pretende calcular el número de días que el ecosistema necesita para restablecer sus recursos biológicos gastados; así poder absorber los residuos producidos en un año. Esto da cuenta de la huella ecológica de la humanidad.
Global Footprint Network (GFN), elabora el dato anual junto con el grupo ecologista WWF, y compara el cálculo con un resumen bancario que registra los ingresos frente a los gastos. Para ello, se utilizan miles de datos de la ONU sobre recursos como: bosques biológicamente productivos, tierras de pastoreo, tierras de cultivo, zonas de pesca y áreas urbanas. El recuento se compara con la demanda de esos recursos naturales, entre ellos los alimentos de origen vegetal, la madera, el ganado, la pesca y la capacidad de los bosques para absorber las emisiones de dióxido de carbono.
En la actualidad, la humanidad utiliza un 74 por ciento más de lo que los ecosistemas globales pueden regenerar. Para seguir viviendo como lo hacemos ahora, necesitaríamos los recursos de 1,7 Tierras. Y esto no parece que vaya a cambiar pronto. Según la Agencia Internacional de la Energía, las emisiones de CO2 relacionadas con el sector energético, en particular con los combustibles fósiles como el carbón, aumentarán un 4,8 por ciento este año con respecto a los niveles de 2020.
El nivel de consumo de recursos naturales es diferente en cada país
Este agotamiento de los recursos no es equitativo a nivel mundial. No todos los países tienen el mismo nivel de consumo.
En Argentina: Durante los próximos 6 meses, estaremos consumiendo a crédito, los recursos futuros, al utilizar la biocapacidad o presupuesto ecológico previsto para todo el 2022.
Algunas causas:
La desertificación de la Patagonia, la deforestación en el Gran Chaco, la sobrepesca y el descarte pesquero en nuestro mar; la contaminación de arroyos y ríos, la baja en la productividad de la zona núcleo, son parte de la «deuda ambiental» que generamos. Esta deuda que se va acumulando para más adelante hasta que, en un momento determinado, puede volverse insostenible.
La responsabilidad del sistema de producción de alimentos
Pierre Cannet, de WWF France, explica que “una gran parte de los alimentos y las materias primas se utilizan para alimentar a los animales, los animales que se consumen después».
Ambas ONG detallan «la agricultura contribuye a la deforestación, al cambio climático mediante la emisión de gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas, al tiempo que utiliza una proporción significativa de agua dulce» . Basados en asesoramiento científico, abogan por reducir el consumo de carne en los países ricos.
«Si pudiéramos reducir el consumo de carne a la mitad, podríamos mover la fecha de la Sobrecapacidad de la Tierra por 17 días», resaltó Laetitia Mailhes de Global Footprint Network.
Galli sostiene en cambiar “la inercia” que mueve a los humanos y que «ha acostumbrado a hacer las cosas de una determinada manera». Apostar por nuevas formas de producir alimentos, así como de moverse y de ocupar el territorio.
No obstante, Galli no ve, por ahora, que haya la voluntad política necesaria para ello.
El mundo entra en “números rojos” de recursos naturales desde este jueves, Día de la Sobrecapacidad de la Tierra, una fecha que (según Global Footprint Network) cada década desde 1970 se ha adelantado un mes.https://t.co/NUffyoQK4v
— EFEverde (@EFEverde) July 28, 2022
Ciencia y Tecnología
Un gigante enterrado bajo tierra: el “secreto” geológico de Venezuela
No es solo que tiene petróleo lo que la coloca en una liga global única.
Desde los Andes hasta el río Orinoco, Venezuela es un caso excepcional en la geografía del petróleo. No es solo que tiene petróleo —es qué tipo, cuánto, cómo y dónde está— lo que la coloca en una liga global única.
A diferencia de otros países petroleros, la historia geológica y estructural de Venezuela permitió que enormes cantidades de materia orgánica se acumularan y se transformaran durante millones de años en hidrocarburos. El resultado: más de 300.000 millones de barriles en reservas probadas, casi un quinto del total mundial, superando incluso a Arabia Saudita.
