Salud y Bienestar
Cleptomanía: el trastorno psicológico silenciado por el estigma y la culpa
Se trata de una motivación la conducta que brinda una sensación momentánea de alivio o gratificación
Madrid, 15 de junio de 2025 – A comienzos de los 2000, el caso de la actriz Winona Ryder acaparó titulares en todo el mundo tras ser filmada robando en unos grandes almacenes. Aunque ella nunca habló públicamente de cleptomanía, el episodio puso sobre la mesa un trastorno poco comprendido, altamente estigmatizado y escasamente investigado por la ciencia: la cleptomanía.
Este trastorno, catalogado dentro de los trastornos del control de los impulsos, se caracteriza por un impulso irresistible de robar objetos que no se necesitan y que, en muchos casos, carecen de valor para quien los sustrae. No se trata de una motivación económica, sino de una conducta que brinda una sensación momentánea de alivio o gratificación, seguida casi siempre por culpa, vergüenza y angustia.
Un impulso que contradice los propios valores
La psicóloga e investigadora Lucero Munguía, del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell), lo define como un comportamiento egodistónico, es decir, contrario a los propios valores. “Antes del robo, la persona experimenta una tensión emocional intensa. Robar alivia esa tensión, pero el alivio es pasajero. Luego aparece el malestar, porque es una conducta que se vive como negativa y desalineada con los propios principios”.
En su reciente estudio publicado en Scientific Reports, Munguía y su equipo destacan que la cleptomanía está probablemente subdiagnosticada. Aunque se estima que afecta entre el 0,3% y el 2,6% de la población, muchas personas ocultan su condición por temor al juicio social. También es notable que el 75% de los diagnósticos corresponden a mujeres.
Múltiples causas: biología, impulsividad y emociones
La cleptomanía no tiene una única causa. Según el psiquiatra Luis Gutiérrez, miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría, está asociada a un déficit en la serotonina, un neurotransmisor clave en la regulación de impulsos. A ello se suman factores genéticos, psicológicos y emocionales. Por eso, el tratamiento suele combinar fármacos serotoninérgicos, antiepilépticos y terapia psicológica.
Munguía señala además que muchos pacientes presentan trastornos asociados, como trastorno obsesivo-compulsivo, adicciones, trastornos de la alimentación o TDAH. En estos casos, el robo aparece como una forma de autorregulación emocional frente a situaciones dolorosas o estresantes. “No resuelve el problema, pero se convierte en una vía de escape momentánea”, explica.
Dos perfiles: impulsivo y compulsivo
El estudio del Idibell también revela que hay dos perfiles diferenciados dentro de la cleptomanía:
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Impulsivo: la conducta busca una gratificación inmediata. La persona actúa sin pensar, guiada por la expectativa de una sensación placentera.
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Compulsivo: el acto responde a la necesidad de reducir un malestar intenso. No es placer lo que se busca, sino alivio.
Este hallazgo puede ser clave para diseñar tratamientos más eficaces. Por ejemplo, con pacientes impulsivos se trabaja en la evitación de estímulos desencadenantes, mientras que en casos compulsivos se aplican técnicas de exposición gradual para que la persona aprenda a enfrentar las emociones sin ceder al impulso.
Una enfermedad silenciada
Uno de los grandes desafíos es el estigma. La mayoría de los pacientes llegan a consulta tarde, muchas veces obligados tras problemas legales o como parte de diagnósticos asociados. Según Susana Jiménez-Murcia, jefa de Psicología Clínica del Hospital de Bellvitge, más del 65% de los pacientes abandonan el tratamiento y muchos ni siquiera reconocen su trastorno por la vergüenza que les produce.
La presión social, los prejuicios y la burla pública —como ocurrió con el caso de Ryder, convertido en meme durante años— agravan el sufrimiento y alejan a las personas de pedir ayuda. “La cleptomanía no es un capricho ni una picardía. Es un trastorno real y doloroso que puede tener consecuencias devastadoras si no se trata”, remarca Gutiérrez.
Un llamado a la comprensión
La cleptomanía suele comenzar en la adolescencia, etapa crítica en la que también se forjan otros comportamientos impulsivos. “Si no se contiene a tiempo, puede derivar en trastornos más severos: adicciones, depresión, conductas violentas o problemas con la ley”, advierte el psiquiatra.
Las investigadoras del Idibell insisten en la necesidad de visibilizar el trastorno, invertir en más investigación y mejorar los enfoques terapéuticos. “Detrás de cada conducta hay una persona que está sufriendo. Necesitamos dejar de juzgar y empezar a comprender”, concluye Munguía.
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