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Citan a indagatoria a Cristian Graf por el crimen de Diego Fernández Lima, ocurrido hace 41 años en la casa de Cerati

El hallazgo de huesos humanos en una vivienda de Coghlan reabrió un caso que permaneció en las sombras durante cuatro décadas

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El fiscal Martín López Perrando citó a indagatoria a Cristian Graf, excompañero de colegio de Diego Fernández Lima, luego de que en mayo pasado se hallaran restos humanos en la casa donde vive su familia, en el barrio porteño de Coghlan. Las pruebas confirmaron que pertenecen al adolescente desaparecido en 1984.

El hallazgo que reactivó la causa

El 20 de mayo de 2025, obreros que realizaban trabajos en una propiedad de avenida Congreso 3742 encontraron restos óseos enterrados en el jardín, a metros de la que fuera la casa de Gustavo Cerati entre 2002 y 2003. La vivienda pertenece desde la década del ‘70 a la familia de Graf, apodado “El Jirafa”, quien tenía 18 años cuando Diego desapareció.

Los trabajadores alertaron a los dueños y fue la esposa de Graf quien llamó primero a la policía. En un principio, el sospechoso dio versiones contradictorias, sugiriendo que podían ser huesos de caballo o tierra proveniente de otro sitio. Sin embargo, los estudios forenses determinaron que se trataba de restos humanos.

La víctima y su desaparición

Diego Fernández Lima tenía 16 años y cursaba en la ENET Nº 36, donde era compañero de Cristian Graf. El 24 de julio de 1984 almorzó con su madre, le dijo que iría a visitar a un amigo y no volvió. Un vecino lo vio por última vez en la esquina de Rómulo Naón y Monroe, en Villa Urquiza. Su desaparición fue registrada como “fuga de hogar” y la investigación no avanzó.

En mayo, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó que los restos hallados eran de Diego. Presentaba una puñalada en el tórax, compatible con la causa de muerte, y signos de un intento de desmembramiento posterior. Fue enterrado en una fosa a 60 centímetros de profundidad junto a objetos de la época: un reloj calculadora Casio, una corbata escolar, un llavero flotante, una ficha de casino y una moneda japonesa.

Graf, bajo la lupa

El fiscal López Perrando solicitó que Graf declare en calidad de imputado. Si bien el homicidio prescribió por el tiempo transcurrido, podría investigarse su posible participación en encubrimiento u ocultamiento de pruebas. La citación se basa en declaraciones de albañiles, quienes aseguraron que el acusado les pidió no cavar cerca de un árbol donde luego aparecieron los restos y comentó que había rellenado el jardín al construir una pileta.

También surgieron testimonios de excompañeros que confirman el vínculo entre la víctima y el sospechoso. Algunos lo señalan como la última persona con la que Diego habría tenido contacto.

El impacto en la familia y el barrio

La noticia causó conmoción en Coghlan, un barrio caracterizado por su tranquilidad. La madre de Diego, de 87 años, se sometió a pruebas de ADN que permitieron la identificación. Su hermano Javier pidió justicia: “Necesito que se sepa la verdad, por mi papá que murió buscándolo, por mi mamá y por todos nosotros”.

El caso volvió a estar en el centro de la escena gracias a la repercusión mediática, que alentó a nuevos testigos a declarar. La Justicia busca ahora reconstruir qué ocurrió aquella tarde de julio de 1984 y quiénes participaron en un crimen que permaneció oculto durante 41 años.

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