1. La Faja Petrolífera del Orinoco: la “supercuenca” de crudo pesado
La razón principal por la que Venezuela domina este ranking no está en pequeñas áreas dispersas, sino en un solo megayacimiento:
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La Faja Petrolífera del Orinoco se extiende unos 600 km de largo y 70 km de ancho en el centro-este del país.
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Contiene crudo extra-pesado y pesado, que representa el grueso de las enormes reservas venezolanas.
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Se estima que el volumen total en esa franja podría sobrepasar los 1,2 billones de barriles en sitio, de los cuales una gran parte —más de 300.000 millones— ha sido clasificada como probablemente recuperable con tecnología actual.
«La Faja del Orinoco alberga uno de los mayores reservorios de crudo del planeta, con más de 270.000 millones de barriles recuperables”.
Fuente BBC
2. ¿Qué hace tan especial esa cuenca?
La geografía y geología de Venezuela confluyen de forma inusual:
Geología profunda:
Venezuela se asienta entre antiguos escudos continentales y cuencas sedimentarias jóvenes. Esta combinación rara creó espacios ideales para que enormes cantidades de materia orgánica se depositaran y, con el tiempo, se convirtieran en petróleo.
Relieve y clima:
El país presenta grandes llanuras sedimentarias (donde se almacena crudo) flanqueadas por las montañas de los Andes al oeste, lo que influyó tanto en la acumulación como en la preservación de hidrocarburos. Este sistema topográfico ayudó a sellar y proteger los reservorios durante millones de años.
3. El petróleo venezolano: ¿por qué es diferente?
A diferencia del crudo ligero de Oriente Medio, el petróleo venezolano es extra-pesado y ácido:
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Tiene alta densidad y mayor contenido de azufre, lo que lo hace más difícil y caro de refinar.
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Aún así, posee valor estratégico porque es ideal para producir diésel, asfaltos y combustibles industriales.
90 % del crudo extra-pesado del mundo se concentra en la Faja del Orinoco.
4. Reservas gigantes, producción modesta
Aunque Venezuela tiene las mayores reservas del planeta, hoy no produce al nivel esperado:
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La producción diaria ronda poco más de 800-900 mil barriles, muy por debajo de los 3,5 millones que llegó a alcanzar en los años 1970.
-
Esto se debe a factores técnicos y económicos, infraestructura envejecida y sanciones internacionales.
“Venezuela posee cerca del 17 % de las reservas petroleras globales… pero su producción actual está muy por debajo de su potencial geológico”.
Tierra, tiempo y tectónica
La geografía de Venezuela es especial porque combinó:
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Relieve montañoso y grandes cuencas sedimentarias,
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Una historia tectónica favorable para la acumulación orgánica,
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Reservorios colosales preservados bajo sellos naturales,
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Y, sobre todo, la existencia de la Faja Petrolífera del Orinoco, la mayor reserva comprobada del mundo.
Para transformar este potencial geológico en energía útil y crecimiento económico, Venezuela necesita inversiones tecnológicas y modernización de infraestructura que permitan explotar de manera eficiente estos recursos ricos pero complejos.
Ciencia y Tecnología
Chubut hace historia: una ballena azul aparece por primera vez en Patagonia Azul
Cuando el océano todavía guarda sorpresas que pueden cambiarlo todo
En un mundo donde la degradación de los océanos avanza más rápido que su protección, como la aparición de una ballena azul, puede alterar años de planificación ambiental. Eso ocurrió en Chubut: por primera vez desde su creación, el Parque Provincial Patagonia Azul registró la presencia de una ballena azul, el ser vivo más grande que haya habitado el planeta.
No es solo una foto impactante. Es una señal biológica. Un mensaje silencioso que indica que este tramo del Mar Argentino podría ser más importante de lo que se pensaba para la supervivencia de una especie al borde del colapso global.“Que una ballena azul aparezca en estas aguas confirma que el corredor marino patagónico es estratégico a escala regional.”
