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Madre e hija interpretan a Moria: Sofía Gala y Helena Tuñón deslumbran en la serie de Netflix
Sofía Gala y Helena Tuñón protagonizan uno de los momentos más impactantes de la serie de Netflix sobre la vida de Moria Casán.
CINE Y SERIES- Hay algo magnético en ver a una familia contarse a sí misma. Y en Moria, la serie biográfica de Netflix sobre la vida de Moria Casán, ese juego de espejos alcanza un momento especialmente poderoso: Sofía Gala y su hija Helena Tuñón aparecen dentro de la historia de la diva y terminan convirtiéndose, también, en parte de su legado.
En Moria, la serie biográfica de Netflix sobre la vida de «La One», ocurre algo tan curioso como potente desde lo cinematográfico: una madre y su hija interpretan al mismo personaje.
Sofía Gala interpreta a Moria en una etapa de su vida.
Y su hija, Helena Tuñón, interpreta a su abuela durante la adolescencia.
Tres generaciones quedan así atravesadas por una misma historia. Y el resultado tiene un componente imposible de fabricar solamente con maquillaje, vestuario o caracterización: el vínculo real entre ellas.
Helena tiene apenas 17 años y enfrentó un debut actoral absolutamente singular. No interpretó a cualquier personaje: se puso en la piel de su propia abuela durante la adolescencia, en una de las etapas más difíciles de la vida de Moria.
Sofía Gala y Helena: madre e hija para interpretar a Moria
La idea es tan simple como poderosa.
Sofía Gala, hija de Moria, se pone en la piel de su madre.
Helena Tuñón, hija de Sofía y nieta de Moria, interpreta a la diva cuando todavía era una adolescente.
Es decir: madre e hija interpretan a la misma mujer.
La serie construye así una especie de árbol genealógico frente a las cámaras. Helena representa el pasado de Moria. Sofía continúa ese recorrido. Y en el centro de todo está la propia historia de una mujer que terminó convirtiéndose en uno de los personajes más reconocibles del espectáculo argentino.
No es solamente un recurso narrativo.
Es también una apuesta de enorme valor emocional.
Sofía Gala, frente al desafío de interpretar a su propia madre
Para Sofía Gala, el desafío tiene una dificultad evidente.
Interpretar a Moria no significa solamente reproducir una personalidad reconocible. La diva tiene una manera de hablar, de moverse y de ocupar el espacio que forma parte de su identidad pública desde hace décadas.
La salida fácil habría sido hacer una imitación.
Pero una biopic necesita algo más.
Necesita construir un personaje.
Y allí Sofía Gala encuentra uno de los puntos más interesantes de su trabajo. En lugar de limitarse al gesto conocido o a la frase que el público espera, la actriz puede explorar diferentes momentos de la vida de su madre y mostrar una Moria mucho menos asociada al personaje televisivo que todos conocen.
La pantalla permite entonces mirar hacia atrás.
Antes de la diva.
Antes de “la One”.
Antes de la mujer que convirtió su nombre en una marca.
La serie busca mostrar a la persona que existía antes de que ese personaje terminara de construirse, y Sofía deslumbra.
Helena: debutar interpretando a la mujer que cambió su apellido en una marca
Para cualquier actriz, debutar frente a una cámara puede ser un desafío. Para Helena, el desafío tuvo una dimensión completamente diferente.
Tenía que interpretar a Moria.
Pero no a la Moria que conocemos hoy, la mujer de las frases explosivas, la personalidad arrolladora y la capacidad de convertir cualquier escenario en territorio propio.
Tenía que interpretar a Moria adolescente, vulnerable y atravesando una experiencia traumática.
La secuencia muestra a la joven recorriendo los pasillos de la clínica, resistiéndose a las enfermeras y buscando desesperadamente a sus padres. Luego llega el momento del tratamiento, una escena de enorme tensión que marca uno de los pasajes más delicados de la producción.
Y allí está Helena, enfrentando su primer trabajo actoral con una responsabilidad que excede cualquier debut convencional.
El electroshock: una escena que exige algo más que impacto
La secuencia del tratamiento de electroshock es, probablemente, uno de los momentos más incómodos de la producción.
Y está bien que lo sea.
La escena no funciona solamente por lo que muestra, sino por lo que significa dentro del relato: la construcción de una mujer que desde muy joven tuvo que enfrentarse a una mirada externa que intentaba definir qué era “normal” y qué no.
El riesgo estaba en convertir ese episodio en una escena efectista.
Pero el contexto familiar cambia la percepción.
No estamos viendo solamente a una actriz representando a una joven internada. Estamos viendo a la nieta de esa mujer interpretando uno de los momentos o no, más traumáticos de su historia.
Eso produce una incomodidad particular.
Y el cine, cuando funciona, también tiene que incomodar.
