Sociedad
La apostó toda y perdió: una madre se gastó $17 millones de la fiesta de egresados en el casino
El camino del dinero: de la rifa al casino
Sociedad- El salón estaba reservado, el catering pago y la fecha marcada en rojo en todos los calendarios. Ocho meses de rifas, cuotas y esfuerzos familiares iban a cristalizarse en una noche inolvidable. Pero, a horas del evento, un mensaje de WhatsApp derrumbó todo: el dinero de la fiesta de egresados había desaparecido.
La responsable de administrar los fondos, Romina Enríquez (42), madre de un alumno de una escuela de Misiones, admitió que los $17 millones recaudados se perdieron en el casino. No hubo robo externo, ni estafa digital, ni error bancario. Hubo apuestas. Muchas. Demasiadas.
Pull quote: “Pensando que lo iba a recuperar, me fui enterrando cada vez más”.
Ese texto, enviado al grupo de padres, fue el último contacto. Luego, silencio. Abandonó los chats y dejó a 35 estudiantes sin salón, sin comida y sin fiesta.
El camino del dinero: de la rifa al casino
Durante ocho meses, las familias aportaron cerca de $60.000 mensuales por alumno para garantizar una fiesta digna. El esquema era simple y, hasta ese momento, habitual: una madre voluntaria centralizaba los pagos y gestionaba los contratos.
Nada hacía prever el desenlace. No hubo alertas tempranas ni discusiones previas. Según relataron los padres, los comprobantes estaban “en orden” y los proveedores, supuestamente, confirmados.
Dato clave destacado:
Monto perdido: $17.000.000
Estudiantes afectados: 35
Tiempo de recaudación: 8 meses
La caída fue abrupta. El mismo día de la fiesta, los servicios comenzaron a cancelarse por falta de pago. Ahí llegó la confesión.
La improvisación forzada y el rol del Estado local
Ante el golpe emocional, las familias no se quedaron inmóviles. Entre todos llevaron comida, improvisaron un espacio y lograron que los chicos tuvieran, al menos, un festejo simbólico.
El intendente local se presentó como garante para destrabar la situación y permitir que el evento se realizara de alguna manera. Un gesto político, pero también humano, que evitó que el cierre del ciclo escolar quedara marcado solo por la frustración.
Este episodio reabre un debate incómodo: ¿cómo se administran los fondos colectivos en contextos escolares? ¿Qué controles existen cuando todo descansa en la “confianza”?
[PLACEHOLDER – enlace interno a nota sobre controles en cooperadoras escolares]
El costado judicial: estafa y desaparición
La historia no terminó en la fiesta improvisada. Las familias radicaron una denuncia penal por estafa y la Policía confirmó que Romina Enríquez aún no fue localizada.
El caso podría escalar, no solo por el monto, sino por el reconocimiento explícito del hecho. Los mensajes de WhatsApp ya forman parte del expediente y podrían ser prueba clave.
Pull quote: “No hay justificación para lo que hice”.
Más allá del escándalo: una alerta colectiva
Este no es solo un caso policial. Es un espejo incómodo para cientos de comunidades educativas que manejan sumas millonarias de manera informal.
Conclusiones accionables:
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Los fondos de la fiesta de egresados deberían manejarse en cuentas bancarias conjuntas, no personales.
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La rotación de responsables y la auditoría mensual no son desconfianza: son prevención.
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Las escuelas pueden (y deben) ofrecer marcos administrativos mínimos para evitar estos colapsos.
[PLACEHOLDER – enlace interno a guía sobre organización de eventos escolares]
Lo que sigue
La Justicia deberá determinar responsabilidades penales. Las familias, si recuperan algo del dinero. Y los estudiantes, resignificar una noche que no fue como soñaron.
El siguiente paso es claro: formalizar lo informal. Porque cuando la confianza se rompe, no solo se pierde plata. Se pierde algo mucho más difícil de recuperar: la tranquilidad colectiva.