Cultura

Ariel del Mastro creó una fiesta con identidad santafesina en los juegos suramericanos

Los secretos detrás de la apertura de los Juegos Suramericanos

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El director artístico de la ceremonia inaugural, Ariel del Mastro, reveló en medios cómo se construyó el espectáculo que combinó historia, cultura, deporte y tecnología ante una multitud.

Durante meses, cientos de personas trabajaron detrás de escena para que una noche quedara grabada en la memoria. Bailarines, artistas, técnicos, diseñadores y especialistas pusieron en marcha una puesta que buscó algo más que sorprender: contar quiénes somos. Ese fue el desafío que asumió Ariel del Mastro al frente de la apertura de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.

El reconocido director teatral y diseñador de iluminación contó algunos de los secretos de una ceremonia que demandó más de un año de desarrollo conceptual y reunió a cerca de 250 personas entre artistas, bailarines y personal técnico.

La idea central fue construir un relato que atravesara la historia de Santa Fe y de la Argentina, pero utilizando el deporte como hilo conductor.

“Decidimos contar una historia sobre nuestra identidad”, explicó Ariel del Mastro.

La premisa implicó transformar a los artistas invitados en protagonistas de una narración colectiva y no simplemente en figuras de un recital.

Todo lo que dejó la fantástica fiesta de apertura de los Juegos Suramericanos

Una ceremonia pensada para emocionar y también para contar

Del Mastro explicó que una de las decisiones más importantes fue convocar a los artistas para que participaran de la historia de cada disciplina deportiva.

La intención era que las actuaciones musicales no interrumpieran el relato, sino que formaran parte de él. Para conseguirlo, el equipo tuvo que coordinar diferentes lenguajes escénicos y lograr que cada intervención tuviera un sentido dentro de la narración.

El director destacó especialmente la predisposición de las figuras convocadas para dejar en segundo plano el protagonismo individual y ponerse al servicio del espectáculo.

El resultado fue una ceremonia que combinó música, danza, iluminación, tecnología y referencias a la identidad regional.

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Cada símbolo tuvo un significado

Uno de los aspectos más cuidados de la apertura fue la utilización de elementos vinculados con la historia y la cultura santafesina.

El equipo contó con el asesoramiento de una curadora especializada en patrimonio de los pueblos originarios para garantizar que los objetos y representaciones utilizados tuvieran referencias históricas precisas.

“Está todo realmente estudiado y es producto del trabajo”, explicó Del Mastro al referirse a los elementos incorporados a la puesta.

Las referencias al Monumento Nacional a la Bandera, la geografía regional y diferentes imágenes vinculadas con Santa Fe también fueron incorporadas a la transmisión.

El desafío de hacer un espectáculo para miles de personas y millones de pantallas

La ceremonia tenía un doble desafío: debía funcionar para quienes estaban presentes y, al mismo tiempo, verse impactante en televisión y en las transmisiones digitales.

Por eso, la puesta fue diseñada teniendo en cuenta los encuadres de las cámaras y el trabajo de los drones. Sin embargo, Del Mastro remarcó que nunca se perdió de vista la experiencia de quienes estaban allí.

La iluminación y los movimientos escénicos fueron pensados para generar diferentes niveles de lectura: uno para el espectador que observaba el espectáculo desde el lugar y otro para quien lo seguía a través de una pantalla.

El tratamiento del Himno Nacional también representó un desafío. El equipo buscó combinar el protocolo con una mirada artística contemporánea, sin perder el respeto por uno de los símbolos centrales del país.

“Queríamos mezclar visiones diferentes de lo que significa la Argentina hoy, poniéndolo en un lugar de celebración sin faltar el respeto”.

La emoción como medida del éxito

Para Del Mastro, había una prueba que resultaba más importante que cualquier recurso técnico: conseguir que el público se emocionara.

El director recordó que durante el primer ensayo la consigna fue clara: si la ceremonia no lograba conmover, el trabajo no estaría terminado.

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La respuesta posterior del público y de la crítica confirmó, según su evaluación, que la apuesta había funcionado.

La apertura de los Juegos Suramericanos terminó convirtiéndose así en una vidriera para la cultura santafesina, pero también en una demostración de que un evento deportivo puede transformarse en una narración sobre la identidad de un territorio.

Ahora, con la competencia en marcha, comienza otra etapa. El desafío será que ese despliegue no quede solamente como una noche espectacular, sino que los Juegos permitan proyectar a Santa Fe hacia el resto de Latinoamérica y dejar un legado cultural, deportivo y turístico.

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