Un avistaje que no estaba en los planes
El hallazgo ocurrió durante una salida técnica de fotoidentificación liderada por el equipo de conservación de Rewilding Argentina, bajo un proyecto de investigación autorizado por la Secretaría de Ambiente provincial.
La expedición estaba enfocada en el monitoreo de ballenas jorobadas y sei, especies habituales en esta época del año. A bordo se encontraba el biólogo Tomás Tamagno, quien fue testigo directo del momento en que un cuerpo descomunal rompió la superficie del mar.
A pocos minutos de navegación, el equipo ya había detectado saltos de ballenas jorobadas alrededor de la embarcación. Sin embargo, una silueta diferente cambió por completo la lectura de la jornada.
El tamaño, la coloración azul grisácea y la forma de la aleta dorsal no dejaron dudas. Tras un acercamiento prudente para documentar el animal, el equipo confirmó lo inesperado: se trataba de una ballena azul.
El ejemplar se desplazaba con rapidez mar adentro. El encuentro fue breve, pero suficiente para obtener material fotográfico que permitió validar científicamente el registro.
Dimensiones que rompen cualquier escala conocida
Para entender la magnitud real del hallazgo, basta con ponerlo en números. En la misma zona donde se realizó el avistaje, las ballenas jorobadas —las más observadas en el parque— alcanzan en promedio 16 metros y pesan entre 25 y 35 toneladas. Es decir: la ballena azul casi duplica su longitud y cuadruplica su masa.
Los investigadores sostienen que el ejemplar observado probablemente pertenezca a la subespecie antártica, distribuida en el hemisferio sur y actualmente clasificada como en peligro de extinción.
Este detalle no es menor. La ballena azul antártica fue una de las más castigadas por la caza industrial durante el siglo XX, y sus poblaciones nunca lograron recuperarse de forma plena.
Patagonia Azul como corredor marino: por qué este registro cambia la gestión ambiental
Hasta ahora, el Parque Provincial Patagonia Azul era reconocido principalmente por su valor costero, su biodiversidad bentónica y su rol para aves y mamíferos marinos de menor tamaño. La presencia confirmada de una ballena azul reconfigura ese mapa.
Este registro sugiere que el área podría funcionar como:
-
corredor de tránsito para grandes cetáceos,
-
posible zona de alimentación,
-
o espacio de descanso durante desplazamientos de largo alcance.
La ballena azul recorre miles de kilómetros en mar abierto. En ese trayecto enfrenta amenazas constantes: colisiones con buques, contaminación acústica, reducción del krill —su principal alimento— y alteraciones oceanográficas asociadas al cambio climático.
Desde una mirada de política ambiental, este tipo de registros tiene una consecuencia directa: habilita argumentos técnicos para fortalecer las áreas marinas protegidas existentes y, sobre todo, para diseñar nuevas zonas de amortiguamiento.
Una especie todavía llena de incógnitas en el Mar Argentino
A diferencia de otras ballenas barbadas, como la jorobada o la franca austral, la ballena azul presenta patrones de movimiento menos predecibles en el Atlántico sudoccidental.
Se alimenta durante todo el año y puede ingerir varias toneladas diarias de krill. Sin embargo, aún se desconoce con precisión:
-
cuáles son sus principales zonas de alimentación en aguas argentinas,
-
si utiliza sectores costeros de manera regular,
-
o si estos avistajes responden a cambios recientes en la distribución del alimento.
El hecho de que haya sido observada relativamente cerca de la costa en aguas de Chubut abre una nueva línea de investigación.
En términos científicos, no se trata de una simple observación anecdótica. Se trata de un punto de referencia que deberá integrarse a bases de datos regionales y modelos de uso del hábitat.
