Sociedad
SI ESTÁS MANEJANDO, Y SE CRUZA UN PERRO, FRENÁ
Los accidentes de tránsito que involucran animales callejeros son una realidad silenciosa. Entre la falta de conciencia, la velocidad y el abandono, los perros pagan con su vida el descuido humano.
En rutas, autopistas, barrios y hasta en calles céntricas, la escena se repite: un perro cruza la calle, un auto no frena, y el final suele ser trágico. En Argentina, los perros atropellados son una estadística que no suele tener lugar en los informes oficiales, pero que cualquiera que recorra la vía pública podrá comprobar con sus propios ojos.
Veterinarios, proteccionistas y organizaciones animalistas advierten sobre un problema que crece con la circulación vehicular y la urbanización: el atropello de perros, muchos de ellos en situación de calle, otros escapados o simplemente mal controlados por sus dueños.
Cifras que duelen
No existen estadísticas nacionales oficiales que indiquen cuántos perros mueren atropellados por año en Argentina, pero los refugios y centros veterinarios dan cuenta de una situación alarmante. Según datos recabados por asociaciones como El Campito Refugio y Patitas en la Calle, solo en el AMBA se registran cientos de casos mensuales. A nivel país, se estima que más de 50.000 perros son atropellados por vehículos cada año.
En Santa Fe no existen cifras oficiales sobre perros atropellados. Lo más cercano a datos públicos es el récord de 74.500 intervenciones a animales de compañía realizadas por el municipio, incluidas rescates en vía pública, heridos o abandonados. Sin embargo, no se sabe cuántos de esos casos corresponden específicamente a perros atropellados.*
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Consultar a IMuSA o Zoonosis de la Municipalidad, y a Áreas de Tránsito, sobre registros interno
Muchos mueren en el acto, otros agonizan sin que nadie los asista. Los más afortunados son rescatados por organizaciones que hacen lo que el Estado no: los curan, los rehabilitan y los dan en adopción.
Velocidad, desinterés y falta de empatía
El problema no es solo que haya perros sueltos, sino que muchas personas no frenan. Algunos incluso los esquivan como si fueran obstáculos sin vida. No se trata de un accidente inevitable, muchas veces es desidia.
Los especialistas coinciden en que, en la mayoría de los casos, frenar a tiempo podría evitar el impacto. Pero la combinación de velocidad excesiva, uso del celular y falta de empatía resulta letal.
La ley y el abandono
La Ley 14.346 de Maltrato Animal contempla penas para quienes causen daño intencional a los animales. Sin embargo, cuando se trata de un atropello, las denuncias raramente prosperan. El sistema judicial exige pruebas, testigos y peritajes que son casi imposibles de conseguir en la mayoría de los casos.
Por otro lado, el problema estructural también tiene que ver con la sobrepoblación canina y el abandono, que sigue siendo altísimo en todo el país. Sin campañas de castración sostenidas y políticas públicas de adopción responsables, los perros seguirán en las calles, expuestos a todo tipo de peligros.
La historia de Jack y Piri
Jack no fue un perro más. Fue hijo de Piri, una perra que encontramos con un grupo de amigos rumbo al Uritorco, en un viaje que cambió muchas cosas. Caminaba al costado de la ruta, cerca de San Francisco, junto a otro perro. Paramos el auto, y entre risas y una mezcla de asombro y ternura, decidimos llevarla con nosotros. En una cajita de cartón viajó hasta unas cabañas frente al cerro, donde pasó una semana mágica. Era una cachorra blanca, juguetona, con alma aventurera. Su primer ladrido fue al ver una vaca en lo alto de la montaña. Ahí nació Piri. Su nombre vino de “Pirucha”, por lo loca y alegre que era.
Piri fue una revelación. Me mostró que Dios está en los animales, en los amigos, en lo simple. Fue tan fuerte ese vínculo, que terminé cambiando mi forma de ver la vida,. Años después, Piri tuvo un solo cachorro: Jack. Su hijo. Nuestro compañero, el de toda la familia.
Jack creció con ese mismo espíritu libre y tierno. No habia un solo día que Jack no se alegrara de verte, de ir o venir, o solo de hacerte compañía en silencio. Lo increíble, lo simbólico, es que Jack murió el 2 de junio, el Día Nacional del Perro. Como si se despidiera dejando un mensaje. Obvio que fue un final tragico, pero con el alivio que vivió a cada segundo una vida feliz, llena de abrazos, besos y mucha comida.
Si ves un perro cruzando… pensá en Jack
Esa fecha no fue un final: fue un comienzo. Ese día entendí que Jack no se fue: se convirtió en una causa.
Desde entonces, cada vez que veo un perro solo en la calle, pienso en él. Y cada vez que escucho un auto pasar rápido sin mirar, me duele. Porque ese perro podría haber sido Jack. O el tuyo. O simplemente un alma inocente que no merecía morir así.
Si estás manejando, y se cruza un perro, frená.
No cuesta tanto. Y puede cambiarlo todo.
Max!