Sociedad
Fue su último salto: Fernando Cappi, el hombre que convirtió el viento en una forma de vivir
Tenía 32 años y era uno de los referentes del kitesurf en Santa Fe. Enseñaba, acompañaba a quienes comenzaban y llevaba el deporte como una pasión familiar. Su último salto en la laguna Setúbal quedó registrado en video.
Hay personas que encuentran una manera particular de sentirse libres. Para Fernando Cappi, esa libertad estaba en el agua, en el viento y en una vela que se elevaba sobre la laguna.
Tenía 32 años y quienes compartieron con él el mundo del kitesurf lo conocían como “el Chino”. No era solamente alguien que practicaba este deporte. Era un referente. Una de esas personas que disfrutan lo que hacen, pero también encuentran felicidad cuando pueden enseñárselo a otro.
El jueves pasado, Fernando volvió a la laguna Setúbal. Como tantas otras veces.
El viento acompañaba. El agua estaba allí. Y él hizo lo que había hecho durante tantos años: ponerse el equipo y entrar a navegar.
Pero ese día sería diferente.
Ese fue su último salto.
Fernando Cappi y una vida marcada por el viento
Fernando había construido una relación profunda con el kitesurf. La actividad formaba parte de su vida desde hacía años y también estaba ligada a su historia familiar.
Había seguido el camino de su padre y se había convertido en alguien dispuesto a transmitir sus conocimientos. Enseñaba a quienes se acercaban al deporte y acompañaba a los que daban sus primeros pasos.
Quienes lo conocieron destacan justamente eso: su capacidad para compartir lo que sabía.
También había estudiado para ser profesor de Educación Física, aunque no llegó a completar la carrera. Además, se desempeñaba como instructor de tiro.
Pero cuando se habla de Fernando, inevitablemente aparece el kite.
Porque allí estaba una parte de su identidad.
El agua, la vela, el viento y esa sensación de despegarse por unos segundos de la tierra.
El último salto de Fernando
La escena ocurrió en la zona de El Chaquito, en jurisdicción de Monte Vera.
Fernando estaba sobre la laguna Setúbal mientras su novia, la exatleta Karina Moya, lo filmaba desde la costa.
El celular capturó esos últimos segundos.
En las imágenes se observa a Fernando desplazándose sobre el agua. Después llega una maniobra. Un instante de inestabilidad. Y finalmente, desaparece de la vista.
“¿Dónde estás, gordito? No te veo”, se escucha decir a Karina en la grabación.
Después llega la desesperación.
El video, que comenzó como un registro cotidiano de una jornada de kite, terminó convertido en el último recuerdo audiovisual de Fernando con vida.
Una búsqueda que terminó con la peor noticia
Después de la desaparición comenzó un enorme operativo.
Prefectura Naval Argentina desplegó embarcaciones y recorrió distintos sectores de la laguna y sus canales. También participaron policías y deportistas que se sumaron con sus propias embarcaciones para colaborar con la búsqueda.
Pasaron horas.
La incertidumbre creció.
Finalmente, unas 20 horas después, los equipos encontraron el cuerpo de Fernando en el canal de derivación Sur de la laguna Setúbal, frente al Club Náutico El Quillá.
Estaba junto a un camalote y todavía llevaba parte de su equipamiento.
La autopsia determinó que murió por asfixia por ahogamiento.
La investigación busca establecer con precisión qué ocurrió durante los últimos instantes de la navegación.
Una vida que no termina en el último salto
La muerte de Fernando Cappi dejó una enorme tristeza entre quienes lo conocían.
Pero su historia también habla de otra cosa.
Habla de una persona que encontró una pasión y decidió compartirla.
De alguien que enseñó.
De alguien que acompañó.
De alguien que eligió el agua y el viento como parte de su vida.
Por eso, quizá la imagen más fuerte no sea solamente aquella en la que desaparece detrás de una ola.
También está la imagen de Fernando sobre la laguna.
La vela arriba.
El viento empujando.
El cuerpo suspendido entre el agua y el cielo.
Fernando Cappi vivió buscando ese instante de libertad que solamente quienes aman el kite pueden explicar.
Y aunque aquella tarde el viento terminó llevando su último salto hacia un lugar del que ya no pudo regresar, quedó algo que ninguna tragedia puede borrar: la huella que dejó en las personas a las que enseñó, acompañó y ayudó a descubrir esa misma pasión.
Fue su último salto
Hay despedidas que nadie sabe que está viviendo.
Una sonrisa.
Una mirada.
Un abrazo.
Un viaje.
Un salto.
Fernando no sabía que aquella maniobra sería la última.
Su novia tampoco sabía que el teléfono estaba registrando algo que, horas después, tendría otro significado.
Era simplemente una tarde más.
Una jornada de kite.
Un hombre haciendo aquello que amaba.
Hasta que el destino cambió todo.
Fue su último salto.
Y quizás por eso, entre la tristeza y el dolor, quede también una manera de recordarlo: Fernando Cappi no será solamente el hombre que murió en la laguna Setúbal. Será el hombre que hizo del viento una pasión, del agua un lugar de encuentro y de su conocimiento una forma de ayudar a otros.
A los 32 años, su vida terminó de manera inesperada.
Pero su historia, la que construyó junto a su familia, sus amigos y la comunidad del kitesurf, recién empieza a ser contada.
El Chino se fue con el viento. Pero dejó su huella en el agua.