Hermosa ballena azul pic.twitter.com/0SPUughGVa
— Enséñame de Ciencia (@EnsedeCiencia) January 10, 2026
Un hito para la conservación: qué se puede hacer a partir de ahora
El avistaje llega en un momento clave. Las poblaciones de ballena azul del hemisferio sur siguen siendo frágiles. La caza comercial del siglo pasado redujo sus números a niveles críticos, y la recuperación avanza con extrema lentitud.
Este nuevo registro habilita, al menos, cinco acciones concretas:
1. Ajustar las zonas de monitoreo marino
Incorporar el sector del avistaje como área prioritaria en los programas de seguimiento de grandes cetáceos.
2. Fortalecer protocolos de navegación
Revisar velocidades máximas y rutas de embarcaciones en sectores sensibles para reducir el riesgo de colisiones.
3. Integrar a Patagonia Azul en redes internacionales
Vincular el parque con programas de monitoreo regional del Atlántico sur para intercambiar datos de fotoidentificación.
4. Ampliar campañas de ciencia ciudadana costera
Capacitar a operadores turísticos, pescadores y navegantes recreativos para reportar avistajes con protocolos estandarizados.
5. Usar el caso como herramienta de política pública
El registro puede ser utilizado como respaldo técnico para la expansión de áreas marinas protegidas en el litoral patagónico.
El próximo paso es ahora
La aparición de una ballena azul en Patagonia Azul no es una postal exótica ni un hecho aislado para redes sociales. Es una oportunidad científica y política.
El siguiente paso es claro: transformar este avistaje en información sistemática, decisiones de gestión y protección efectiva del corredor marino patagónico. Sin inversión sostenida en monitoreo, regulación de actividades y cooperación regional, este gigante podría volver a desaparecer de nuestras aguas sin que siquiera lo notemos.
El océano ya dio la señal. Ahora, la respuesta depende de nosotros.
Ciencia y Tecnología
El hongo del Amazonas que se alimenta de plástico y podría cambiar para siempre la lucha contra la contaminación
Un hongo del Amazonas que se alimenta de plástico y degrada poliuretano sin oxígeno abre una nueva vía biotecnológica contra la contaminación.
Un hongo del Amazonas que se alimenta de plástico y degrada poliuretano sin oxígeno abre una nueva vía biotecnológica contra la contaminación. Cada bolsa enterrada, cada envase descartado y cada fragmento invisible que flota en ríos y mares comparte un destino incómodo: seguir existiendo durante décadas o siglos.
Ahí aparece un descubrimiento que sacude a la ciencia ambiental: un hongo amazónico capaz de alimentarse de poliuretano, uno de los plásticos más resistentes de la industria moderna, incluso en condiciones sin oxígeno.
El hallazgo, realizado en la selva ecuatoriana, no es solo una curiosidad biológica. Para la biotecnología, representa un posible cambio de paradigma en la forma de tratar la contaminación. Por primera vez, un organismo demuestra que puede usar un plástico industrial como única fuente de energía.
Este microorganismo fue descripto originalmente en 1880 por el micólogo argentino Carlos Luigi Spegazzini, pero su capacidad para degradar plástico recién se confirmó más de un siglo después, en investigaciones realizadas por la Universidad de Yale.
El escenario del hallazgo no es menor: la Amazonas, uno de los ecosistemas más complejos y aún menos explorados del planeta.
Qué hace realmente este hongo y por qué es tan distinto
Lo que vuelve extraordinario a este organismo no es solo que degrade plástico, sino cómo lo hace.
A diferencia de otros microorganismos que requieren oxígeno para iniciar procesos de degradación, este hongo puede metabolizar poliuretano en ambientes anaeróbicos, es decir, donde prácticamente no hay oxígeno. Esto lo convierte en un candidato ideal para actuar en:
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capas profundas de basurales,
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vertederos industriales sellados,
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rellenos sanitarios con escasa circulación de aire.