Imaginate ser la nieta de la One e interpretar a tu abuela en la escena más dramática de su serie. Helena Tuñon, la otra Moria Casán. pic.twitter.com/QDgX0vNvGF
— CheNetflix (@CheNetflix) August 18, 2026
Una biopic que se vuelve más interesante cuando abandona el brillo
La tentación de una producción sobre Moria es obvia: lentejuelas, frases explosivas, glamour, escándalos y una sucesión de momentos destinados al aplauso.
Pero la serie resulta mucho más interesante cuando se aleja de ese camino.
El personaje público de Moria ya lo conocemos.
Lo novedoso está en descubrir qué había antes de que apareciera “la One”.
Y ahí la participación de Helena resulta clave.
Porque la joven interpreta a una Moria que todavía no sabe que terminará convirtiéndose en Moria Casán.
Ese es, quizás, el mayor atractivo dramático de la escena.
El apellido abre la puerta, pero la cámara decide
Ser nieta de Moria y hija de Sofía Gala convierte a Helena en una figura inevitablemente observada.
El apellido genera expectativa.
Pero frente a una cámara, el parentesco no alcanza.
Helena tiene una escena difícil y consigue sostenerla sin convertirla en una exhibición de “la nieta de”. Su presencia funciona mejor cuando se olvida el árbol genealógico y se mira a la actriz.
Y eso, para un debut, no es poco.
La serie también deja en claro que el verdadero fenómeno no está solamente en reconstruir a Moria.
Está en mostrar cómo una mujer extraordinaria se transforma en memoria para las generaciones que vienen detrás.
Sofía Gala y Helena Tuñón aportan justamente eso.
Una interpreta a su madre.
La otra interpreta a su abuela.
Y las dos terminan haciendo algo mucho más interesante que repetir el mito: lo vuelven a mirar.
Porque quizá el verdadero lujo de esta biopic no sea mostrar a Moria Casán en todo su esplendor.
Sea descubrir qué había detrás de ella antes de que existiera el personaje.
Tres generaciones y una historia que vuelve al presente
El verdadero impacto aparece cuando se observa la escena desde una perspectiva familiar.
Moria Casán. Sofía Gala. Helena Tuñón.
Tres generaciones conectadas por una misma historia.
Helena representa a Moria adolescente. Sofía toma el personaje en una etapa posterior. Y la propia Moria es el centro de todo el relato.
Es, literalmente, el linaje entrando en escena.
La elección de Helena tampoco fue casual. Moria explicó que quiso mantener un vínculo auténtico con su propia historia y que su nieta formara parte de esa reconstrucción.
“Como yo no quise caretearle, quise jugar con la verdad”, contó la diva al referirse a la participación de Helena.
Y pocas frases podrían resumir mejor el espíritu de esta apuesta.
Helena no buscaba ser actriz
El debut resulta todavía más llamativo porque Helena había mantenido un perfil muy alejado de la exposición.
La joven nació en 2008 y es hija de Sofía Gala y del músico Diego Tuñón, tecladista de Babasónicos.
Según contó Moria, su nieta tiene interés por el mundo audiovisual, aunque hasta ahora su inclinación estaba más relacionada con el trabajo detrás de cámara que con convertirse en actriz.
Por eso su aparición en Moria tiene un significado especial.
No fue el resultado de una carrera construida durante años.
Fue una oportunidad excepcional para contar una historia excepcional.
Sofía Gala vuelve a demostrar por qué tiene peso propio
Más allá de la curiosidad familiar, hay que detenerse en Sofía Gala.
La actriz tiene una presencia que no necesita depender permanentemente del apellido.
Su interpretación adquiere interés justamente cuando consigue despegarse de la obligación de “ser Moria” y comienza a construir una mujer con contradicciones, heridas, ambiciones y personalidad propia.
Ese es uno de los grandes desafíos de cualquier biopic.
No convertir a una persona real en una colección de gestos conocidos.
Una buena interpretación necesita encontrar aquello que no aparece en las fotografías.
Y Sofía Gala tiene allí un terreno especialmente fértil.
Su actuación permite pensar a Moria desde otro lugar: no solamente como una estrella, sino como una mujer que tuvo que atravesar diferentes etapas antes de convertirse en el fenómeno mediático que conocemos.
Una escena que habla del pasado y del futuro
La serie también suma a Griselda Siciliani y Cecilia Roth para representar distintas etapas de la vida de Moria. Pero la presencia de Sofía y Helena introduce un elemento que ninguna otra actriz podía aportar: el vínculo familiar real.
Y allí está una de las grandes particularidades de la producción.
La historia de Moria no solamente se representa.
También se transmite de generación en generación.
Helena, con 17 años, mira hacia el pasado y representa a su abuela. Sofía mira hacia su madre y construye otra versión de ella. Y Moria observa cómo su propia vida se transforma en ficción.
Una especie de círculo perfecto.
Porque al final, más allá de la fama, las cámaras y Netflix, queda algo mucho más potente: una madre, una hija y una nieta compartiendo la misma historia desde lugares completamente diferentes.
Y mientras Helena sorprende con su debut, Sofía Gala vuelve a demostrar que el apellido puede abrir una puerta, pero es el talento el que consigue quedarse con la pantalla.