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Alerta crítica por la bajante del Rio Paraná: la peor en 50 años
El río Paraná, uno de los más importantes de Sudamérica, enfrenta una crisis sin precedentes. Desde 2020, su caudal disminuyo drásticamente, alcanzando niveles alarmantes que afectaron a millones de personas en Argentina, Brasil y Paraguay. Esta bajante histórica, la peor en los últimos 50 años, resulta de una combinación de factores como la sequía, la deforestación y los cambios en el uso del suelo.
El Paraná es parte de la Cuenca del Plata, una de las más extensas del mundo, y su disminución ha generado un impacto profundo en la región. Las ciudades ribereñas enfrentan problemas de abastecimiento de agua potable, los pescadores luchan por encontrar sustento, y las rutas navegables están prácticamente secas. Esta situación también pone en riesgo la producción de energía en Brasil, donde el 60% depende de la hidroelectricidad.
El río Paraná, que atraviesa la provincia de Santa Fe, sigue disminuyendo su caudal y este martes registró una altura de apenas 88 centímetros en el Puerto de Santa Fe, muy por debajo de los niveles promedio para esta época del año. Según el Instituto Nacional del Agua (INA), esta tendencia continuará hasta septiembre, cuando se espera que el río baje aún más, alcanzando los 80 centímetros o menos.
Los «ríos voladores»
Juan Borús, subgerente del Instituto Nacional del Agua (INA), explica que la bajante es consecuencia de una sequía histórica que ha afectado a todo el continente sudamericano desde 2020. Sin embargo, señala que la deforestación en la Amazonia y el Pantanal ha jugado un papel crucial en esta crisis. Los «ríos voladores», corrientes de humedad atmosférica que alimentan los ríos, han sido interrumpidos por la tala de árboles, lo que ha alterado el ciclo hidrológico.
En la Cuenca del Plata, detalla, el río Paraná, el Uruguay y los que contribuyen a sus aguas se forman, en parte, con precipitaciones que son consecuencia de la humedad proveniente del océano Atlántico que es empujada, en forma de vapor, por vientos que pasan sobre la selva amazónica donde una parte cae en forma de lluvia al abrazar, en su elevación, una masa fría. Otra parte de esos ríos aéreos continúan su recorrido alimentados, a su vez, por la evapotranspiración -la pérdida de humedad por evaporación junto a la pérdida de agua por transpiración de la vegetación- de la selva.
El impacto de la deforestación en el Paraná
La deforestación en la Amazonia es masiva en los últimos años, con la pérdida de miles de kilómetros cuadrados de selva, y este proceso sigue en aumento. La disminución de la cobertura forestal no solo afecta a la región local, sino que tiene repercusiones globales, como la reducción de la humedad atmosférica que alimenta los ríos. Esta situación ha llevado a que el nivel del Paraná esté por debajo de la mitad de su promedio histórico.
A pesar de los esfuerzos de cooperación entre Argentina, Brasil y Paraguay para gestionar la crisis, la situación sigue siendo crítica. Se realizan reuniones bilaterales para coordinar la distribución del agua, pero los expertos advierten que las perspectivas no son alentadoras.
La bajante del Paraná es un recordatorio de la estrecha relación entre la naturaleza y nuestras vidas cotidianas. La deforestación, impulsada por intereses comerciales, está alterando de manera irreversible el equilibrio de los ecosistemas. Es urgente que se tome conciencia de la gravedad de esta situación y que se implementen políticas ambientales más estrictas para proteger los recursos naturales y garantizar la supervivencia de las comunidades que dependen de ellos.