El mecanismo es bioquímico: produce enzimas específicas que funcionan como verdaderas “tijeras moleculares”, capaces de romper las largas cadenas del polímero y transformarlas en compuestos simples que el hongo utiliza como fuente de energía. No solo degrada el plástico: lo integra a su propio metabolismo.
Caso concreto: por qué el poliuretano es el objetivo más difícil
El poliuretano está presente en:
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espumas aislantes,
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tapizados,
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colchones,
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componentes industriales.
Se trata de un material extremadamente estable, diseñado para resistir humedad, calor y degradación biológica. Por eso, hasta ahora, su reciclado era casi exclusivamente mecánico o químico, con altos costos energéticos.
Este hongo logra lo que la mayoría de los procesos industriales no puede: romper el polímero sin temperaturas extremas ni reactivos contaminantes.
El verdadero salto: de un hongo en la selva a plantas de reciclaje biológico
El impacto potencial no está en liberar colonias del hongo en la naturaleza. De hecho, los investigadores coinciden en que esa no es la vía correcta.
El objetivo actual de los centros de biotecnología es aislar las proteínas responsables del proceso y reproducir esas enzimas en laboratorio.
¿Por qué es clave esta estrategia?
Porque permitiría:
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aplicar el proceso de degradación sin introducir especies externas en ecosistemas locales,
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controlar tiempos de reacción,
-
escalar la tecnología a nivel industrial.
“El futuro no es un basural lleno de hongos, sino reactores biológicos controlados”.
Ejemplo real de aplicación posible
Una planta de tratamiento de residuos podría incorporar biorreactores con enzimas derivadas de este hongo para:
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pretratar residuos plásticos antes del reciclado,
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degradar restos de poliuretano no reciclable,
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reducir el volumen de material que termina enterrado.
Según estimaciones internacionales, hoy menos del 10% del plástico producido a nivel global se recicla efectivamente.
Ese dato explica por qué la biotecnología está buscando alternativas fuera del modelo tradicional.
- Menos del 10% del plástico mundial logra reciclarse mediante sistemas convencionales.
Una tecnología con impacto directo sobre microplásticos y suelos contaminados
Uno de los frentes más sensibles es la contaminación por microplásticos. Al fragmentarse, los polímeros no desaparecen: se dispersan.
Los investigadores señalan que las enzimas de este hongo podrían, en el futuro, utilizarse para:
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tratar sedimentos contaminados,
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intervenir suelos saturados de residuos industriales,
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reducir la carga plástica en aguas altamente degradadas.
Su capacidad para funcionar en condiciones extremas —bajo oxígeno, alta concentración de residuos y ambientes cerrados— abre una puerta que hasta ahora estaba prácticamente cerrada para la biotecnología ambiental.
Caso de estudio: basurales profundos
En los rellenos sanitarios, la falta de oxígeno convierte a los plásticos enterrados en un problema casi permanente. La posibilidad de actuar directamente en esos estratos profundos permitiría:
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disminuir la vida útil de los polímeros enterrados,
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reducir la generación futura de microplásticos,
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limitar la migración de residuos hacia napas subterráneas.
Lo que todavía falta para que esta tecnología llegue a la calle
A pesar del entusiasmo, los propios científicos advierten que todavía son necesarios:
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ensayos de bioseguridad,
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pruebas de estabilidad de las enzimas,
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evaluaciones de impacto ambiental indirecto.
El principio bioquímico ya fue probado en condiciones controladas. Lo que resta es transformar un fenómeno natural en una herramienta industrial confiable.
Aquí aparece una conclusión incómoda pero realista: no existe una solución mágica para la contaminación plástica, pero sí tecnologías que pueden empezar a cambiar el tablero.
Conclusiones accionables
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El mayor potencial de este hongo no es ecológico, sino industrial y tecnológico.
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La clave no es liberar organismos, sino replicar sus enzimas de forma segura.
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Los municipios y empresas que gestionan residuos deberían comenzar a seguir de cerca el desarrollo de biorreactores aplicados a plásticos complejos.
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