Música
Un prócer de la música: Jamiroquai, a los 56, la rompió en el Hipódromo de San Isidro
Jay Kay volvió a la Argentina y demostró que el groove, el carisma y la energía siguen intactos.
MUSICA- ¡Jamiroquai lo hizo de nuevo!. Hay artistas que vuelven para tocar sus viejos éxitos. Y hay otros que vuelven para demostrar que el tiempo puede pasar, pero la esencia permanece intacta. Jamiroquai pertenece claramente al segundo grupo.
A los 56 años, Jay Kay volvió a la Argentina y convirtió el Hipódromo de San Isidro en una gigantesca pista de baile. Cantó, bailó, se tiró sus pasos prohibidos, cambió de sombreros, cambió de zapatillas, estrenó looks, se acercó al público, mostró una energía física impresionante y, como si todo eso fuera poco, hasta se hizo unas flexiones de brazos sobre el escenario.
La banda sonó ajustadísima. La voz de Jay Kay estuvo a la altura de los clásicos. Y el público respondió durante una noche en la que Jamiroquai volvió a demostrar por qué ocupa un lugar propio en la historia de la música británica.
El show de anoche, jueves 17 de septiembre, marcó el regreso de la banda al país después de nueve años. El repertorio recorrió canciones como “Space Cowboy”, “Alright”, “Canned Heat”, “Cosmic Girl”, “Love Foolosophy” y “Virtual Insanity”, además de presentar “Disco Stays the Same”, una de las canciones nuevas que anticipan el próximo álbum. El concierto comenzó alrededor de las 21:20 y se extendió durante más de dos horas.
Jay Kay, vocalista de Jamiroquai, usó anoche un sombrero celeste y blanco durante la presentación de la banda en el Hipódromo de San Isidro. pic.twitter.com/um7URUq5xw
— Corta (@somoscorta) September 18, 2026
Jamiroquai: 56 años y la onda intacta
Si alguien esperaba encontrar a un Jay Kay aferrado exclusivamente a la nostalgia, se llevó una sorpresa.
El cantante apareció al frente de una formación de diez músicos y rápidamente dejó claro que Jamiroquai no es una banda que necesite vivir del recuerdo.
El funk, el soul, el acid jazz, la música disco y el groove volvieron a ocupar el centro de la escena. Las canciones conocidas aparecieron renovadas gracias a extensas introducciones, cambios de ritmo, momentos de improvisación y pasajes instrumentales que llevaron los clásicos hacia el terreno de la jam session.
Y mientras la banda hacía lo suyo, Jay Kay hacía de Jay Kay.
Se movió de un extremo al otro del escenario, bailó con esa particular combinación de pasos, giros y desplazamientos que se convirtió en una de sus marcas registradas y apareció con diferentes sombreros y cambios de vestuario.
A los 56 años, el hombre que hizo bailar a varias generaciones todavía tiene nafta de sobra.
El sombrero argentino que llegó hasta Jay Kay
Pero hubo un detalle especialmente argentino que se llevó todas las miradas.
Un grupo de fans decidió hacerle un regalo muy especial a Jay Kay: un sombrero confeccionado especialmente para él por la marca argentina Robles Sombreros.
Y no era cualquier sombrero.
Los fanáticos llegaron al nivel de conocer el diámetro de la cabeza de Jay Kay para que la pieza fuera hecha prácticamente a medida.
El gesto tiene todavía más sentido si se tiene en cuenta que los sombreros forman parte de la identidad visual de Jamiroquai desde sus comienzos.
Jay Kay convirtió esos accesorios en una verdadera firma personal. Desde aquellos primeros modelos con plumas hasta los diseños futuristas y tecnológicos utilizados durante la etapa de Automaton, el sombrero siempre fue mucho más que un accesorio.
Así que el regalo argentino no podía tener mejor destinatario.
Jay Kay y su banda Jamiroquai tocan hoy en el Hipódromo de San Isidro y un grupo de fans le regaló un sombrero a medida (¡conocían su diámetro de cabeza!) de la marca argentina Robles Sombreros. pic.twitter.com/z845jSRZmR
— lacurvadelamoda (@lacurvadelamod) September 17, 2026
De Manchester al mundo: cómo nació Jamiroquai
La historia de Jamiroquai empezó mucho antes de los sombreros imposibles, los Ferrari y los estadios llenos.
Jay Kay nació en 1969 y creció vinculado a la música a través de su madre, la cantante de cabaret Karen Kay. Durante su adolescencia comenzó a desarrollar sus inquietudes musicales y, después de distintas experiencias, encontró en el funk, el soul y el jazz una identidad que no coincidía con la corriente dominante del rock británico de los años noventa.
