Sociedad

La masacre de Villa Crespo: ¿Qué lleva una madre a matar a sus hijos?, los datos de la autopsia

La escena en Villa Crespo sacudió al país. Laura Leguizamón mató a su esposo y a sus dos hijos antes de quitarse la vida. La carta hallada en la cocina fue escrita por alguien fuera de sí.

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El espanto llegó con el mediodía del miércoles 21 de mayo, cuando una empleada doméstica ingresó como cada jornada al sexto piso de un edificio en la calle Aguirre al 200, en pleno barrio de Villa Crespo. Al abrir la puerta con su llave, se encontró con una de las escenas más horrendas de los últimos años: cuatro cuerpos sin vida, múltiples puñaladas y una carta confusa sobre la mesa de la cocina. La confirmación de los peritos no dejó lugar a dudas: se trató de un triple homicidio seguido de suicidio.

Las víctimas fueron identificadas como Bernardo Adrián Seltzer (53), Ian (15) e Ivo (13), todos asesinados por Laura Fernanda Leguizamón (51), esposa y madre de las víctimas, quien luego se quitó la vida. El ataque habría ocurrido cerca de las seis de la mañana, según el informe forense.

Masacre en Villa Crespo: Los datos de la autopsia

El padre fue hallado en su cama, presuntamente sorprendido mientras dormía. Uno de los hijos murió en su habitación y el otro en un pasillo, intentando escapar del brutal ataque. Ambos adolescentes presentaban heridas defensivas y múltiples cortes en la espalda, un dato clave que reveló que fueron conscientes de lo que sucedía.

Laura Leguizamón fue encontrada sin signos de defensa, con una puñalada directa al corazón. Su cuerpo presentaba la menor rigidez cadavérica de los cuatro, lo que confirmaría que fue la última en morir. Junto a ella, en la cocina, los investigadores encontraron una carta. Aunque escrita con grafía irregular y frases dispares, se alcanzaron a leer fragmentos como: “Todo mal. Muy perverso. Los amo”. La hipótesis más fuerte es que la mujer atravesaba una crisis psiquiátrica profunda. Su hermana confirmó que estaba bajo tratamiento y que habría abandonado la medicación recientemente.

“Lo más valioso que tengo es mi familia»

El caso estremece aún más al conocerse detalles de la vida familiar. Bernardo Seltzer era un conocido empresario del agro, con una trayectoria destacada en la comercialización de granos a través de la firma Granar SA. También compartía en redes sociales su pasión por el vino y la vida familiar. En una charla pública de 2017, al hablar de la administración de riesgos, dijo: “Lo más valioso que tengo es mi familia. Tengo una esposa fantástica y dos hijos hermosos”.

En sus perfiles, Laura solía compartir momentos cotidianos y familiares, como viajes y celebraciones. En diciembre pasado, publicó imágenes del cierre del ciclo escolar de Ivo. En enero, toda la familia viajó a Uruguay a festejar el cumpleaños de Bernardo, y meses antes, en octubre, habían viajado a República Dominicana para celebrar los 50 años de Laura.

Nada en sus redes ni en su entorno más inmediato parecía anticipar la tragedia. Sin embargo, la empleada que encontró los cuerpos comentó que en las últimas semanas había notado a Laura “extraña”, molesta por ruidos habituales y con actitudes inusuales. La investigación, a cargo del fiscal César Troncoso, ya descartó la intervención de terceros: no había signos de violencia en puertas o ventanas, ni faltantes de objetos personales.

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¿Qué lleva a una madre a matar a sus propios hijos?

Es una de las preguntas más dolorosas que surgen ante hechos de esta magnitud. La respuesta nunca es simple ni única. En muchos casos, como el de Laura Leguizamón, hay antecedentes de trastornos mentales graves, a menudo invisibles para el entorno cercano hasta que es demasiado tarde. La ruptura de la realidad, sumada al abandono del tratamiento psiquiátrico, puede desencadenar episodios psicóticos donde el juicio y la percepción se distorsionan completamente. La carta que dejó, escrita con frases erráticas, refleja un estado de confusión extrema. Este caso reabre un debate necesario sobre la salud mental, la detección temprana y los sistemas de contención familiar y social, que muchas veces no alcanzan o no están presentes cuando más se necesitan.

Villa Crespo, un barrio tranquilo y de clase media, amaneció con el peso de una historia incomprensible. Una familia destruida por dentro, sin alertas claras, y una sociedad que vuelve a preguntarse: ¿cómo detectar las señales antes de que sea demasiado tarde?

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