El nombre Jamiroquai surgió de una combinación entre la palabra “jam” y una referencia a los iroqueses, una confederación de pueblos originarios de Norteamérica. La idea terminó acompañando una propuesta musical que desde el comienzo buscó mezclar estilos y escapar de las etiquetas.
Su primer gran paso llegó con “When You Gonna Learn?”, grabada originalmente en 1989 y lanzada posteriormente como uno de los temas que abrieron el camino para la banda.
En 1993 llegó Emergency on Planet Earth, el primer álbum de Jamiroquai, que alcanzó el número uno en el Reino Unido y presentó una identidad donde el funk, el acid jazz, el soul y el mensaje ambiental convivían naturalmente.
Y después llegó el estallido mundial.
“Virtual Insanity” y la consagración mundial
En 1996 Jamiroquai publicó Travelling Without Moving, un disco fundamental para entender la explosión internacional de la banda.
Allí estaba “Virtual Insanity”, uno de los grandes himnos de los años noventa y una canción cuyo videoclip terminó convirtiéndose en parte de la cultura pop.
Treinta años después, aquella canción volvió a sonar en San Isidro y encontró a varias generaciones cantando juntas.
Pero la historia de Jamiroquai no se explica solamente por sus canciones.
También se explica por su estética.
Por sus sombreros.
Por los movimientos de Jay Kay.
Por los autos.
Por ese personaje que logró construir sin dejar de ser músico.
Y, sobre todo, por un sonido que nunca encajó completamente en una sola categoría.
jamiroquai fechando o show com virtual insanity também conhecida como a música com o clipe mais legal do mundo #JamiroquaiNoGloboplay #RockInRioNoGloboplay pic.twitter.com/kTb0OeJjtZ
— globoplay 🩸 (@globoplay) September 12, 2026
Del acid jazz al funk: una fórmula que todavía funciona
Cuando el britpop conquistaba el mundo durante los años noventa, Jay Kay eligió otro camino.
Mientras Oasis, Blur y otras bandas británicas dominaban buena parte de la escena, Jamiroquai se movió por otro andarivel, más cercano al funk, el soul, el jazz y la música disco.
Esa mezcla terminó convirtiéndose en una de las grandes particularidades de la banda.
El bajo, la batería, los teclados, la guitarra, las percusiones y la voz se combinan para generar ese groove que permite reconocer una canción de Jamiroquai prácticamente desde los primeros segundos.
Y eso volvió a quedar demostrado en San Isidro.
La base rítmica fue protagonista y permitió que canciones compuestas hace tres décadas sonaran lejos de cualquier pieza de museo.
Jay Kay, entre el baile, las flexiones y los clásicos
La imagen de la noche fue, sin dudas, Jay Kay.
El cantante apareció con sus característicos movimientos, cambió de sombrero varias veces y mantuvo una energía escénica que sorprendió incluso teniendo en cuenta su extensa trayectoria.
Pero hubo algo que terminó de cerrar la postal.
Las flexiones.
Sí, Jay Kay se tiró al piso y mostró que además del groove todavía conserva energía física para rato.
Todo mientras su banda sostenía una maquinaria musical perfectamente aceitada.
El repertorio incluyó “(Don’t) Give Hate a Chance”, “Little L”, “Seven Days in Sunny June”, “Space Cowboy”, “Light Years”, “Alright”, “Disco Stays the Same”, “Travelling Without Moving”, “Canned Heat”, “Cosmic Girl”, “Love Foolosophy”, “Virtual Insanity” y, para el cierre, “Deeper Underground”.
Un regreso que tuvo gusto a presente
El regreso de Jamiroquai a la Argentina no fue solamente una celebración de los años noventa.
También fue una presentación del futuro.
La banda mostró material nuevo mientras prepara un próximo álbum de estudio, casi una década después de Automaton. La propia productora del show confirmó que 2026 marca el regreso de Jamiroquai al estudio y que la gira combina clásicos con canciones nuevas.
Por eso la noche tuvo algo más que nostalgia.
Tuvo presente.
Y tuvo futuro.
Jay Kay, mientras tanto, volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: ponerse un sombrero imposible, agarrar el micrófono y hacer bailar a miles de personas.
A los 56 años, el prócer del groove sigue completamente vigente.
Y después de nueve años de espera, Argentina volvió a comprobarlo.
Porque podrán pasar los años.
Podrán cambiar los looks.
Podrán cambiar los sombreros.
Podrán cambiar las zapatillas.
Pero cuando empieza a sonar Jamiroquai, el cuerpo entiende perfectamente qué tiene que hacer: bailar.